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Música por computadoras

Del theremin a la síntesis digital

PEDRO DE LA HOZ

El hombre nunca ha conocido fronteras. De modo que no le bastó el sonido del Stradivarius perfecto, ni las profundidades de los órganos en las catedrales góticas ni la admirable polirritmia de los percutores más variados ni la más inimaginable amplitud de timbres y colores de la orquesta manejada hasta lo indecible por Wagner y Bruckner. Con el conocimiento de la electricidad y las leyes del magnetismo, y teniendo en cuenta el desentrañamiento de los procesos acústicos, quiso ir más allá, y logró en el plazo de unos cien años que lo que parecía tan quimérico como un viaje al espacio sideral o la fisión atómica, la producción de sonido por medios electrónicos, sea un acto cotidiano, inseparable de la vida contemporánea, al punto que el pop, el rock, el hip hop y hasta el mismísimo son no se concibe sin instrumentos (guitarras, teclados, sintetizadores) de esta naturaleza. Si llegamos hoy a un estado de cosas en que sea natural la creación de música por computadoras —confluencia de arte, ciencia y tecnología que ocupa a compositores, programadores, científicos y críticos en la Conferencia Internacional que tiene lugar esta semana en La Habana—, fue porque hubo adelantados que consagraron su imaginación y su talento a la innovación.

El theremin, un instrumento electroacústico que no ha perdido vigencia.

Aunque un rastreo indica nombres como el del norteamericano Tadeo Cahill, que en 1897 patentó un dispositivo que emitía sonidos a base del uso de alternadores, fue el físico ruso León Theremin quien concibió, en 1919, el que se puede considerar como el primer instrumento electroacústico, bautizado con su nombre.

El theremin produce sonidos a partir de las diferencias de frecuencias registradas entre dos osciladores electrónicos, uno que actúa como referencia estable y otro variable, que se activa cuando el instrumentista acerca o aleja las manos de un sensor (antena).

Lo interesante de esta innovación, que se ha ido perfeccionando con el tiempo y ha dado lugar a otros instrumentos como el radio-baton (visto en Cuba mediante una demostración del norteamericano Max Mathews en un festival Primavera en Varadero) o el radio-drums (que será interpretado en el Amadeo Roldán por Andrew Schloss), radica en que consigue una nueva calidad tímbrica.

Paralelamente a este tipo de innovación, los compositores se interesaron por el registro y la utilización de nuevas fuentes sonoras sobre la base de la invención del magnetófono a finales de la década de los 20. La cinta revolucionó la estética musical, de modo definitivo, luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando el francés Pierre Schaeffer, tomando muestras del entorno sonoro, mezcló, empató fragmentos, alteró velocidades y dio lugar a lo que llamará música concreta.

Desde el punto de vista tecnológico, la aparición de la computadora constituyó un nuevo incentivo para la aventura musical más prodigiosa del siglo XX. Siempre hubo quienes trataron de obtener mediante su uso una calidad de sonido semejante al de los instrumentos convencionales. Sin embargo, el gran salto fue dado cuando los compositores tomaron en cuenta las posibilidades de su aplicación para la elaboración de nuevos lenguajes.

Lógicamente, los mayores empeños surgieron en países altamente industrializados y es así como los centros más importantes en la producción e investigación de música electroacústica se ubicaron en Colonia (Alemania), París (el IRCAM), Italia (Tempo reale, Florencia) y los Estados Unidos (célebres son las universidades de Stanford y Michigan).

Pero también en el Tercer Mundo, sin tantos recursos, pero con una acendrada vocación creadora, comenzó a abrirse paso la música electroacústica, sobre todo desde que se masificaron los secuenciadores, los samplers (muestreadores de sonido), los MIDI (equipos interfases que permiten la homologación de diversas fuentes electroacústicas) y las computadoras personales con el subsiguiente desarrollo de la programación.

Lo principal y decisivo en la creación musical sigue siendo el talento y la capacidad del ser humano para transponer fronteras. Ello explica por qué Cuba, un país subdesarrollado, con escasos recursos tecnológicos, ha logrado sacar el máximo a los dispositivos existentes y se presenta como una plaza a la vanguardia en la música por computadoras en la actualidad.

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