ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fidel en la dirección del periódico Granma en 1981, junto a su director de entonces, Jorge Enrique Mendoza. Foto: Mario Ferrer

Los veteranos de Gran­ma recuerdan sus jornadas nocturnas en la dirección del d­iario, mientras re­­­visaba editoriales escritos por él, pulía una nota u orientaba pau­tas para el abordaje de temas can­dentes. Indagaba por la actuali­zación de las últimas noticias, las reacciones de la opinión pública ante determinados asuntos y dialogaba intensamente con di­rectivos, redactores y con los com­pañeros de la dirección del gobierno que lo acompañaban en aquellas incursiones.

Para Fidel la prensa siempre fue, es y será un medio natural, un espacio para la transmisión de ideas. Su impronta en el periodismo cubano resulta destacada e imprescindible.

El joven Fidel, en la etapa de crecimiento de su estatura política, encontró en la prensa una pla­taforma de combate contra la corrupción entronizada en los años de frustración republi­cana. No solo sus artículos aparecieron en publicaciones impresas sino también su voz se al­zó en la radio. Desde el diario Alerta a la emisora COCO, medio en el que tuvo el apoyo de Guido García Inclán, las palabras de Fidel mostraban su vocación de lucha.

Cuando la tiranía usurpó el poder, nuevamente su palabra filosa se hizo sentir, esta vez mediante una publicación alternativa creada por él mismo, El Acusador, y los editoriales firmados con el pseudónimo Alejandro. Fue directo al escribir: “El momento es revolucionario y no político”. En el único ejemplar de La Palabra, secuestrado en abril de 1952 por el régimen batistiano, debió circular un artículo suyo en el que desnudaba la naturaleza de la satrapía.

Luego de la amnistía que arran­có la presión popular a la dictadura, el jefe de la gesta del Moncada, líder del Movimiento 26 de Julio, no calló ante los intentos por desacreditar la justa causa por la redención de la patria. Tanto en entrevistas concedidas como en artículos de su autoría, unas veces en Bohemia y otras en La Calle, Fidel denunció desmanes y maniobras, sensibilizó a vastos auditorios y convocó a proseguir la batalla, lo mismo mientras permaneció en Cuba como cuando marchó al exilio mexicano a preparar la etapa definitiva de la gesta libertadora.

La prensa insurreccional contó con su orientación y colaboración, El Cubano Libre y Radio Rebelde, ante cuyos micrófonos habló por primera vez el 15 de abril de 1958 desde el corazón de la Sierra Maestra, fueron canales para difundir concepciones y detalles de la estrategia revolucionaria.

Nada fortuito entonces que a par­tir de enero de 1959 los medios de comunicación desempeñaran un papel decisivo en el esclarecimiento de posiciones políticas, la forja de la unidad, el enfren­tamiento a las agresiones impe­rialistas y sus aliados, la orientación de medidas, la recuperación de la memoria histórica, y la formación cívica. Todo ello sin dejar de estimular la crítica constructiva, el debate de los problemas, y el análisis de errores e insuficiencias, aspectos en los cuales los periodistas cubanos aún tenemos cuentas pendientes con el pensamiento de Fidel.

Para quienes hemos vivido más de medio siglo de radicales trans­formaciones revolucionarias, el Co­mandante entró en nues­­tras ca­sas mediante las pantallas de los televisores, desde su comparecencia de 250 minutos en el programa Ante la prensa el día que juró como Primer Ministro del Go­bierno Revolucionario hasta la Mesa Redonda, que por iniciativa suya comenzó su transmisión en diciembre de 1999.

En estos años ha tenido presente el alcance de la radio y ha estado al tanto de sus espacios in­­formativos y sus impactos fuera y dentro del país, e incluso, ante contingencias meteorológi­cas, se ha preocupado por la disponibilidad de receptores y baterías.

Granma y Juventud Rebelde son creaciones suyas que ejemplifican su concepción del periodismo al servicio de la Revolución y del pueblo.

De las palabras como vehículos de ideas ha hecho una profesión sobre la que debemos re­flexionar por su dimensión po­lítica, su alcance comunicativo y su altura ética. En el último decenio los artículos y comentarios escritos por él evidencian la sabiduría de un soldado fiel y comprometido con los valores humanistas.

Cómo no suscribir lo que expresó acerca de lo que debe ser la prensa y el periodismo en su larga conversación sostenida con Ignacio Ramonet en su libro Cien horas con Fidel:

“Yo tengo la convicción plena, por la experiencia vivida, de que los valores pueden ser sembrados en el alma de los hombres, en la inteligencia y en el corazón de los seres humanos. Nosotros no andamos con hipocresías de ninguna índole al hablar de la ‘libertad’ de la prensa (…) Nosotros soñamos con otra libertad de prensa, en un país educado e informado, en un país que posea una cultura general integral y pueda comunicarse con el mundo. Porque quienes temen el pensamiento libre no educan a los pueblos, no les aportan, no tratan de que adquieran el máximo de cultura, de conocimientos históricos y políticos profundos, y aprecien las cosas por su valor en sí, y porque saquen conclusiones de sus propias cabezas”.

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Emma G. Acevedo dijo:

1

28 de abril de 2017

15:26:07


Hablar de Fidel no resulta facil, en él se reunen tantas convicciones y se dan tantas virtudes que es dificil hallar una palabra para definirlo, por ello solamente hallé una CUBA.