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I N T E R N A C I O N A L

La Habana. 26 de marzo de 2003

Róger Calero: inmigrante, socialista y periodista
• Tres motivos para expulsarlo de Estados Unidos
POR FELIX CAPOTE —de Granma Internacional—

EL nombre de Róger Calero es prácticamente desconocido en los grandes medios de prensa de Estados Unidos. Sin embargo, se trata de un prestigioso periodista, editor asociado de la publicación en idioma español Perspectiva Mundial y miembro de la redacción del semanario socialista The Militant .

Calero es también el miembro más joven del Comité Nacional del Partido de los Trabajadores Socialistas (Workers Socialist Party), posición para la que fue elegido en el 2002.

Su nombre comenzó a resonar cuando lo detuvieron el 3 de diciembre del año pasado al regresar de cumplir misión periodística en Cuba y México, y lo recluyeron durante 10 días en una cárcel privada.

Había venido a La Habana a reportar una importante conferencia internacional sobre el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y a Guadalajara, México, la gran feria anual internacional del libro, así como una conferencia estudiantil de la Organización Continental de Estudiantes de América Latina y el Caribe (OCLAE).

El Servicio de Inmigración y Naturalización (INS por sus siglas en inglés) lo arrestó al llegar al aeropuerto internacional de Houston, procedente de México.

De origen nicaragüense, 17 años en Estados Unidos y residente permanente en el país desde hace 12, casado con una ciudadana norteamericana, antes de dedicarse al periodismo, Calero trabajó como empacador de carne en varias plantas, donde se destacó como dirigente sindical.

La Policía de Inmigración pretende negarle ahora el reingreso a EE.UU. y deportarlo a Nicaragua, su país de origen, apoyándose en una sentencia de 1988, cuando él era estudiante de secundaria en la ciudad de Los Angeles y fue acusado de venderle una onza de marihuana a un agente encubierto.

En esa ocasión recibió una condena de 60 días de cárcel suspendida por 3 años de libertad condicional, durante los cuales no tuvo ningún señalamiento.

Dos años más tarde solicitó y obtuvo su permiso de residente permanente, conocido como tarjeta verde, sin la menor dificultad.

CARCELES PRIVADAS: UN BUEN NEGOCIO

La cárcel del INS en Houston, donde Calero estuvo preso 10 días,

es un negocio privado. Pertenece a la compañía Corrections Corporation of America (CCA), que se jacta en su sitio web en Internet de ser la empresa mayor y más antigua de su tipo y sus acciones se cotizan en la Bolsa de Valores de Nueva York.

La prisión de Houston es una de seis del INS administradas por empresas como la CCA, de las 15 que tiene en el país. En total hay 158 cárceles operadas por empresas privadas en Estados Unidos.

El estado de Texas, con 42, tiene el mayor número.

La CCA administra 61 cárceles en 21 estados de la Unión y en el Distrito de Columbia. De acuerdo con las últimas estadísticas del

Departamento de Justicia, 91 828 personas estaban presas en cárceles privadas a finales del 2001.

CAMPAÑA CONTRA LOS INMIGRANTES

La detención de Calero y la batalla iniciada por éste después que fue puesto en libertad con la amenaza de deportación en el término de tres meses, puso de relieve la política seguida por el INS contra los inmigrantes en los últimos tiempos.

Miles de inmigrantes se encuentran en una situación similar a la suya, detenidos al regresar del extranjero de visitar a familiares u otro motivo.

En los últimos meses el Gobierno Federal ha estado tomando los registros de las cortes locales para introducirlos en el sistema de computación del INS.

En el año 2001 el INS procesó a casi 177 000 personas y deportó sumariamente a 70 000 inmigrantes.

Calero denunció públicamente que decenas de miles de residentes en Estados Unidos son sometidos a exclusión o deportación basándose en la Ley de Reforma de Inmigración Ilegal y Responsabilidad del Inmigrante de 1996 y otras disposiciones reaccionarias.

Esta política del INS es vista por muchos inmigrantes como una amenaza directa de los derechos básicos y libertades en los Estados Unidos, de prensa, de viajar, de creencias políticas y religiosas.

Cuando el próximo 25 de marzo el INS decida la expulsión de Calero, como parece ser su propósito, o acepte las peticiones de miles de ciudadanos estadounidenses para que se le permita seguir ejerciendo su profesión de periodista en Estados Unidos, habrá concluido una nueva batalla.

Una batalla por la libertad de prensa y los derechos civiles, contra la extrema derecha que pretende el poder absoluto en Washington con el pretexto de la lucha contra el terrorismo después del 11 de septiembre.

Independientemente de su resultado, el caso Calero servirá para alertar sobre la persecución que se está ejerciendo actualmente en los Estados Unidos contra los inmigrantes, especialmente sin son latinos.

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