Los Maceo Grajales:

Titanes de Titanes (II y final)

Las autoridades coloniales españolas persiguieron con saña y anticiparon la condena a muerte de la familia Maceo Grajales, en la que hombres y mujeres se entregaron parejos a la lucha por la independencia 

LIC. DAMARIS A. TORRES ELERS 
Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales

Justo Germán Grajales no ha sido favorecido por la historiografía. Se conoce que después de su incorporación fue sorprendido por las tropas españolas en Capitán España y fusilado en los primeros días de noviembre de 1868. Fue el primero en derramar su sangre por la Patria, con el grado de capitán abanderado de las tropas mambisas.

María Cabrales, esposa de Antonio y su
 inseparable compañera en la lucha.

Igual sucede con Felipe Regüeiferos, el mayor de todos, nacido en 1831. Tampoco se conoce mucho de sus acciones. No aceptó el Zanjón y al estallar la Guerra Chiquita regresó al monte con José y Rafael, y como ellos, fue engañado y enviado a España.

Una carta del Gobernador de la isla de Cuba al Ministro de Ultramar, en 1884, confirma el temor que despertaban aun prisioneros los Maceo: "Es mi opinión ...que los Corifeos Moncada, Bandera y Regüeiferos (Felipe) deben permanecer privados de libertad, redoblándose la vigilancia que sobre los mismos se ejerza hasta que la paz y tranquilidad se hallen garantizados sólidamente en esta Isla". En octubre 1886 regresó a Cuba indultado. Existe evidencia de que a pesar de ser casi un anciano apoyó a la Guerra del 95. Murió en Majaguabo en 1901.

Similar fortuna ha tenido Fermín Regüeiferos, de quien solo se sabe que nació en 1838 y se vinculó a la lucha en sus momentos iniciales. Algunos autores lo señalan caído en combate, pero hasta el momento ningún documento lo acredita.

Como resultado de la fama alcanzada, orgullo para los cubanos y temor para los españoles, en marzo de 1869, por orden del Conde de Valmaseda, los Maceo Grajales fueron condenados a muerte: "... En garrote vil, sin perjuicio de ser oídos si se presentan o son habidos... adjudicándoseles sus bienes... la partida del cabecilla Antonio Maceo... José Maceo, Rafael Maceo, Miguel Maceo, Julio Maceo, Magín Rizo, Simón Grajales, Felipe Regüeiferos y Grajales, ...Marcos Maceo y Francisco Grajales". En enero de 1871 nuevamente fueron sentenciados a muerte en consejo de guerra junto a otros miembros de la familia y fue ordenado el embargo de la casa Providencia 16.

Rafael Maceo, otro de los hijos de Marcos y Mariana, marchó a la guerra a los 18 años; alcanzó los grados de general de brigada y murió antes de cumplir 32 años en las cárceles españolas de Chafarinas, en Marruecos. 

Tras la Protesta de Baraguá quedaron en Cuba José, Rafael y Felipe. El resto marchó al extranjero, principalmente a Jamaica, donde residieron permanentemente Mariana y Marcos y a donde acudían todos en los preparativos revolucionarios. También en Santo Domingo residió Baldomera y en Honduras, Dominga con su esposo Manuel Romero e hijos. Tomás, igual que Antonio y José, conoció otras tierras como Costa Rica. Respecto a la salida al exterior es criterio generalizado que varios días después de partir Antonio para Jamaica lo hizo el resto de esta estirpe. Sin embargo, el 27 de mayo Tomás se encontraba en Puntarenas, a donde fue enviado por Antonio para recuperarse de sus heridas, y Mariana, el 24 de octubre de 1878, otorgó un poder Generalísimo a su hijo José en la escribanía de Ramírez, de Santiago de Cuba.

Es interesante destacar que durante este periodo los Maceo estuvieron presentes en diferentes movimientos conspirativos, la Guerra Chiquita, el Plan Gómez-Maceo (1884-1886), la conspiración de 1890, entre otros. Por esto eran temidos y vigilados.

