|
¿A quién
ataca y a quién defiende WikiLeaks?
MANUEL E. YEPE
Por estos días
es frecuente escuchar preguntas acerca
de WikiLeaks en todas partes: ¿Quién lo
financia, a quién beneficia, a quién
perjudica, cómo es posible que el
imperio se muestre tan vulnerable?
No es difícil
descubrir que quien queda más
dramáticamente expuesto en los
documentos sustraídos por WikiLeaks es
el actual, ahora impopular, gobierno de
Estados Unidos y, quizás por ello, la
inusitada acción fue recibida con
aprobación jubilosa en casi todas partes
del mundo porque constituía un aporte de
pruebas para la denuncia de sucios
manejos imperiales contra los pueblos.
Diríase que la
opinión pública aprobaba de antemano
aquel gesto heroico de sustraer, a lo
Robin Hood, papeles secretos del
gobierno de Estados Unidos que ponían de
manifiesto el irrespeto a la
independencia de otras naciones y a la
soberanía de los pueblos con que la
política nacional y la diplomacia
estadounidense asumen un papel que
pretende ser de líder del mundo, para
difundirlos a escala global.
Obviamente, tal
ejercicio habría significado una
extraordinaria conmoción en los
procedimientos informativos
establecidos.
Muchos pensaron
incluso que tales revelaciones podrían
ser el preludio del fin del imperio
estadounidense o del fin del
capitalismo. Era difícil suponer que tan
inconcebibles testimonios de la
violencia y del desprecio con que
Estados Unidos maneja sus relaciones, no
solo con sus enemigos sino también a sus
amigos y asociados, fueran a quedar
impunes a la luz del derecho
internacional.
Las primeras
revelaciones que pudieron ser apreciadas
por la opinión pública mundial, por su
carácter sensacionalista, hicieron
pensar que las expectativas se
justificaban, pero bien pronto se pudo
saber que el hecho no era, como se
creía, algo parecido a una absoluta
libertad de difusión de la información
que escapara de las reglas de control
impuestas por Washington.
Pronto se hizo
evidente que, por algún motivo, la
disciplina que ha venido rigiendo a la
supuesta libertad de prensa en el
hemisferio, no había cedido en el caso
del evento WikiLeaks.
No se sabe bien
cómo ocurrió que los dirigentes del
sitio web aceptaron que los documentos
que habían logrado sustraer, para
hacerlos del libre conocimiento de los
pueblos, fuesen seleccionados o
censurados por una agrupación de cinco
de los medios más representativos de la
gran prensa occidental que ha respetado
históricamente las regulaciones
impuestas por Estados Unidos. Se pudiera
suponer que el acoso a que fue sometido
por las autoridades estadounidenses de
relaciones exteriores e inteligencia el
máximo dirigente de WikiLeaks, fue
responsable de que él cediera en esto,
cual ante una retorcida de brazo.
Esos cinco
medios fueron los diarios The New
York Times, El País, Le Monde,
Der Spiegel y The Guardian,
de Estados Unidos, España, Francia,
Alemania e Inglaterra, respectivamente.
Se supone que
estas cinco publicaciones llegaron a una
suerte de pacto con WikiLeaks sobre la
base de que, antes de hacer públicos los
documentos, advertirían al Departamento
de Estado y se pondrían de acuerdo entre
ellas para que los textos publicados se
mantuvieran dentro de ciertos parámetros
"éticos" acordados.
O sea, a
diferencia de lo que anteriormente
ocurría con las informaciones
confidenciales reveladas por WikiLeaks,
en esta ocasión se había instrumentado
una filtración o "censura" a cargo de
varios medios acostumbrados a regirse
por la disciplina informativa
establecida por Washington para los
grandes medios occidentales que se
identifican como la "mainstream
media" informando, previamente a su
publicación, a la administración
estadounidense.
Pero más allá
aún de estas dudas sobre la naturaleza
verdadera de la operación WikiLeaks,
están las dudas acerca de cuáles serán
las fuerzas internas o elementos en
Estados Unidos que están detrás del
asunto o que han propiciado su
ocurrencia.
No son pocos los
que atribuyen la paternidad de la audaz
hazaña periodística a la extrema derecha
de Estados Unidos, las fuerzas
neoconservadoras que perdieron, con la
asunción de Barack Obama, el control
total que ejercieran desde la
administración de Ronald Reagan hasta la
de George W. Bush.
Suponen que la
contundente derrota del partido
demócrata en las elecciones de medio
término, abrió los apetitos de las
fuerzas neoconservadoras de golpear al
herido hasta asegurar su exterminio y el
regreso de la ultra derecha al poder
real en las elecciones del 2012, o
antes.
Otras muchas
respuestas se plantean a las preguntas
acerca de las motivaciones reales del
fenómeno WikiLeaks cuyos objetivos
difícilmente pudieran calificarse de
nobles o positivos, aunque su acontecer
haya sido recibido con júbilo por
quienes consideran merecida una sanción
al presidente Barack Obama, dada su
pobre actuación a favor de quienes lo
eligieron en apoyo a su discurso
renovador. |