Sobre un editorial de The Wall Street Journal contra Cuba

Petición a una institución sin autoridad moral

NICANOR LEÓN COTAYO

El periódico del gran mundo financiero de Estados Unidos, The Wall Street Journal, reclamó a la OEA el sábado último brindar más apoyo a quienes Washington llama "disidentes cubanos".

El rotativo afirma que la falta de apoyo a la democracia en Cuba "es una razón por la que el Gobierno de Estados Unidos ha decidido empujar a la OEA a hacer más para promover la democracia en la región."

Para medir la seriedad de lo dicho, parece aconsejable recordar de manera sintética la forma en que separaron a la Isla de ese apéndice de la política de Washington en el área.

Corría octubre de 1961 cuando la Casa Blanca decidió enjuiciar a Cuba ante la OEA. Resultó algo curioso, porque siete meses atrás había lanzado contra esta la conocida invasión de Playa Girón.

Para viabilizar el camino, le concedieron un crédito de 99 millones de dólares al presidente de Perú, Manuel Prado Ugarte, quien visitó la capital norteamericana por aquellos días.

Más tarde, la Embajada peruana en Washington elevó una petición al Secretario General de la OEA, donde solicitaba la convocatoria de una reunión de consulta de cancilleres "a la brevedad posible".

El 3 de enero de 1962, ya en la antesala del encuentro, la Casa Blanca anunció un proyecto dirigido a entregar 15 millones de dólares a los gobiernos de Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador, con destino a la producción de café.

Un periódico de Costa Rica, Adelante, lo valoró como un soborno en vísperas de juzgar a Cuba, pues supuestamente estabilizaban un producto con precios dañados, precisamente, por grandes importadores de Estados Unidos.

El 22 de enero de aquel año el periódico The New York Times reveló que el secretario de Estado norteamericano, Dean Rusk, advirtió a sus colegas de América Latina que la asistencia financiera estaría supeditada al apoyo que brindaran a la aplicación de sanciones contra La Habana.

Ello aparecía destacado en la primera página del diario, con un título que decía: "Rusk vincula la ayuda a los países latinos a la acción respecto a Cuba", en una crónica firmada por su enviado especial, Juan de Onis.

Al comenzar el tercer día de sesiones en el balneario uruguayo de Punta del Este, siete países, sin contar a Cuba, cuestionaron la legalidad de los objetivos que Washington trataba de alcanzar.

Al terminar un encuentro que se prolongó cuatro horas, los representantes de Argentina, México, Chile, Brasil, Ecuador, Bolivia y Haití declararon que "aplicar sanciones diplomáticas es políticamente inaceptable, y jurídicamente improcedente y sin valor..."

Sugirieron "reconocer que la Carta de Bogotá no contempla el caso de exclusión de un Estado miembro, razón por la cual el Consejo de la OEA o una Comisión Especial debería resolver el problema, anticipando que la Reforma de la Carta de Bogotá requiere otra Conferencia Interamericana Especializada".

El 30 de enero, a siete días de comenzada la VIII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, fue aprobada por 14 votos a favor, los mínimos indispensables, una Resolución sobre la "exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano".

Tal balance exigió entonces el voto de alguien que demoró un poco más su venta, el Canciller haitiano.

Se abstuvieron Brasil, Argentina, México, Chile, Bolivia y Ecuador. Hubo un voto en contra: Cuba.

Al valorar lo anterior, el periódico canadiense Montreal Star dijo que entre los 14 votantes contra La Habana, "hay siete que no tienen un gobierno democráticamente electo", algo que, añadió, "dañará el prestigio de Estados Unidos".

Ahora, 43 años después, el diario The Wall Street Journal se atreve a pedir a una institución sin la menor autoridad moral, como la OEA, que ayude a traer aquí la democracia.

Al expresarse de esta impúdica manera, el periódico de las grandes finanzas norteamericanas se adhiere a la forma tan miserable empleada para alejar a Cuba de esa Organización.

 

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