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En medio de las ausencias...
Enrique
Montesinos
La
noticia más relevante del atletismo cubano en el último fin de
semana corrió a cargo de Lisvany Pérez, no por el valor absoluto
de su registro de 2.28 metros, en salto de altura, sino por
significar una luz en medio de ausencias difíciles de explicar en
una disciplina donde tuvimos en acción al mejor del siglo XX.
En la reciente Olimpiada
Nacional, Lisvany formó parte de un grupo de "atrevidos"
que, tras sobrepasar el listón en 2.23, optó directo por un 2.27
esquivo por igual para todos.
El fin de semana
anterior, también en tierra brasileña, ganó con discreta marca de
2.25, mas la nota significativa fue que entre los derrotados estuvo
el sueco de elite Staffan Strand (2.35 bajo techo; 2.32 al aire
libre), en esa oportunidad bronce con 2.20.
En esta segunda lid en
predios sudamericanos, Lisvany acaba de regalar el 2.28 que, si bien
lejano de los mejores resultados universales, sin duda constituye un
magnífico avance personal y significa convertirse en el quinto
saltador cubano de siempre.
Le anteceden Javier
Sotomayor, 2.45 (1993); Marino Drake, 2.34 (1991); Juan Francisco
Centelles, 2.32 (1983); y Jorge Alfaro, 2.28 (1984).
La buena noticia, sin
embargo, lamentablemente recuerda que de poco valieron todos los
años de gloria de Sotomayor para promover a saltadores en el
ámbito cubano (excepto el efímero Drake) no necesariamente de su
extraordinaria estirpe, pero sí de un nivel promedio internacional.
No resultó nada
elogiable que al retirarse Sotomayor, en el 2001, el atletismo
pudiera comprobar un gran retroceso en salto alto, más allá de los
años ochenta, cuando teníamos hombres sobre 2.28.
En los tiempos actuales,
se gana y se pierde en torneos con las marcas de Lisvany (él mismo
lo ha probado), aunque en campeonatos se requiere de cifras sobre
2.32, como seguramente será en los Juegos Olímpicos de Atenas.
Al antillano le falta
otra competencia en Brasil en la que ojalá pueda seguir mostrando
sus avances. |