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06/07/2002
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Agente Secreto Charles Philibert Peisso

Negado a luchar contra los cubanos, un comunero francés se une a los mambises. Luego será uno de los agentes secretos más importantes de la guerra

PASTOR BATISTA VALDÉS

LAS TUNAS.— Año 1873. No sin sorpresa, curiosidad y desconfianza, los habitantes de El Guamo (zona rural situada entre las actuales ciudades de Las Tunas y Bayamo) vieron llegar allí a 52 extranjeros, vigilados y custodiados por efectivos del ejército colonial español.

Se trataba —según narra Víctor Manuel Marrero Zaldívar, historiador de la Ciudad— de un grupo de comuneros franceses, que había arribado por Nuevitas como prisioneros de España. El compromiso verbal era emplearlos en sus respectivos oficios, pero les pusieron uniforme militar, nombres españoles y armas para combatir contra los cubanos.

En desacuerdo con aquella servil ignominia Charles Philibert Peisso, Jean Bonnon y Clodomir Pampillón escapan, localizan a los mambises y le piden al mayor general Vicente García González unirse a los cubanos, pues si lucharon en su país por la República no lo harían en contra de ella aquí.

PEISSO: EN SILENCIO TUVO QUE SER

A Félix Toledo Vidal, Comandante Militar de la Plaza de Armas en la entonces Victoria de Las Tunas, debe haberle agradado sobremanera el "odio hacia los cubanos", la experiencia, alta preparación y perspectivas de aquel francés (Charles P. Peisso) a quien un día aprobó para que fuese nada más y nada menos que su Secretario. La radiante idea de Vicente García había funcionado.

Así pues, era extraño el movimiento de tropas, refuerzo de armas, alimentos, provisiones... que se produjera en la zona sin que hasta El León de Santa Rita (como llamaban a Vicente García) llegara el mensaje en clave, enviado por Peisso, quien de hecho se convirtió en uno de los agentes secretos más importantes de la Guerra de los Diez Años.

No por casualidad a Vicente García se le conoció también como El Rey de los Convoyes. Infinidad de ellos fueron fácil blanco del factor sorpresa mambí, mientras el infortunado Comandante de la Plaza de Armas terminaba descargando un manotazo sobre el buró, gesto que seguramente imitaba con histriónico placer su "incondicional" secretario francés.

"QUEMADO" ENTRE LAS LLAMAS DE LA CIUDAD

Pero quizás el más elocuente ejemplo del aporte que en secreto le ofreció Charles Philibert Peisso a la causa cubana, está en la cuidadosa y profesional forma en que le facilitó a Vicente García toda la información militar acerca de la ciudad, vital para que el 23 de septiembre de 1876 el caudillo mambí realizara una de las más brillantes y sorpresivas acciones militares, como resultado de la cual fue tomada esta localidad y se expulsaron de ella a los españoles.

Ante el peligro de perderla tres días después, los cubanos deciden prenderle fuego (acción que Vicente García exige se inicie precisamente por su casa). Una mezcla de satisfacción y de dolor debe haber embargado a Charles P.Peisso. Pero literalmente hablando, como agente "ardía" también en ese momento, al compás de las llamas. La manigua —a la que nunca temió— esperaba por él, ahora con grados de capitán.

Casi un año después (7 de julio de 1877) caía en el combate de Las Mercedes.

De su matrimonio con Iria Mayo Martinell había nacido León Filiberto Peisso (en honor a Vicente), quien alcanzó los grados de teniente durante la contienda de 1895. Al morir dejó una fértil y patriótica prole de 14 hijos. Actualmente los descendientes de los Peisso se concentran en las provincias de Las Tunas y Sancti Spíritus. En honor a Charles siempre en la familia hay un Filiberto.

06/07/2002

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