La grandeza de un genio

EYLEEN RÍOS LÓPEZ
Servicio especial para la AIN

Para sus contemporáneos fue "la máquina de jugar ajedrez". Quienes le sucedieron encontraron en su talento "una fuente indispensable para aprender".

Impresionó al mundo por la lógica que derrochaba al conducir las piezas y llegó a ser calificado como "el más brillante jugador natural de ajedrez de toda la historia".

Otras muchas calificaciones trataron de definir su grandeza, pero José Raúl Capablanca superó cualquier teorización sobre su genio y de ahí que el mundillo del juego ciencia se preste a recordarle este 19 de noviembre en ocasión del aniversario 115 de su natalicio.

Descubrió el universo de los trebejos a la temprana edad de cuatro años y con solo 12 logró el máximo título de la Isla, para luego impresionar al resto del planeta en 1909, cuando derrotó al campeón norteamericano Frank Marshall.

Inició así una carrera cuajada de éxitos internacionales con su momento cumbre en 1921, cuando se coronó campeón mundial, un título que ostentó hasta 1927, antes de caer frente a Alexander Alekhine, quien jamás le ofreció la revancha.

Cita la historia el comentario del también afamado Rudolph Spielman, quién llegó a pronosticar que el ruso Alekhine no ganaría un solo encuentro, mientras que el resto de los analistas apenas daba chance al retador.

Pero aquel fue quizás el primer enfrentamiento del cubano con el ajedrez moderno, una disciplina basada en el análisis de nuevas variantes de aperturas, el entrenamiento planificado, la buena forma física y el uso habitual de la literatura especializada, algo que siempre le fue ajeno.

Sin embargo, ceder el trono del orbe y añorar un desquite nunca concretado no restó ímpetu al destacado ajedrecista cubano.

Siguió siendo un temido rival pese a casi ufanarse de no estudiar, y no por gusto en 1939 regresó de Buenos Aires convertido en medallista de oro entre los defensores del primer tablero de la Olimpiada Mundial.

También famoso por su aceptación entre las damas, una forma de vestir que le llevó a ser comparado con Rodolfo Valentino y asediado por los productores de Hollywood, Capablanca fue un astro en simultáneas, que llegó a ofrecer a ciegas.

Aunque en su época el nivel de los jugadores no se medía por el actual sistema ELO, especialistas fijan su acumulado histórico en dos mil 725 puntos, con el cual estaría hoy en el puesto ocho del escalafón universal.

La muerte le sorprendió el ocho de marzo de 1942, mientras analizaba una partida en el Club de Ajedrez de Manhatan, Nueva York.

Había ganado 531 de sus 567 cotejos y dejado un estilo único, punto de referencia hoy para principiantes y consagrados.

El mundo despidió entonces a un imprescindible de ese juego tan rico como complicado que aún le tiene como figura inspiradora. Cuba le recuerda en medio de su batalla por la masificación de esa disciplina. (AIN)

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Temas |

SubirSubir