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Entrenadores del
conocimiento
Muy pocas veces se
habla de quienes en largos periodos acompañan, en su preparación,
a los jóvenes estudiantes que aspiran a representar a Cuba en
Olimpiadas de diferentes materias
IRAIDA CALZADILLA
RODRÍGUEZ
Este viernes, en el
Pabellón de Educación de EXPOCUBA, se dará a conocer la
selección cubana a las Olimpiadas de Conocimientos Internacionales,
Iberoamericanas y Centroamericanas. Todo un acontecimiento para
quienes, desde hace meses, se preparan en el Centro de Entrenamiento
Nacional radicado en el Instituto Preuniversitario Vocacional de
Ciencias Exactas (IPVCE) Vladimir Ilich Lenin, de Ciudad de La
Habana.
Sentados, Marichal y Pino. De izquierda a derecha, Mora, Ángel Pável, Guerra, Arias y Plasencia.
Ante la noticia, dada
por Luis Enrique Guerra, coordinador general de la preselección, la
mirada va tras los muchachos que representarán a Cuba en las
materias de Matemáticas, Física, Química e Informática. Pero...
¿y los entrenadores? Muy pocas veces hablamos de quienes durante
largos periodos acompañan a los jóvenes en jornadas interminables
de estudio, en una preparación rigurosa que ha permitido traer al
país no pocas medallas de diferentes colores. Son 18 profesores y
proceden de casi todos los IPVCE, y de los pedagógicos de La
Habana, Ciudad de La Habana y Holguín, en lo que puede llamarse una
representación nacional.
Ellos dejan en sus
provincias a la familia, el trabajo cotidiano, los problemas
personales: "Sobre todo a las esposas y a los hijos hay que
premiarlos también". Eso dice Rafael Rodríguez Pino, profesor de
Física del IPVCE Máximo Gómez, de Camagüey, todo un veterano en
las lides del saber, y bien que lo apoya Raidel Marichal, de
Informática, en el granmense Silberto Álvarez.
Ser entrenador no es
fácil. Incluso no abundan en los claustros profesores que quieran
dedicarse a la tarea de buscar complejidades en sus materias, hallar
solución a los problemas, desenhebrar los embrollos de cada
enunciado, estar días y días en pesquisas teóricas y prácticas.
Carlos Plasencia, de la especialidad de Matemáticas en el IPVCE
Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, comentaba que era una labor a la
que "uno se entrega con abnegación y sistematicidad. A eso se une
el conocimiento de las diferencias individuales de cada joven y
cómo orientarlos para que los resultados sean los más altos
posibles".
Manuel Mora, del IPVCE
Carlos Marx, de Matanzas, cuenta medio en broma, medio en serio, que
el trabajo de entrenador le costó el matrimonio. Todos ríen, acaso
sabrán por qué. Eso sí, por nada cambia la satisfacción de
preparar a los muchachos y ver cómo resuelven los problemas: "Cuba
es el único país en que los profesores acompañan a sus alumnos
hasta la misma competencia, por eso, sus medallas son también
nuestras". Tiene una hermosa experiencia: en la Olimpiada de
Turquía, en el 2001, el Comité Organizador del evento puso en
venta los equipos con que se trabajó el problema experimental.
Contaban solo con el escaso dinero de bolsillo y, sin embargo, todos
estuvieron de acuerdo en donarlo para que la próxima preselección
los usara. "Eso habla a favor del desinterés y la nobleza de los
jóvenes".
Luego de diferentes
procesos de decantación que se inician en la base y concluyen con
los concursos nacionales por materias, llegan los estudiantes a la
preselección. Ángel Pável Capote, de Física en el IPVCE
guantanamero José Maceo, pondera al sistema educacional cubano, que
da iguales posibilidades y oportunidades a los alumnos en el ascenso
hacia el conocimiento: "En nuestra masividad está el éxito, bien
alejado de los propósitos elitistas de otras naciones".
En este punto Jorge
Arias, de Química en el IPVCE Antonio Maceo, comenta sobre el
empeño de los entrenadores cubanos, al proporcionar, además, una
preparación integral a los alumnos.
"¿Y
usted va a escribir sobre nosotros?", me dijeron, incrédulos en su
modestia. Por eso, una última anécdota, la de Nelson Marrero, de
Física, en la Lenin: "Mire, lo digo con el corazón en la mano: sé
lo que es llorar con un alumno que en determinado momento la
emoción lo embargó. ¿Y sabe por qué lo hice? Porque cada uno de
nosotros forma con los estudiantes un equipo, somos todos y uno. Yo
creo que esa es nuestra mayor carta de triunfo". |