Sequía en Holguín

La peor de todas

ALEXIS ROJAS AGUILERA

Foto: EDGAR BATISTAHOLGUÍN.— Aunque en los últimos 30 años la sequía no le ha sido ajena a este territorio oriental, ni siquiera mucho antes, lo cierto es que esta ha resultado particularmente persistente a partir de 1980, cuando comenzó a ser un dolor de cabeza severo y prolongado. Contra ella la lucha es dura, pero se puede echar la pelea.

Desde entonces hasta la fecha, varias son las sequías vividas y cuyas consecuencias han sido cada vez más fuertes, en el caso de la capital provincial, por un crecimiento sostenido de su población, que se aproxima a las 300 000 personas.

Ahora se atraviesa la más fuerte; siete años hace que llegó y ahí está plantada.

Se necesitaron presas para almacenar agua, y se construyeron, primero la Cacoyugüín, de 5,7 millones de metros cúbicos de capacidad de embalse y su sistema de acueducto. Dos décadas más tarde resultó insuficiente y la Revolución decidió la construcción de otra. Así nació Güirabo, al Sur de la ciudad, para 15,2 millones de metros cúbicos, con una segunda planta potabilizadora y la ampliación de las redes de distribución.

Presa Güirabo, al Sur de la ciudad de Holguín, agotada hace cinco meses.

Pocos años después surgió la Gibara, con capacidad —nunca conseguida— de 65,6 millones de metros cúbicos, una nueva planta potabilizadora y más redes de distribución.

El sistema de acueducto, que beneficia actualmente al 62,2% de la población, quedó así configurado, con 36 zonas de distribución, 211 kilómetros de redes, tres estaciones de bombeo y capacidad de 949 litros por segundo de trasiego máximo.

Parecería que tal capacidad de embalse creada, de cara al impetuoso desarrollo industrial experimentado, soportaría cualquier periodo seco; sin embargo, no ha sido así.

La sistemática falta de lluvia para mantener los niveles de los embalses, la depresión sostenida por extracción y evaporación, y las pérdidas en redes de distribución externa y en las intradomiciliarias, desencadenan otra complicada coyuntura para el abasto del líquido a la población.

ALERTA POR SEQUÍA

En realidad lo ocurrido es el empate de un periodo seco con otro.

Durante los últimos 20 años, solamente en cuatro las lluvias superaron o alcanzaron el promedio anual.

Se veía venir la crisis. Por eso en julio del pasado año, cuando la reserva de agua se encontraba a menos del 40% de la capacidad de embalse, fue decretada la fase de alerta por intensa sequía.

Nueve meses han transcurrido y el panorama resulta complejo, con la presa Güirabo agotada hace cinco meses, Cacoyugüín con reserva controlada para 20 días y Gibara, que aún atesora 4,9 millones de metros cúbicos, válidos para sostener el bombeo unos tres meses.

En la ciudad capital los pozos constituyen una alternativa.

Las nuevas medidas se suman a las ya adoptadas para garantizar la normalidad de la vida, la estabilidad higiénico-sanitaria y los servicios fundamentales de esta urbe; la principal de ellas: el incremento de la distribución de agua mediante carros cisterna u otros medios.

La previsible paralización de Cacoyugüín sumará esta forma de abasto a otras seis zonas, y activará el funcionamiento de Puntos de Dirección en Consejos Populares, con la misión de lograr una distribución eficaz.

En esas áreas urbanas residen más de 88 000 personas. Allí también se potenciará la distribución de vasijas para el almacenamiento en las viviendas.

En tanto, se trabaja en la habilitación de pozos con caudal y calidad para la carga de las pipas y se incrementarán los puntos de entrega de agua potable (son ahora 84) en la ciudad.

También se ponen a punto, con bombas de soga, más de 100 pozos perforados en los últimos meses, mientras continúa la búsqueda de nuevas fuentes subterráneas, a pesar de su notoria depresión.

Medidas son, asimismo, el empleo de cisternas y aljibes que puedan utilizarse para el abasto de grupos de viviendas e intensificar la labor de inspección a fin de elevar el control sobre el uso de este recurso.

