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Mairelis encontró su profesión
Pedro
Mora
GUISA, Granma.—
Mairelis León Moreno integra una avanzada de jóvenes médicos que
con su labor ayudan a mejorar la calidad de vida de los serranos.
Esta bayamesa llegó al
consultorio del barrio El Queso, municipio de Guisa, hace solo cinco
meses al terminar sus estudios. Ese día, aunque impresionada por
las alturas y nostálgica por la lejanía, se reafirmó su
compromiso de cumplir la misión allí y en cualquier otro sitio.
Mairelis siente plena satisfacción al cumplir su deber en la Sierra Maestra.
Me encantó el paisaje y
admiré de inmediato a su gente. Algunos vecinos fueron a verme y a
otros los conocí en mis visitas de terreno; son excelentes
personas, hospitalarias y cariñosas, me quieren mucho, confiesa la
doctora.
En El Queso existe un
caserío, pero una gran parte de sus casi 600 habitantes reside en
viviendas aisladas. En sus alrededores hay lugares como La Mexicana,
Vista Alegre, La Toronja, El Gigante y El Yayal, donde muchos
montañeses laboriosos se dedican a la agricultura.
Para mí el sitio más
apartado es El Yayal, adonde voy en mulo. En el consultorio hay una
montura y la bestia me la prestan en la cooperativa campesina.
Desde muy temprano, la
joven doctora comienza su humana labor, que no concluye hasta que el
último necesitado haya sido atendido. En este empeño, sobresale la
valiosa colaboración de la enfermera Mirtha Gamboa y de la auxiliar
Adis Nubia Frómeta.
Los pobladores de esos
parajes conocen el trabajo de educación para la salud desarrollado
por Mairelis en salas de televisión, bodegas, viviendas y hasta en
los caminos vecinales, tratando en tono familiar temas tan
importantes como el enfrentamiento a las drogas, alcoholismo,
sexualidad, hipertensión y otros.
El consultorio de
Mairelis es de los que mantienen desde hace tiempo en cero la
mortalidad de niños menores de un año.
Tengo dos pacientes de
unos 15 años de edad que están embarazadas a pesar de las
advertencias nuestras y de las organizaciones sociales del barrio.
Tuve colaboración de la FMC, los CDR, pero al final se decidieron
por tener las criaturas, precisa la doctora.
De los casos atendidos
no olvida que a pocas semanas de su llegada, sintió una débil voz
solicitando su atención. Salió al portal de la biplanta y vio a un
joven muy pálido, casi desmayado, en muy malas condiciones.
Pedí ayuda a un vecino
y lo cargamos hasta el consultorio, cuenta. Se trataba de Alexei, un
muchacho de unos 21 años con antecedentes epilépticos que no
cumplió las orientaciones del estomatólogo al realizarle una
extracción. Hizo todo lo contrario y con una hemorragia atravesó
los montes hasta que pudo llegar al consultorio muy débil.
Este caso es una de las
tantas razones que le confirman a la joven doctora la certeza de
haber escogido su profesión. La satisfacción ante el éxito de sus
pacientes la alienta, sin negar que en una parte de su vida
estudiantil estuvo a punto de decidirse por una carrera de letras.
Cuando cursaba el
preuniversitario vocacional Silberto Álvarez todo indicaba que mi
vocación eran las letras. Pero recordé a mi padre que es
hipertenso y me decidí por esta. La vida demostró que hice bien,
me siento feliz por lo que puedo ayudar a otras personas. Si no
fuera médico me sentiría mal. |