Cómo surgió la idea de formar un Gobierno
 Revolucionario? (2)

Luis M. Buch Rodríguez fue testigo excepcional de los primeros pasos de la formación del Gobierno Revolucionario. Destacado abogado y revolucionario, combatiente de la generación del 30 contra la dictadura de Gerardo Machado, Luis asumió el 3 de enero de 1959 el cargo de Ministro de la Presidencia y secretario del Consejo de Ministros. En esta oportunidad publicamos algunos fragmentos de su libro Gobierno Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos.

En Santiago de Cuba, Armando Hart convocó a una reunión en la cual se ratificó lo acordado en La Habana: desautorizar a los firmantes del Pacto de Miami y no reconocer a la Junta de Liberación.

En carta del 14 de diciembre de 1957, Fidel define que lo importante no es la unidad en sí, sino la base sobre la cual se sustenta esa unidad, la forma en que ella se viabilizara y las intenciones patrióticas que la animaran.

En la reunión también se trató el rechazo de Raúl de Velazco para ocupar la presidencia provisional de la República y la necesidad de cubrir el cargo. Se sugirieron nombres de distintas personas, pero todos coincidimos en el doctor Manuel Urrutia Lleó, presidente de la Sala Tercera de lo Penal de la Audiencia de Santiago de Cuba, que había emitido un voto particular absolutorio de los acusados en la Causa No. 67 de 1956, por haber participado en la expedición armada del Granma. Su voto se apoyaba, esencialmente, en el artículo 40 de la Constitución de la República de Cuba de 1940.

Urrutia planteó también que después de haber fracasado toda gestión pacífica encaminada a restablecer aquellos derechos, no podía negarse que era legítima y estaba amparada por lo establecido en el inciso 1 del artículo 36 del Código de Defensa Social y en el artículo 40 de la Constitución, la acción armada que habían llevado a cabo los acusados en la Causa No. 67 de 1956.

En fin, en ese juicio Urrutia legitimó la oposición armada al gobierno de Fulgencio Batista, un régimen inconstitucional, instaurado por un golpe militar, que pisoteaba los derechos humanos más elementales del pueblo cubano.

A Hart y a mí se nos encomendó que exploráramos la opinión del doctor Urrutia y después de ser localizado este en su residencia de Santiago de Cuba, fue citado para la casa del doctor Jesús Buch Portuondo, situada en la Avenida Manduley no. 109, en el reparto Vista Alegre, donde lo esperábamos. No lo conocíamos personalmente. Luego de la presentación de rigor, nos reunimos en el departamento de Rayos X de la consulta médica que había en la casa, de pie, pues en el local solo había una mesa para tirar placas radiográficas. Hart, apoyándose en ella, le comunicó al doctor Urrutia el motivo de la citación: proponerlo como candidato del M-26-7 a la presidencia provisional del Gobierno Revolucionario en Armas.

El doctor Urrutia se mantuvo sereno, sin dar muestras de asombro; nos dio la impresión de que esperaba ese momento. Al terminar Hart sus palabras, él dijo:

No tengo ningún inconveniente en aceptar con toda responsabilidad el cargo que me proponen. Díganme lo que tengo que hacer. Yo estoy a la entera disposición de la Revolución. Si tengo que partir de inmediato para la Sierra Maestra, estoy en disposición de hacerlo. Lo mismo digo si debo permanecer en la clandestinidad o partir hacia el extranjero. No importa el lugar.

Hart le planteó que analizara con más detenimiento la propuesta. En caso de considerarlo necesario debía consultar con su familia y amigos más allegados, a lo que contestó: "No tengo que consultar con nadie".

En la práctica, nada más que fui testigo de la reunión, pues Armando Hart mantuvo casi todo el tiempo la palabra. Se analizaron distintos pareceres y prevaleció el criterio de que el doctor Urrutia solicitara su jubilación, cuya documentación él ya tenía preparada y cuando le fuese concedida partiera con su familia hacia los Estados Unidos. Se le informó que Hart continuaría en contacto con él.