El 29 de septiembre de 1888 el Cónsul de España en Jamaica comunicó al capitán general en Cuba: "...referente a los individuos sobre los que se ejerce vigilancia este consulado, en cuanto a lo político la ejerce sobre los principales jefes de la insurrección cubana que tienen aquí su residencia habitual y fija, tanto con carácter militar, como civil y son los cuatro hermanos Maceo, Máximo Gómez y Flor Crombet ..."

En la Guerra de 1895, participaron en la lucha armada Antonio y José con una brillante actuación desde el desembarco en Duaba hasta su caída en combate. Felipe cooperó desde la retaguardia. Tomás y Marcos, activos en la emigración, ocuparon cargos en clubes patrióticos del Partido Revolucionario Cubano en Costa Rica y Jamaica.

Si valientes y decididos fueron los hombres, no menos lo fueron las mujeres, símbolo de representación femenina en nuestras luchas independentistas. Mariana, con 53 años de edad, marchó a la manigua junto a sus hijos menores. Su hija María Baldomera y su nuera, María Cabrales, atendieron y curaron heridos y enfermos. De ellas, Félix Figueredo expresó: "Su hogar era el hospital de la Patria... en aquella noble familia encontraba el desgraciado herido o enfermo corazones que mitigasen los dolores morales y manos cuidadosas que vendasen con solicitud santa y sublime, las heridas recibidas en el combate".

Mascarilla de Dominga Maceo que se
 conserva en el Museo Casa Natal de Antonio
 Maceo, en Santiago de Cuba.

Soportaron con estoicismo los rigores de la vida en campaña, viendo caer al esposo, hijos y hermanos sin amilanarse. Es conocida la anécdota referida por José Martí en su artículo La Madre de los Maceo, cuando en ocasión de llevársele a Mariana a su hijo Antonio muy mal herido, ante el llanto de las otras mujeres exclamó: "¡Fuera, fuera faldas de aquí, no aguanto lágrimas! Traigan a Brioso y a Marcos, el hijo, que se lo encontró en una de las vueltas, ¡y tú empínate porque ya es hora de que te vayas al campamento!"

Al terminar la conflagración marcharon al exilio, Baldomera junto a su esposo el teniente coronel Magín Rizo, a Santo Domingo, donde murió el 6 de marzo de 1893, y Dominga, con su compañero el coronel Manuel Romero a Honduras, de donde regresó al terminar la guerra y falleció el 3 de septiembre de 1940. Mariana se estableció en Jamaica y María Cabrales, en compañía de Antonio, vivió en Jamaica, Honduras, Costa Rica y otros países centroamericanos. Allí sufrieron los rigores de la pobreza y la estrecha vigilancia española, a la que tampoco escapó la ilustre matrona.

En esta isla falleció doña Mariana el 27 de noviembre de 1893. Su deceso conmovió a toda la emigración, principalmente a José Martí, quien publicó en Patria su sentir: "Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma".

María Cabrales acudió al llamado de la Patria desde los inicios y ocupó un puesto en los hospitales de sangre y en la formación de los clubes revolucionarios, en Jamaica y Costa Rica. El Apóstol la admiró mucho y en sus cartas al Héroe de Baraguá siempre hubo una frase de afecto y cariño para la que llamó la más fiel guardiana que pudo dar al Titán de Bronce la buena fortuna.

En la Guerra del 95 María Cabrales, Emilia Núñez y Elena González, laboraron intensamente en los clubes femeninos del Partido Revolucionario Cubano. María, en especial, fundó y fue presidenta de las asociaciones José Martí y Hermanas de María Maceo, en Jamaica y Costa Rica, respectivamente.

Los valores de esta familia constituyen ejemplo imperecedero para todos los cubanos y la formación de las nuevas generaciones como paradigma de sacrificio y abnegación por la Patria.

Titanes de Titanes (I)

 

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