El robot Curiosity ya está en el
suelo de Marte, en el cráter Gale. Ha
superado los siete minutos de terror de
la dificilísima fase de descenso. Su
primera señal desde el planeta rojo ha
llegado a la Tierra a las 7.32 (hora
peninsular).
El equipo de la misión, formado por
unos 700 científicos e ingenieros,
espera ahora recibir los datos mínimos
para saber en qué condiciones está el
vehículo, si todos sus equipos han
superado la entrada en la atmósfera a
toda velocidad, el descenso de la
plataforma sujeta de un paracaídas y la
llegada al suelo del robot colgado de
una grúa en los últimos metros. La
ambiciosa misión de la NASA en Marte ha
superado la operación más difícil jamás
intentada antes en Marte.
En la sala de operaciones del Jet
Propulsion Laboratory (en Pasadena,
California) imperó una tensa espera
entre los cerca de 30 operadores, en los
minutos previos a la llegada de la señal
(los datos de telemetría) y las primeras
fotografías del entorno del cráter Gale
donde ha aterrizado.
La señal del Curiosity, que tarda
13,8 minutos en llegar a la Tierra a la
velocidad de la luz, se transmite a
través de los dos satélites de la NASA (Odyssey
y MRO), en órbita de Marte, cuyas
órbitas y antenas se han sincronizado
perfectamente para la operación, una
auténtica coreografía espacial en la que
participa también el Mars Express
europeo.
Inmediatamente después de tocar el
suelo el Curiosity, la Tierra se ha
ocultado tras el horizonte en aquel
lugar, es decir, que el robot no está a
la vista de su planeta de origen. En las
próximas horas debe desplegarse la
antena principal del robot para
establecer la comunicación directa.
Marte está ahora a 248 millones de
kilómetros, pero el Curiosity ha
recorrido 567 millones de kilómetros
para llegar a su destino desde que fue
lanzado al espacio en noviembre del año
pasado. La misión que tiene encomendada
este todoterreno de casi una tonelada es
desplazarse por el cráter Gale y aplicar
sus 10 instrumentos científicos
(incluida la estación meteorológica
española REMS) en rocas y suelo para
averiguar si alguna vez pudo haber vida
en Marte.
De la comunicación con el Curiosity
se encarga en la Tierra la denominada
Red de Espacio Profundo (DSN, en sus
siglas en inglés) de la NASA, incluida
la estación de seguimiento de Robledo de
Chavela, en Madrid.
El descenso del robot en Marte esta a
la vista de la estación de Canberra
(Australia) y Robledo toma el relevo
después para pasárselo unas horas
después a Goldstone (California). Las
tres estaciones de la DSN están en
contacto directo con el centro de
control de JPL.