Frémez: Experimentación y compromiso revolucionario

Pacto de sangre

Falleció en La Habana uno de los más lúcidos y convincentes artistas cubanos del último medio siglo

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Inconformista y radical, lúcido y transgresor. Quizás sean esos los adjetivos más precisos para calificar la personalidad intelectual y la obra artística de José Gómez Fresquet, Frémez (La Habana, 1939), uno de los más convincentes creadores de las artes visuales cubanas del último medio siglo.

En la noche del martes, a los 67 años de edad, falleció en esta ca-pital, a consecuencia de una tumoración maligna que en pocos meses afectó sus órganos vitales.

Deja su legado mayor en el campo del diseño, disciplina en la que rompió esquemas y revolucionó conceptos. El escritor Reynaldo González resumió la impronta de Frémez con las siguientes palabras: "Arte de la observación y de la síntesis, que esquiva meandros y circunloquios para buscar la suma significante. Del contenido, su símbolo". Enrique Román, quien compartió con el artista más de un proyecto, lo situó "formalmente lejos de los extremos del racionalismo a ultranza de algunos diseñadores y del barroco decorativista de otras tendencias, ambos lindantes con la incomunicación: en el diseño, Frémez fue eficaz, innovador y cubano". Para el escultor José Villa Soberón, autor de la célebre escultura de John Lennon en un parque de El Vedado, "Rostgaard y Frémez convirtieron el cartel en los sesenta en arte y medio de lucha".

Miss Liberty 2000, obra emblemática de la gráfica política, concebida por Frémez.

Se inició en el diseño gráfico en 1957, al trabajar en la filial ha-banera de la agencia publicitaria norteamericana Harry W. Graft. "En un primer momento —confesó alguna vez a este redactor—, me sentí seducido por el mundo de la publicidad. No por lo que vendían los anuncios, sino por los misterios de una propuesta artística que podía integrar a todas las artes visuales y, a la vez, marcar una diferencia".

A partir de 1959 laboró como diseñador y dibujante humorístico en los periódicos Revolución y La Calle. Colaboró, como lo había hecho antes con Bohemia, en el magazine Lunes de Revolución. Su obra humorística fue publicada en El Pitirre, primera publicación humorística de la Revolución, y estuvo entre los diseñadores de la revista Mella.

Larga fue su relación con las publicaciones culturales. Le dio un sello distintivo, en blanco y negro y jugando con la tipografía, a la revista Revolución y Cultura en su primera etapa. Dirigió artísticamente luego la revista Cuba (edición en ruso), La Gaceta de Cuba, de la UNEAC, Temas y Artecubano. Y cuando Granma entró en la era digital, Frémez se hizo visita cotidiana en nuestro colectivo en labores de asesoría.

La modelo y la vietnamita.

En 1967 envió a un evento de grabado en Casa de las Américas una serie de serigrafías, técnica asociada por entonces a la propaganda y no al arte. El jurado tuvo que reconsiderar las bases del certamen para reconocer una obra fuera de serie, en una línea a la que Frémez aportaría una imagen que hizo época y clasifica como uno de los íconos de la gráfica contemporánea: La modelo y la vietnamita. El violento contraste entre el glamour y el sufrimiento heroico estremeció conciencias.

Ese mismo año, siguiendo la pista a las nuevas posibilidades del collage, el artista realizó el emblemático cartel del Festival de la Canción de Varadero.

Otra obra suya emblemática, Miss Liberty 2000 acompañó la propuesta de la UNEAC —organización en la que ocupó la vicepresidencia de la Asociación de Artistas Plásticos en los últimos años—, para la creación de un frente intelectual antifascista, ante la espiral agresiva de la administración de George W. Bush.

En el tiempo, de la serigrafía saltó a otras técnicas. Fue un adelantado del arte digital. Pero cuando el periodo especial arreció, le echó mano a la heliografía, valiéndose de la luz solar.

El pintor y grabador Luis Miguel Valdés ha señalado con justeza cómo Frémez siempre se adelantó en la utilización de técnicas y soportes, pero sin olvidar que la razón de ser del artista en su medio.

La retrospectiva de su obra, realizada en 1999 en el Centro Wifredo Lam, resultó uno de los eventos artísticos más importantes de la capital en el final del siglo, al igual que la sorprendente muestra exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes en ocasión de concedérsele en el 2005 el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Nada humano le fue ajeno al artista: la moda y el modelaje, la organización de exposiciones, la promoción artística. A él se debe una de las imágenes que identifican a Cubadisco.

Pero solía definir un denominador común en su brújula vital y creativa: "Soy un hombre político. Tengo un doble pacto de sangre con la Revolución y con el arte. Ni a una ni al otro puedo traicionar".

 

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