Leoncio Prado

El corsario mambí

PEDRO A. GARCIA

En una mañana de noviembre de 1876, cuatro jóvenes se presentaron en la capitanía de Puerto Plata para adquirir sellos de pasaporte. Uno de ellos, de unos seis pies de alto, de fisonomía enérgica, ojos grandes y rasgados, llamaría la atención de un funcionario. "Tenía aspecto de jefe. Luego me dijeron que era de apellido Prado", afirmó años después.

Tomaron pasaje en el vapor español Moctezuma. Otros jóvenes también lo hicieron. Tras cuatro horas de navegación, Prado los dividió en tres grupos. Revólver en mano, se presentó ante el capitán: "En nombre de la República de Cuba lo hago a usted mi prisionero y tomo posesión de este buque", le dijo.

Hubo un intercambio de disparos y resultaron muertos el capitán y un marinero. Pronto los jóvenes mambises tomaron posesión del vapor. "Arrancamos las planchas en que estaba el antiguo nombre del buque, al que dimos el nombre de Céspedes -recordaría uno de aquellos jóvenes-, (...) Desembarcamos a los pasajeros, oficiales y parte de la tripulación. Solo quedaron con nosotros seis marineros y los maquinistas".

En carta al Presidente de la República de Cuba en Armas, el jefe de los jóvenes mambises le escribiría: "Con el mayor placer me dirijo a usted para poner en conocimiento nuestra última operación (...) No se le ocultará por un momento los inmensos beneficios que derivará nuestra causa al poseer una marina de guerra que al mismo tiempo que proteja nuestras costas dará respetabilidad a la nación en el exterior".

UN MAMBI PERUANO

Leoncio Prado había nacido en Huanuco, Perú, el 26 de agosto de 1853. Apenas un niño, se involucró en el levantamiento popular de 1865 que derrocó al presidente Pezet, cuyo entreguismo a los extranjeros motivó dicha sublevación. Incorporado a la marina de su país, participó en el rechazo a la intervención española. Lo ascendieron a alférez siendo aún un adolescente.

A principios de 1869 supo del Grito de La Demajagua y el incendio de Bayamo. En un teatro de Lima oyó emocionado decir a los próceres de la ciudad "que la causa de la independencia de Cuba es causa nacional y que todos los peruanos están obligados a prestarle su apoyo del mismo modo que si se tratara de la independencia del Perú". Leyó por aquellos días el decreto presidencial donde su país reconocía "la independencia de la Isla de Cuba como igualmente al Gobierno Republicano establecido en ella".

Algunos de los biógrafos de Prado aseguran de que el peruanito se incorporó a la caballería camagüeyana en 1872, pero la actual historiografía cubana no tiene evidencias de ello. Sí sabemos que estuvo enrolado en la fallida expedición del buque Uruguay en 1875 y que el mambí intachable Francisco Vicente Aguilera lo incorporó con el grado de capitán a la expedición del Trade Union, la cual se frustró en el último momento.

Estos fracasos no desalentaron a Prado, quien propuso "armar un buque cubano de corsario" para apresar "buques mercantes españoles que vendidos en Perú o Colombia (ambos países habían reconocido al Gobierno mambí) podían dar un positivo auxilio a Cuba". La captura del Moctezuma, convertido en el buque mambí Céspedes por Prado y sus compañeros, era prueba concluyente de que tal idea no era descabellada.

Los españoles se percataron enseguida del peligro que una estrategia mambisa así les representaba y enviaron para la captura de Prado y sus compañeros a seis navíos de guerra. Solo mediante la traición de un conocido del peruanito, quien sabía el paradero del Céspedes, pudieron hallarlo los integristas.

Leoncio prefirió incendiar el buque antes que entregarlo al enemigo. Logró llegar a la costa y escapar del asedio español.

CONTRA EL ZANJON

Prado fue de los que no aceptaron dejar caer la espada y tenían fe en la victoria contra el colonialismo español. Perteneció al Comité Revolucionario Cubano, presidido por Calixto García, quien ya andaba preparando la reanudación de la guerra. Por aquellos días, los espías integristas calificaban al peruanito como "uno de los jefes más influyentes entre los conspiradores de la intransigencia cubana".

La guerra de Perú con Chile hizo que Leoncio renunciara a sus responsabilidades en el Comité Revolucionario Cubano. "Como peruano tengo sagrados compromisos con mi Patria -le escribió entonces a Calixto García-, y como americano, los tengo con Cuba (...) Suplico a usted que acepte mi renuncia con la convicción de que tan luego haya terminado la guerra del Perú regresaré a prestar mis servicios a la causa de Cuba con el mismo entusiasmo y fe que lo he hecho hasta hoy".

El sueño de Prado de pelear en la manigua cubana o combatir en los mares de Cuba nunca logró realizarse. No fue una bala española, sino armas portadas por soldados de una hermana nación latinoamericana, en una guerra que nunca debió ocurrir, las que pusieron fin a su vida el 15 de julio de 1883. Solo así podía dejar inconclusa la tarea que calificó de "objeto querido de nuestros justos afanes y fundadas esperanzas": la independencia de Cuba.

 
 
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