El 27 de enero del 2006, apenas unas
horas después de que por primera vez Evo
Morales tomara posesión de la Jefatura
del Estado boliviano, el Ministro de la
Presidencia del gabinete inaugural dio
la orden de desmantelar una estación de
espionaje situada en uno de los
entrepisos del Palacio Quemado.
Por su formación y procedencia, el
ex- estudiante de la tristemente célebre
Escuela de las Américas y sociólogo
especializado en temas de Inteligencia
militar, Juan Ramón Quintana sabía de
qué se trataba: por años, de manera
impune, había funcionado allí esa
estación a cargo de la CIA con
implicación de ciertos mandos de la
Policía.
En una entrevista que nos concedió al
colega Luis Báez y a quien esto escribe,
en junio del 2008, Quintana declaró que
hasta la ascensión de Evo a la
Presidencia "el vínculo más efectivo,
más fuerte, más exitoso que tiene el
gobierno de Estados Unidos en Bolivia es
con determinadas estructuras de la
Policía; los norteamericanos entienden a
este cuerpo como una de sus bases
sociales".
Alfredo Rada, a la sazón ministro del
Interior, en una conversación también
registrada por aquellos días expuso:
"Muchos policías bolivianos son
patriotas, asumen una doctrina
nacionalista y han trabajado con
entusiasmo en acompañar tareas como la
nacionalización de los hidrocarburos, de
la empresa de telecomunicaciones y la
fundición Vinto, en Oruro".
Sin embargo, a continuación acotó:
"Pero no podemos cerrar los ojos ante la
realidad de una Policía que cuando menos
en los últimos 20 años tuvo una fuerte
presencia de operadores de la embajada
de Estados Unidos, y una fuerte
injerencia en la vida interna de la
Policía, no solamente en lo que es la
Fuerza Especial de Lucha Contra el
Narcotráfico. La embajada de Estados
Unidos ha dado un aporte económico
cercano a los 30 millones de dólares,
destinado no solo a operativos
antinarcóticos, sino también para bonos
al personal policial, que incluye la
intromisión en el manejo de los temas
disciplinarios".
Traigo a colación esos comentarios
autorizados como referencias a tener en
cuenta ante la situación que vive
Bolivia, donde un movimiento de carácter
reivindicatorio salarial emprendido por
miembros de la Policía pudo haber
derivado, asaeteado por intereses
espurios, hacia un nivel de
conflictividad mayor, en un escenario en
el que está latente la intención de
frustrar el proceso de cambios liderado
por Evo Morales y el Movimiento al
Socialismo, Instrumento Político por la
Soberanía de los Pueblos.
Antes de la escalada de sucesos en
torno a la Plaza Murillo, el propio Evo,
el viernes 24 de junio, en un encuentro
con trabajadores de la minería, alertó a
la opinión publica cómo "seguramente esa
gente que privatizó (empresas del Estado
en el pasado) usa a algunos hermanos
policías para preparar un golpe de
Estado, para hacer matar al ministro de
Gobierno y para enfrentar a las Fuerzas
Armadas con bombas molotov. Quiero
decirles que captamos sus mensajes; es
nuestra obligación detectar qué están
planificando y cómo están comunicándose.
Esa derecha se infiltra, usan a algunos
policías (...) por eso convocamos a
nuestros hermanos policías a tener mucha
responsabilidad con su pueblo, que den
seguridad porque la policía se ha creado
para dar seguridad y no para dar
inseguridad".
Dos días después, el vicepresidente
Álvaro García Linera afirmó:
"Lamentablemente aprovechándose de una
demanda económica legítima y atendida
por el Gobierno, fuerzas oscuras están
comenzando a manipular la movilización.
Hemos visto en los canales televisivos
excandidatos de partidos políticos, que
han sido retirados de la Policía,
entrando encapuchados a la unidad
policial, levantando armas y
distribuyendo armas".
Entre esas "fuerzas oscuras" existen
de vieja data vasos comunicantes con los
servicios de Inteligencia y la
Diplomacia norteamericana. En todos los
conflictos desestabilizadores sufridos
por el proceso boliviano de cambios se
han hecho evidentes los apoyos y
alientos de estos últimos.
De ahí que no sea sorprendente una
renovada concertación, más en tiempos en
que se suceden embestidas contra los
gobiernos de vocación social
transformadora en América Latina.