Congreso de Longevidad Satisfactoria

¿Somos lo que comemos?

José A. de la Osa

Sin que se desconozca que el envejecimiento, como fenómeno natural y fisiológico, está determinado por programación genética, ese "ponernos más viejos y achacosos prematuramente" se expresa a mayor o menor velocidad en dependencia de las condiciones ambientales y los estilos de vida saludables o no que asumamos, entre los que se destacan de manera significativa los relacionados con nuestros hábitos alimentarios.

¿Somos ciertamente lo que comemos?, se preguntaron ayer especialistas que asisten al II Congreso Internacional de Longevidad Satisfactoria: Visión Integral, que se desarrollará hasta el viernes en el Hotel Nacional de Cuba, en esta capital.

Resistido a aceptar el proceso de envejecimiento, y en la búsqueda incluso de la inmortalidad, el hombre ha soñado siempre con una "fuente de la juventud", y para ello en tiempos inmemoriales consumió oro en forma de elixir "sabiamente elaborado", o brebajes preparados por hechiceros a base de extractos de plantas: las orquídeas, la mandrágora.

Envejecemos desde el momento en que nacemos, y hoy se acepta científicamente que es fundamental cómo nos alimentamos desde los primeros años de nuestra vida, porque ello puede retrasar o acelerar el proceso de envejecimiento.

La Doctora en Ciencias Lourdes Valdés, directora de Ciencia del Instituto de Investigaciones de la Industria Alimentaria, subrayó que las tendencias actuales en el mundo se sustentan en la medicina preventiva sobre la curativa y en tener un conocimiento cada vez mayor en la relación existente entre alimentación y salud.

Los alimentos se han visto siempre, en general, como "algo que nos nutre", o satisface aspectos sensoriales. Sin embargo, en el momento actual se ha puesto en un primer plano, sobre todo, que tengan un efecto positivo sobre la salud.

Por si quedara alguna duda en cuanto a que las enfermedades de la vejez tienen una relación muy directa con nuestra nutrición, se pusieron como ejemplo las enfermedades del corazón —primera causa de muerte en nuestro país—, que tienen como desencadenante principal la obesidad, el consumo elevado de grasas saturadas; y los accidentes cerebrovasculares, vinculados también con la obesidad, la ingestión de alcohol y sal en cantidades significativas; y la diabetes, ¡siempre la obesidad!, el alto consumo de azúcar, las grasas y el alcohol.

Los especialistas explicaron, asimismo, que una dieta elevada en fibras dietéticas, tiene efectos comprobadamente beneficiosos en la disminución de la incidencia de enfermedades gastrointestinales; o la osteoporosis que para su prevención, o "minimización", se requiere una alimentación rica en calcio: leche, vegetales y soya.

Los cubanos que se proponen incrementar hasta 80 años y más su expectativa de vida, saben bien que los hábitos y estilos de vida se colocan, en el momento actual, en el centro de nuestra atención. De ahí la importancia del seguimiento estricto en la atención de las enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión arterial, la diabetes; lo esencial de practicar sistemáticamente ejercicios físicos y mantener un adecuado balance alimentario con frutas y vegetales; y dejar a un lado hábitos tóxicos como el fumar y beber en exceso.

 

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