El Bloqueo en carne propia

Entrevista con el niño Raysel Rojas, ganador de un Premio Internacional sobre el medio ambiente, que no recibió

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
elson.cp@granma.cip.cu

Raysel Sosa Rojas, de 13 años, ganó un premio de las Naciones Unidas y no se lo entregaron porque tenía componentes norteamericanos.

Raysel explica la pintura que le valió el Premio.

Rodeado de su abuela — la madre está para el trabajo —, y otros familiares y amiguitos, responde a preguntas de este periodista en el balcón de su humilde casa en el barrio capitalino de San Agustín.

Me habla de su amor por la pintura, del Premio Internacional que obtuvo, y de la cámara fotográfica que no le entregaron porque tenía componentes norteamericanos, y el bloqueo no lo permite.

Se trata de un niño cubano que padece de hemofilia (déficit de factor de coagulación de la sangre), al que las medidas de Estados Unidos contra nuestro país le impiden recibir el mismo Premio que, en su presencia, le fue puesto en manos a otros menores de Europa, África, Asia y América Latina.

— ¿Cómo te enteraste que habías ganado el Premio?

Un día que yo estaba durmiendo ahí (me señala para el cuarto). Por la mañana temprano llamaron. Mi mamá estaba de guardia e iba para el trabajo, ella se asustó porque aquí no llaman a esa hora. Era el profe, y le dio la noticia de que yo era el ganador del Premio para América Latina y el Caribe, del Concurso Internacional Infantil del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

— ¿La entrega, dónde fue?

En Argelia. Allí fuimos premiados niños de Yugoslavia, Tailandia, Ecuador. También un africano, un japonés, y yo.

— ¿Y el Premio...?

La cámara fotográfica Nikon, no me la dieron. Me dijeron que como cubano no podía recibirla.

— ¿Qué sensación tuviste al sentirte discriminado?

Mucha tristeza. Al ver que todos los demás tenían el premio, y yo no, me dio una sensación ©de madreª.

— ¿Qué opinas de esa medida?

El bloqueo está acabando. Afecta hasta los niños. Nunca pude imaginarme que esa medida iba incluso contra los menores que pintan para proteger el medio ambiente. No podía creer que llegara a tanto.

— ¿Qué dijo tu familia del Premio que no te entregaron?

Mi familia sufrió y sufre porque no se debe hacer eso a los niños. Yo espero que el bloqueo desaparezca. Que Estados Unidos no asesine más familias en el mundo. He visto como atacan y destruyen viviendas donde viven niños. Derrumban las casas y matan mujeres embarazadas.

— ¿Cómo cubano, sientes que te falta algo?

No, aquí lo tengo todo. En los policlínicos me atienden gratis y bien. En los hospitales igual. Eso no ocurre en muchos otros países, donde una operación cuesta una ©pilaª de pesos.

— ¿Y por tu enfermedad, te sientes atendido?

Me han puesto todas las vacunas, gratis. El año pasado, incluso, estuve ingresado en terapia intensiva del hospital Juan Manuel Márquez. No me faltó nada y todo es gratis. Pasa lo mismo con la escuela. Aquí aprender no cuesta un centavo, y sin embargo nos bloquean.

— ¿Cómo surge la idea de pintar?

El profesor de pintura, Jorge Jorge, hizo un taller comunitario en lo que era un basurero del barrio. Vi que los niños acudían. Hablé con el maestro, me hizo unas pruebas y entré en el taller que se llama Coloreando mi barrio.

— ¿Cómo lograste la pintura del Premio?

Pensando. Fui plasmando mi imaginación en la cartulina.

El dibujo quiere expresar que antes todo era más hermoso. Se refiere a la protección de la naturaleza. Cuando no había contaminación, se protegía más el medio ambiente. No se destruían los árboles, ni se mataban los animales.

— ¿Qué quieres estudiar?

Pintor, por supuesto. Cuando termine la secundaria en la Olof Palme, matricularé en San Alejandro.

 

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