Poniatowska, periodismo y literatura

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

"Yo soy una mujer periodista, una mujer insegura, llena de preguntas, que no tiene respuestas. Esto es como una respuesta, y me llena de felicidad", declaró la mexicana Elena Poniatowska al conocer que había ganado el premio Rómulo Gallegos, concedido por un jurado internacional radicado en Caracas.

La novela premiada por sobre otras 228 concursantes se titula El tren pasa primero y se basa en una huelga ferroviaria que paralizó a México y conmovió sus estructuras políticas en 1959, unos hechos que como periodista la Poniatowska siguió desde la primera línea informativa y que, con los años, convertiría en una epopeya colectiva, gracias a los recursos de la ficción.

Ojos de periodista volcados en la literatura, sin que falte en ese mundo la poesía que desde siempre acompañó a esta mujer comprometida con su entorno social y con los humildes, lo que subraya cuando alguien le hace referencia a su cuna aristocrática con un abuelo rey, en Polonia, hace ya siglos. (Recordar La noche de Tlatelolco, intensa crónica publicada en 1971, donde se narra la represión gubernamental contra un mitin estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en 1968, historia que sirviera de base a un filme de igual título).

Al comentar el triunfo literario de la primera mujer que recibiera en México el Premio Nacional de Periodismo, en 1978, el chileno Antonio Skármeta escribió que la obra de Elena Poniatowska nace "del periodismo de garra que escarba en las raíces de los problemas y que trata a los protagonistas ‘sin nombre’ como seres humanos".

"Obra que jamás se ha despegado de un fuerte y combativo afecto hacia los pobres —expresa Skármeta en su artículo—, hacia quienes piden más justicia y luchan por ella, hacia los artistas convulsionados por las represiones que transforman a campesinos o estudiantes en víctimas".

Periodismo y literatura fundidos en una nueva dimensión artística en la que no se evidencian fronteras entre uno y otro género. También eso es novela —ya lo demostraron Hemingway y va-rios más— y no solo lo que algunos conocedores (con facultad de decidir) dictaminan como tal a partir de gustos particulares tan válidos como respetables en su concepción de hermetismos poéticos y experimentaciones de todo tipo, pero que a la hora de abrir y cerrar puertas, de decidir que se entiende como "una buena novela", se atrincheran en sus postulados y por lo tanto resultan excluyentes.

No hablo de recetas —¿a quién se le ocurriría?—, porque no hay universo más rico, múltiple y contradictorio que la mente de un autor. Tampoco de temas. Que cada quien escriba de lo que quiera; enfrentamien-tos sociales, intríngulis de la existencia, sexo, muerte, vida, dragones, castillos y hasta princesas, pero que los que tengan que dar el visto bueno se desarropen de prejuicios culteranos y lo hagan con las puertas bien abiertas.

"No la ponen mucho en la vitrina —concluye Skármeta refiriéndose a la obra de la flamante ganadora del Rómulo Gallegos— porque hoy se estila en la farándula literaria un desencanto cínico y una pedantería sin talento ni clase".

Asocio en buena medida ese desencanto cínico del que habla el autor chileno con el mundo actual, sus contradicciones y retos en los más diversos frentes de la vida, y ante el cual no faltan los que prefieren dar la espalda, replegarse, y asumir solo "tradicionales temas universales" con una connotación menos problemática en lo personal. Y no solo el tema, sino también el comportamiento del creador ante la vida.

En una entrevista que le efectuaran en México a principio de este año, la Poniatowska dijo, al preguntársele acerca de su vitalidad a los 75 años de edad para participar en candentes temas de la actualidad social y política de su país: "... lo importante en este tren de la vida es saber subirse, no tenerle miedo, no bajarse de inmediato, hay que quedarse en el tren, tomar decisiones y ser valiente y vivir en función de los demás, porque es muy triste vivir para uno mismo".

En febrero de este año estuvo en La Habana, en la Feria Internacional del Libro, donde presentó su apasionante Tinísima, una biografía novelada sobre Tina Modotti. Y en noviembre debe regresar, también invitada por Casa de las Américas, para participar en un encuentro sobre el autor y su obra.

Buena oportunidad para que diga ella misma cómo se pueden escribir, desde el periodismo y para la literatura, excelentes novelas.

 

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