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17/06/2002
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La Guerrita del Doce, noventa años después

GRAZIELLA POGOLOTTI

Mucho queda todavía por indagar acerca de nuestra república neocolonial, antecedente inmediato del proceso revolucionario.

A las deformaciones estructurales de la economía, a la dependencia del imperialismo, al saqueo del tesoro público por parte de los políticos de la época, se añade una dolorosa herencia de agudizados conflictos sociales, con su consecuente influencia en complejas relaciones interraciales.

En efecto, la lucha independentista cubana, con la decisiva participación de negros y mulatos, fue una vía para el logro de una progresiva democratización. La disolución del ejército mambí y la intervención norteamericana frustraron, a un tiempo, el logro de la verdadera independencia nacional y la formación de una república "con todos y para el bien de todos".

Como quien elude el roce del candente hierro curativo con una herida recién abierta, hemos querido olvidar, durante noventa años uno de los más vergonzosos episodios de nuestra historia, conservado en la memoria colectiva con el nombre de Guerrita de los Negros o Guerrita del Doce. El diminutivo siempre presente revela el tono despectivo asumido por la sociedad cubana en su afán de reducir al mínimo las repercusiones del acontecimiento.

A los diez años de promulgada la república, los negros y mulatos, atrapados en el rejuego de los partidos tradicionales —liberales y conservadores— no habían encontrado un espacio político donde canalizar sus reivindicaciones sociales y económicas que correspondían, en su conjunto, a las demandas de los sectores más preteridos. Con vistas a las elecciones, Estenoz e Ivonnet se proponen crear el partido de los independientes de color. La ley Morúa prohibía la inscripción de partidos políticos organizados en torno a una raza o a una clase social. Cerrado el camino de la legalidad, los promotores optaron por la rebelión.

La represión alcanzó una violencia extrema. Las investigaciones realizadas hasta el día de hoy, no han podido precisar la cifra exacta de las víctimas. Según los escasos testimonios que han llegado a nuestras manos, el color de la piel era razón suficiente para ahorcar a los hombres.

Al cumplirse noventa años de la Guerrita del Doce, el proyecto Color Cubano de la UNEAC patrocinó un seminario sobre el tema, abordado desde una perspectiva interdisciplinaria. Historiadores y científicos sociales, en conferencias y mesas redondas analizaron los contextos epocales y las repercusiones del hecho, visto también mediante la memoria afectiva con un documental de Gloria Rolando, tuvo como cierre un recital de Rogelio Martínez Furé. La presencia de un público muy participativo demuestra el interés existente por un tema poco debatido hasta ahora, indispensable para entender los complejos procesos que intervienen en la formación de la conciencia nacional y para consolidar la imagen de nuestra propia identidad.

17/06/2002

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