De igual manera, es una importante medida la reparación de las redes y acometidas de algunas zonas que tienen influencia en la pérdida de agua.

También se habilitaron puntos de entrega.

En esos sitios se instalarán conductoras maestras y acometidas, "un trabajo que debe resultar definitivo", aseguró el ingeniero Cruz Mario Cabrera, director de la empresa de Acueducto y Alcantarillado de Holguín.

Cabrera enfatizó en que los productos químicos para beneficiar el agua de consumo humano están asegurados y que el Centro de Higiene y Epidemiología del territorio realiza constantes análisis en las fuentes para garantizar la calidad del líquido.

Apuntó, además, que la implementación progresiva de estas medidas, y de otras que se requieran como la transportación desde reservorios distantes de las comunidades, exige elevada organización, eficiencia y sentido de la responsabilidad por parte de los cuadros y organismos vinculados a la tarea, y el respaldo de la población.

Mientras, avanza la construcción de la conductora Cauto-Güirabo, que permitirá cerca de agosto la recepción de un importante volumen de agua extraída del río Cauto y que alimentará las plantas potabilizadoras de Pedernales y Holguín 2. Allí se labora día y noche.

Señaló que también Urbano Noris se encuentra en fase de alerta por intensa sequía y que los restantes municipios, menos los cuatro del Este, donde las lluvias resultan favorables (Mayarí, Sagua de Tánamo, Frank País y Moa), tienen afectaciones de mayor o menor cuantía por la sequía.

AGRICULTURA, RÉCORD SECO

La agricultura y la ganadería sufren la falta de lluvia en el Oeste holguinero. En esa zona se localizan las mejores tierras, es mayor la cultura de producción de alimentos, y habita el grueso de la población.

El ingeniero Rafael Vivar, subdelegado del Ministerio de la Agricultura aquí, asegura que la sequía no es nada nuevo, que se viene reiterando, por tanto es cuestión de trabajar duro y bien. Primero muestra cifras elocuentes, después las acciones necesarias.

"En los últimos 16 meses solo se registra el 75% de precipitaciones en relación con el promedio histórico. De octubre del 2003 a mayo, el déficit de lluvia es de 418 milímetros.

"Es cierto que de los 47 embalses de la Agricultura, 19 están agotados; los restantes acumulan apenas el 25% de su capacidad de almacenamiento y de paso aumentan los niveles de salinidad.

"En algunas ocasiones se ha renunciado al riego para preservar la calidad y cualidades del suelo, para no salinizarlo y evitar la erosión. En tanto, el manto freático también acusa depresión y suman 1 200 los pozos secos."

Este conjunto de realidades representó hasta abril 450 000 quintales de menos en cultivos varios, con unos 20 millones de pesos de pérdidas. En la ganadería ocurre otro tanto. Hoy más de 18 000 cabezas de ganado reciben agua en pipas y fue preciso descentralizar la masa vacuna, entre otras medidas de emergencia.

Pero ante eso, lo elemental es lo que se hace; en primer lugar respaldar a los hombres que con su esfuerzo han evitado que los daños fueran mayores.

Por otra parte, se pusieron bajo riego 780 caballerías, 420 de ellas electrificadas, las cuales este año superarán con creces las 500 y esto supone un sensible ahorro de combustible.

Se produce un buen nivel y con eficiencia de compost y humus, son aplicados medios biológicos, se potenció el programa de producción de semillas certificadas y monitorean constantemente las áreas dañadas por la salinidad.

A nivel central se recibió un financiamiento de 800 000 dólares para riego donde hay agua segura e incremento de combustible para el mismo objetivo.

Entonces, si los patrones climáticos están cambiando y ni un ciclón platanero se asoma por aquí, aunque sea para beneficiar las presas y el manto subterráneo, tenemos que variar no solo la forma de trabajar la tierra, sino los conceptos, la filosofía de cómo actuar ante ese flagelo, porque los lamentos no dan frutos, el trabajo, ese sí.

 

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