El Movimiento 26 de Julio denuncia el Pacto de Miami

Hart subió a la Sierra Maestra. Llevaba el documento de la Junta de Liberación y la propuesta de Manuel Urrutia para ocupar la presidencia provisional de la República, que fue aceptada.

El 1 de febrero de 1958 Urrutia convoca una conferencia de prensa en Nueva York, señala que está en un exilio voluntario y declara que es el presidente provisional.

En carta fechada el 15 de diciembre de 1957, desde la Sierra Maestra, le comunicó al doctor Urrutia lo siguiente, en nombre de los combatientes revolucionarios: "Desde hoy le tendremos por nuestro candidato a presidir la provisionalidad y, consiguientemente, le consideramos el candidato del pueblo".

Entretanto, yo me trasladé a Miami con cartas de Hart y Faustino dirigidas a Léster y a Pazos, en las que con serenidad se enjuiciaban las falsas atribuciones asumidas y se llamaba a los miembros del Movimiento al orden, la disciplina, el respeto y la obediencia que de-bían a la Organización.

Me reuní con otros miembros del Comité en el Exilio del M-26-7, que no habían sido consultados sobre el Pacto y entregué las cartas a sus destinatarios. Notifiqué oficialmente a la Junta de Liberación que los firmantes del Pacto en representación del M-26-7 no estaban autorizados para hacerlo. En lo adelante, Mario Llerena Rodríguez, presidente del Comité en el Exilio del M-26-7 y Raúl Chibás, tesorero, solo quedaban como observadores sin potestad para entrar en cualquier tipo de compromiso.

Armando Hart comunicó a Fidel todo lo relacionado con el Pacto y las gestiones que se habían realizado, y el Jefe de la Revolución citó con urgencia a los otros miembros de la Dirección Nacional que les fuera posible concurrir a una reunión en la Sierra. Era necesario enjuiciar la situación en la cual se quiso comprometer a la Organización.

Además, Fidel expresó su inconformidad por la forma en que entonces actuamos Hart y yo, pues opinaba que debimos haber denunciado el Pacto de inmediato, sin trámites mayores. En aquella reunión se tomó el acuerdo unánime de repudiar los planteamientos formulados por la Junta de Liberación, pues había puesto en juego no solo el prestigio del M-26-7, sino incluso, la razón histórica de la Organización.

Como máximo líder, a Fidel le correspondió dar cumplimiento a los acuerdos tomados. Por tal motivo, en carta fechada el 14 de diciembre de 1957, comunicó a los firmantes del Pacto la posición del Movimiento. En ella les expresaba que para la Revolución lo importante no era la unidad en sí, sino la base sobre la cual se sustentaba esa unidad, la forma en que ella se viabilizara y las intenciones patrióticas que la animaran.

Señaló que mientras los dirigentes de las demás organizaciones que suscribieron ese Pacto se encontraban en el extranjero haciendo una revolución imaginaria, a los dirigentes del M-26-7 les cabía el mérito de estar en Cuba, haciendo una revolución real.

Afirmó que el Movimiento jamás aceptaría el sacrificio de ciertos principios que eran cardinales en el modo de concebir la Revolución cubana. Esos principios estaban contenidos en el Manifiesto de la Sierra Maestra y declaraban el rechazo enérgico a cualquier tipo de intervención extranjera en los asuntos internos de Cuba. No incluir esa cuestión tan importante era muestra de una evidente tibieza patriótica y de una cobardía que se denunciaba por sí sola.

Fidel expresaba que el Movimiento era contrario a la intervención, porque ello iría en menoscabo de nuestra soberanía. En este documento pedía, incluso, que no se interviniera en favor de la dictadura enviándole aviones, bombas, tanques y armas modernas con las cuales Batista se sostenía en el poder.

Armando Hart desde la Sierra Maestra me envió la carta que copio a continuación:

19 de diciembre de 1957

Mi querido Mejías (Luis Buch):

Ahí va esa bomba de profundidad. Fidel coincidía plenamente con la tesis más radical. Estaba sin embargo de acuerdo en plantear lo de Urrutia y toda una serie de proposiciones tendientes a llevarnos al Gobierno equidistante.

