ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Nunca me habían sometido a un interrogatorio tan largo y profundo: qué hombres había contactado, dónde se encontraban y la seguridad que tenían. Respondí que el grupo de Almeida, compuesto por siete compañeros, más otros que le había incorporado, entre ellos Pablo Díaz, Arsenio García y los tres Calixto, se hallaba en un lugar muy inseguro, y le entregué la tarjeta de Almeida.

Al informarle sobre to­dos con los que había he­cho contacto, que ya sumaban más de veinte, me preguntó: «¿Y a Raúl no lo has encontrado. Tú crees que haya muerto?». «Sé que no ha muerto —contesté—, pero yo personalmente no lo he encontrado. Por informaciones de los campesinos supe que han pasado algunos más, pero él no se ha identificado».

No había contactado ni con Raúl ni con sus compañeros, pues cuando llegué allí, después de recibir el aviso de que estaban en Ojo del Toro con la familia de Neno Hidalgo, ya se habían marchado. «Sin embargo —aña­dí— tengo noticias de que pasó por toda la red organizada por los campesinos».

Entonces me habló con mucho sentimiento sobre su hermano. Se refirió también a lo difícil que había sido el desembarco; a la sorpresa y al fracaso de Alegría de Pío, así como a la experiencia que había dejado. Reflexionó sobre el cansancio de los expedicionarios, de la necesidad que tiene el hombre de imponerse a la fatiga y elevar la voluntad por encima de todo, tal como hicieron los mambises en la lucha por la independencia de Cuba, sobreponiéndose a condiciones que entonces fueron mucho más difíciles. Me habló también de la calidad humana de los campesinos con que se había encontrado...

Continuó hablando sobre el significado de lo hecho por nosotros; de qué forma teníamos que organizar a los campesinos como combatientes, y especialmente como productores para crear la base del sustento de los guerrilleros en la retaguardia, y de qué manera mejorar la economía de los habitantes de la Sierra Maestra.

Con mucha claridad me explicó lo que representaría la Revolución para los campesinos; que habría que convencerlos de que sería una guerra larga, pero con un triunfo indiscutible, y que esta lucha los sacaría de la miseria, del analfabetismo, de la opresión de la Guardia Rural y de todos los males que padecíamos en ese momento...

Nunca antes había escuchado un pensamiento político y militar tan claro. Fidel posee una penetrante sicología y un poder de convencimiento extraordinario. Por primera vez en mi vida había sostenido una conversación tan profunda y esclarecedora sobre nuestra situación en el campo, y cuál sería el futuro del campesinado cubano.

Guillermo García Frías, Comandante de la Revolución. Fragmento de la narración para su libro Un encuentro con la verdad.

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