
Evo
Morales, recordó el mensaje
del líder de la Revolución
cubana, Fidel Castro, en la
Cumbre por la Tierra
celebrada también en Brasil
hace 20 años: "Acabe el
hambre y no el hombre",
"Páguese la deuda ecológica
y no la deuda externa".
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El
Mandatario boliviano fustigó la
denominada economía verde, proclamada
por las naciones desarrolladas, cual
nuevo mecanismo de sometimiento de los
pueblos y a los gobiernos
anticapitalistas, y cómo el capitalismo
promueve la privatización y la
mercantilización de la biodiversidad y
el negocio de los recursos genéticos.
La
llamada economía verde mercantiliza la
naturaleza y convierte cada árbol, cada
gota de agua, y cada ser de la
naturaleza en una mercancía sometida a
la dictadura del mercado, que privatiza
la riqueza y socializa la pobreza,
agregó Evo Morales en su discurso y
criticó el ambientalismo como una
estrategia imperial que cuantifica cada
río, lago, planta y producto natural, y
lo traduce en dinero y ganancia
empresarial, para resguardarlos
temporalmente para su apropiación
privada futura.
“El
capitalismo no es ninguna solución, si
queremos pasar a la historia debemos
trazar políticas económicas, ecológicas
y sociales orientadas a salvar la vida y
la humanidad, para relanzarnos hacia el
humanismo”, concluyó Morales.
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El presidente ecuatoriano,
Rafael Correa, subrayó que
se aprobó un documento de
principios, y cualquiera
puede firmar aquello, pero
¿dónde están los compromisos
concretos?
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El
presidente de Ecuador, Rafael Correa,
sostuvo que los países ricos son los
mayores responsables del deterioro del
medio ambiente en el planeta.
Correa dijo que su país aspiraba a un
documento que consagrara los derechos de
la naturaleza, para salvar a esta, ahora
que están de “moda los salvamentos
financieros”.
En
una entrevista con la cadena televisiva
Telesur, el Mandatario destacó que hasta
que no exista un cambio en las
relaciones de poder, no habrá acuerdos
para la reducción de las emisiones netas
a la atmósfera ni para declarar los
derechos universales de la naturaleza,
como propuso Ecuador.
Difícilmente, acotó, pueda llegarse a un
compromiso espontáneo y genuino porque
los ricos consumen el medioambiente de
los pobres.
Sobre
la llamada economía verde, Correa señaló
que el concepto, como lo manejan los
países desarrollados, trata de
incorporar activos ambientales al
cálculo del Producto Interno Bruto, bajo
el supuesto de reducir la contaminación.
Para ello, comentó, es preciso cambiar
la noción del desarrollo basada en el
materialismo, la acumulación, el
consumismo, a otra que permita sostener
el planeta, como la preconizada por las
poblaciones indígenas respecto al
desarrollo en armonía con la naturaleza.
Cómo
entender, se preguntó, multimillonarios
salvamentos bancarios y no
multimillonarios salvamentos
ambientales, para añadir que todo el
mundo conoce el diagnóstico y la
respuesta.
Estas cumbres —dijo— sirven para poco,
aunque agradeció la voluntad de Brasil
al organizarlas, pero el problema,
remarcó, no es técnico sino político.
Para
el Mandatario, el cambio en las
relaciones de poder debe gestarse en los
ciudadanos de esos países del primer
mundo que son explotados por el sistema,
al estar en función del capital.
El
Presidente ecuatoriano subrayó que se
aprobó un documento de principios y
cualquiera puede firmar aquello, pero
¿dónde están los compromisos concretos?
Para
él, los cuatro puntos cardinales son:
“…el cambio del sistema económico; el
plano social, que es la pobreza: la
desigualdad es incompatible con la
conservación (...); la dimensión
ambiental, los derechos de la propia
naturaleza, cambiar nuestra visión hacia
la naturaleza. Y se unió un cuarto
pilar, que es la dimensión cultural”.
Incluso Ban Ki Moon, secretario general
de la ONU, hizo esta declaración: “Voy a
ser franco: nuestros esfuerzos no han
estado a la altura de la medida del
desafío (…). La naturaleza no negocia
con los seres humanos”.
El
documento de la Cumbre de Desarrollo
Sostenible de Río de Janeiro es
‘decepcionante’ ante un escenario en el
que 20 años después de la Cumbre de la
Tierra las tendencias más pesimistas
apuntadas en 1992 se han hecho realidad.