Queremos hables con Urrutia y le expliques todo. Dile en nuestro nombre que Fidel y el Movimiento desean que él acepte aunque las demás organizaciones se opongan. Que en todo caso él siempre debe quedar como nuestro candidato a la Presidencia Provisional de la República. Este documento se hará público el día 26 de diciembre. Es por esto necesario que Urrutia salga antes de Cuba. Creo ya salió.

¿No?

Por aquí se está muy bien, hemos ganado grandes batallas y hay zonas completamente dirigidas en todo sentido por nuestras fuerzas. Esperando que pronto hablemos de nuevo...

Te aprecia,

Alfredo [Armando Hart]

El 25 de diciembre, parte de la Dirección Nacional del M-26-7 se reunió en La Habana —antes lo habían hecho los miembros que residían en Santiago de Cuba—, para conocer el documento denuncia que, a nombre de la Organización, tenía la firma de Fidel.

Viajé de nuevo a Miami acompañado por mi primo Antonio Buch, Tony, quien había traído el documento desde la Sierra Maestra, y por mi esposa, Concepción Acosta Hechavarría, Conchita, que para su traslado al exterior lo envolvió en papel carbón y lo ocultó en el peinado.

Debo señalar que el informe enviado por mí se lo ocuparon a Armando Hart cuando fue detenido al bajar de la Sierra Maestra. Batista aprovechó la oportunidad para difundirlo por la prensa y la radio, con el objetivo de demostrar las discrepancias que existían entre el M-26-7 y las demás organizaciones revolucionarias, así como para poner en entredicho al periodista Jules Dubois.

EI 31 de diciembre de 1957 se le entregó a cada una de las organizaciones firmantes una copia fotostática de la carta que produjo la disolución de la Junta de Liberación de Cuba.

Antes de Mompié

El 25 de abril de 1958, o sea, antes de la reunión de la Dirección del M-26-7 en Alto de Mompié, en carta a Mario Llerena y Raúl Chibás, presidente y tesorero, respectivamente, del Comité en el Exilio del M-26-7, Fidel les decía en relación con la constitución de un gobierno provisional revolucionario:

Consideramos que este es un momento adecuado para constituir un gobierno provisional revolucionario. Lo que en otro instante pudiera parecer ineficaz hoy es un magnífico golpe psicológico ante la opinión nacional e internacional, porque precisamente es una reafirmación de fe ante el revés que levantaría los ánimos de lucha. Cuando la dictadura dice que estamos vencidos nosotros responderemos anunciando al mundo la constitución del gobierno provisional en el territorio libre de Cuba. Hoy día ese gobierno tendría una gran tarea que realizar. Hoy hay territorios dominados que requieren organización administrativa e importantes disposiciones locales.

Después de constituir el gobierno habría que gestionar poco a poco el apoyo de otros sectores y entonces tendríamos la unidad en la forma ideal y combativa: a través del gobierno provisional revolucionario de la República de Cuba. Pero eso no se puede plantear previamente, porque quedaríamos a merced de las eternas discrepancias. Hay que lograrla sobre la marcha.

El doctor Urrutia podría arribar directamente a nuestro territorio; ser proclamado Presidente, constituir un Consejo de Ministros y proceder a designar representantes legales para el exterior...

Nosotros podemos garantizar una sede fija y segura al gobierno con facilidades, que tal vez no esperen en estas montañas para desempeñar su función. Este planteamiento cuenta con el respaldo de todos los compañeros de la Dirección y solo del doctor Urrutia depende el resto. Es algo que él debe meditar y resolver, con absoluta seguridad de que su decisión, si es contraria, no alteraría en nada nuestra consideración y nuestro respaldo. Es cuestión tan delicada que yo aconsejaría tantear su criterio antes de hacerle el planteamiento, y si no sustentara este punto de vista dejar en suspenso la cuestión.

También con fecha de 25 de abril, Fidel escribe a Faustino Pérez. En esa comunicación el jefe de la Revolución citaba con urgencia —en la Comandancia General—, a todos los que tuvimos responsabilidad directa en la huelga (del 9 de abril). Se haría un análisis crítico, para sacar experiencias y examinar casuísticamente las actuaciones individuales y colectivas. Arnol Rodríguez, responsable de Propaganda, fue el único que no concurrió, pues tuvo que quedarse en la capital al frente del M-26-7.

Reunión decisiva

En Alto de Mompié conocí personalmente a Fidel, al Che y a Celia. Me sentí feliz por encontrarme en el firme de la Sierra Maestra, conversar con ellos y, en particular, convivir, aunque por algunos días, con el líder de la Revolución.

En las dos etapas más importantes del proceso revolucionario cubano de este siglo —en las décadas de los años 30 y 50—, tuve el privilegio de estrechar las manos e intercambiar ideas con sus figuras representativas: Antonio Guiteras Holmes y Fidel Castro Ruz. Vivo orgulloso de esos recuerdos imperecederos.

La reunión de los dirigentes del M-26-7, a la cual Che denominó "reunión decisiva", comenzó a las 6:00 a.m. del 3 de mayo y terminó a las 2:00 a.m. del día siguiente. A pesar de ello, mientras todos buscábamos un lugar para descansar y guarecernos del frío, Fidel continuó despierto, no sé por cuánto tiempo más, leyendo. Lo vi colgar su hamaca, había un hueco en ella, en el que colocó un candil cuya base eran dos tirantes cruzados para evitar el derrame del keroseno.

Una decisión importante adoptada en Alto de Mompié se refirió a la futura organización del Movimiento. Allí se acordó aplicar una política de mando único, centralizado en la figura de Fidel, que fue nombrado Secretario General del Ejecutivo del M-26- 7 y Comandante en Jefe de todas las fuerzas revolucionarias, incluyendo a las milicias de las ciudades y comunidades urbanas que hasta entonces habían estado bajo la jefatura de René Ramos Latour, Daniel. Como resultado de esa centralización, se creó un secretariado con sede en la Sierra Maestra, integrado por Fidel Castro, René Ramos Latour, Faustino Pérez, David Salvador y Carlos Franqui. Además, se creó una delegación nacional que estaría integrada por Marcelo Fernández Font, como coordinador nacional; Delio Gómez Ochoa, delegado nacional de Acción; Antonio Ñico Torres, delegado nacional de Asuntos Obreros; Manuel Suzarte, delegado nacional de Finanzas y Arnol Rodríguez, delegado nacional de Propaganda. A Faustino Pérez, René Ramos Latour y David Salvador se les indicó que subieran a la Sierra.

También se trató la situación del doctor Urrutia, quien quedó una vez más ratificado como candidato presidencial por el M-26-7.

Informé sobre la salida de Urrutia hacia los Estados Unidos y sobre las noticias recibidas en relación con sus actuaciones. También señalé las contradicciones que ya él había afrontado con Mario Llerena, presidente del Comité del Exilio del M-26-7, quien aspiraba asumir la Presidencia Provisional de la República.

Se acordó que el Comité en el Exilio del M-26-7 quedaría constituido por: Haydée Santamaría Cuadrado, que sería enviada a la ciudad de Miami, en los Estados Unidos, como delegada personal del Comandante en Jefe y responsable de Finanzas; Antonio Buch Santos, que también radicaría en Miami, fue nombrado responsable de Propaganda; mientras que José Llanusa Gobel sería el responsable de Organización y se establecería en Nueva York. Yo fui nombrado Coordinador General y responsable de Relaciones Públicas y tendría que establecerme en Caracas, Venezuela.

Allí me encargaría de atender al doctor Urrutia, viabilizaría con urgencia el envío a la Sierra de los armamentos gestionados por Fabricio Ojeda con el presidente de Venezuela, Wolfgang Larrazábal, sin interferir en el trabajo de Ricardo Lorié, quien continuaría las gestiones de abastecimiento al Ejército Rebelde, y debería rendir cuenta directamente al Comandante en Jefe.

Además, como Coordinador General me ocuparía de los cifrados, cuyo código había sido confeccionado por Che y más tarde fue variado utilizando diccionarios bilingües italiano-español, alemán-español y portugués-español.

Mientras estábamos reunidos en Alto de Mompié, los informes del servicio de inteligencia campesino y las avanzadas del Ejército Rebelde coincidían en cuanto a las concentraciones de tropas enemigas, que se trasladaban con equipos bélicos modernos de todo tipo. También se recibieron informaciones de que por el sur se había incrementado el movimiento de barcos de guerra, que navegaban cerca de la costa en zafarrancho de combate.

Con estos augurios terminó la reunión de la Dirección Nacional del M-26-7 en la Sierra Maestra. Fidel sentenció con acertadas palabras: "La ofensiva comenzará más rápido de lo que ustedes se puedan imaginar".

Cumplimiento de los acuerdos de Alto de Mompié

EI 6 de mayo comenzó la salida de los participantes en la reunión. Haydée Santamaría y yo seríamos los primeros en bajar al llano, ya que viajaríamos al extranjero y debíamos correr el menor riesgo posible.

Fidel, inquieto, nos observaba desde uno de los secaderos de café, y aunque ya nos habíamos despedido de él, de momento se acercó al mulo que montaba y me dijo: "Desmóntate, ven acá". Fuimos a la punta de un secadero y él, poniendo un pie en el borde, señaló con su mano derecha hacia lo lejos:

Al frente tenemos las Vegas de Jibacoa y más adelante Las Mercedes, estamos en el firme de la Sierra y a nuestras espaldas, un poco a la izquierda, el Turquino. La ofensiva del Ejército ya está preparada, a ellos no les quedará más remedio que atacar con el grueso de sus fuerzas por Las Mercedes, donde tendrían mayor movilidad para el uso de equipos pesados. Nosotros trataremos por todos los medios de que no suban al firme, los sorprenderemos en el llano, y te digo esto porque por mar no lo lograrán, pues aunque tienen buena concentración de soldados en la costa, nuestras fuerzas están en posición ventajosa. Enviarán varias compañías para subir al firme por la izquierda; por la espalda es del todo imposible, ya que el Turquino nos protege, y es ahí donde quiero llevarte. Si ustedes tuvieran noticias de que tendríamos que retirarnos, lo que te digo y repito es difícil pueda suceder, tengan presente en este caso que el Turquino sería el punto principal para recibir la ayuda aérea de armas y parque, las que deberán dejar caer en el propio Pico, pues un palillo de diente que nos envíen, ese palillo lo encontraremos.

Para mí la orientación de tirar armas con paracaídas sobre el Pico Turquino, en caso necesario, fue la muestra de confianza más alta que he recibido en mi vida de revolucionario. Conocí a Fidel en la Sierra Maestra, estuve junto a él en la Comandancia General durante los días que permanecí allí, y en ese tiempo tuve una oportunidad para conversar a solas con él, lo que no era fácil, porque siempre estaba ocupado y contaba con la asidua presencia de jefes militares, que lo veían con el objetivo de recibir sus órdenes.

En mi opinión, Fidel estuvo meditando antes de llamarme, pues lo vi dar largos pasos en el secadero. Estábamos solos; no hubo testigos. Yo bajaría al llano y saldría para el extranjero con los peligros que entrañaba, un viaje de esa índole. Siempre existía la posibilidad de que los esbirros me detuvieran y torturaran para obtener información. No obstante, Fidel me había dado a conocer la táctica que emplearía en el supuesto caso de una retirada. Jamás olvidaré esa muestra de confianza.

¿Cómo surgió la idea de formar un Gobierno Revolucionario? (1)

¿Cómo surgió la idea de formar un Gobierno Revolucionario? (3)

¿Cómo surgió la idea de formar un Gobierno Revolucionario? (4)
 

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