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LA VICTORIA
ESTRATÉGICA
(Introducción)
Capítulos
I l
II
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III
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IV
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V
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VI
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VII
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VIII
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IX
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X
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XI
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XII
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XIII
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XIV
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XV
XVI
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XVII
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XVIII
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XIX
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XX
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XXI
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XXII
l
XXIII
l
XXIV
l
XXV
Contención
en Santo Domingo
(Capítulo
14)
Con
el Combate de Pueblo Nuevo y el inicio
de lo que llamé entonces la primera
batalla de Santo Domingo, las fuerzas
rebeldes dieron el primer paso para
arrebatar la iniciativa al enemigo,
quien la mantendrá parcialmente todavía
en los demás sectores donde se
desarrollaba su ofensiva. No será hasta
el 5 de julio, fecha en que ocurrió el
Combate de El Naranjal, cuando el
Ejército perderá su empuje en el sector
sur, es decir, en la zona del río de La
Plata. El 9 de julio, las fuerzas
rebeldes darán otro golpe importante en
Meriño y privarán también al enemigo de
la iniciativa estratégica en el sector
noroccidental. La única otra acción
ofensiva en esta zona será la ocupación
de Minas de Frío el día 13.
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En La Plata, Camilo dirigía la
defensa del sector nordeste. |
Por
tanto, puede afirmarse que a partir del
28 de junio se inició una segunda etapa
en la ofensiva enemiga, caracterizada
por la contención de esta por nuestras
escasas y pobremente equipadas fuerzas.
La segunda etapa, a los efectos
historiográficos, se extiende hasta el
11 de julio. Ese día, el comienzo de las
acciones en Jigüe que conducirán a la
rendición del Batallón 18 y a la
liquidación de los refuerzos enviados
para auxiliarlo, marcó el inicio de la
tercera etapa, que será la final de este
proceso, y que se caracterizará por el
despliegue ya incontenible de la
contraofensiva rebelde en los tres
sectores de las operaciones hasta la
derrota terminante del enemigo y su
salida de la Sierra Maestra.
Yo
estaba convencido de que Sánchez
Mosquera, a pesar de la derrota recibida
entre los días 28 y 30 de junio, no iba
a permanecer inactivo. No sería
consecuente con todo lo que se decía de
él si se mantenía en una posición pasiva
después del golpe potencialmente
desmoralizador que acabábamos de darle.
Además, tampoco era concebible que,
después de llegar hasta allí, abandonara
la pretensión de seguir avanzando hasta
coronar el firme de la Maestra en la
zona del alto de El Naranjo, con lo cual
se colocaría al alcance de las
instalaciones de la Comandancia de La
Plata.
Por
tanto, ordené a todos los pelotones que
habían participado en la acción contra
el campamento enemigo que reasumieran
sus posiciones anteriores, en caso de
que se hubiesen movido de ellas, las
cuales estaban concebidas a manera de
semicírculo desde Pueblo Nuevo, pasando
sobre el río Yara al este de Santo
Domingo, hasta Leoncito, sobre el propio
río, al Oeste. En las primeras horas de
la mañana del día 1ro. de julio, todas
las fuerzas rebeldes se habían
reposicionado de acuerdo con este plan.
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El combatiente rebelde Braulio
Curuneaux, experto tirador de la
ametralladora calibre 50 |
El
pelotón de Lalo Sardiñas se ubicó
nuevamente en Pueblo Nuevo, con la
intención de contener cualquier intento
enemigo de penetración río arriba en
dirección a Santana o La Jeringa. Ese
mismo día, por cierto, firmé una orden
en la que, en reconocimiento al
extraordinario papel desempeñado por
Lalo durante los tres días de acciones
en Santo Domingo, decretaba la amnistía
del juicio contra él —que había quedado
pendiente para cuando concluyera la
guerra, por la actuación excesivamente
violenta que tuvo en octubre de 1957 al
requerir a un soldado por una falta
disciplinaria, de la cual resultó la
muerte involuntaria del combatiente—, y
disponía la restitución de su grado de
capitán. Era un acto de justicia hacia
uno de nuestros más aguerridos y
competentes jefes, quien había sido un
factor decisivo en el exitoso desenlace
de lo que en ese mismo documento
califiqué como "la más resonante
victoria rebelde desde que comenzó la
guerra".
A
la izquierda de Lalo, cubriendo la falda
del firme de El Naranjo que da para el
arroyo de Los Mogos, volvieron a
ubicarse la escuadra de Zenén Meriño y
el pelotón de Andrés Cuevas, pero este
último fue movido por mí hacia La Plata
al día siguiente, pues quería utilizarlo
en algún otro sector donde fuese más
necesario. A continuación, ya en el
mismo firme de El Naranjo, mantenía sus
posiciones el grupo al mando de Huber
Matos y, a la izquierda de este, la
escuadra de Braulio Curuneaux con la
ametralladora 50. Del otro lado del
arroyo de El Naranjo, en la falda del
firme de Gamboa, Félix Duque se colocó
de nuevo con su escuadra. Daniel quedó
más arriba, muy cerca del firme, en un
lugar que los combatientes de su grupo
bautizaron como el alto de La Pulga; era
una reserva operativa capaz de actuar
según las circunstancias.
Esa
misma mañana, el enemigo realizó un
tanteo en dirección a las posiciones de
Duque en el estribo de Gamboa. Al
amanecer, previendo ese movimiento —que
me parecía el más lógico— avisé a Duque
de la posibilidad del avance desde Santo
Domingo en su dirección, y le mandé a
decir a Curuneaux que si advertía
semejante desplazamiento no hiciera nada
hasta que los guardias no chocaran con
la tropa de Duque. Yo estaba seguro de
que las fuerzas rebeldes en el firme de
Gamboa eran lo suficientemente sólidas
como para frenar el golpe enemigo, lo
cual nos permitiría maniobrar con la
gente de Huber Matos, apoyada por la
ametralladora de Curuneaux —que se
subordinaba al puesto de mando— para
cortar a los soldados por su retaguardia
y hacerles una pequeña encerrona.
Curuneaux, sin embargo, comenzó a
hostigar a los guardias desde que se
percató de su movimiento por el firme de
Gamboa. En definitiva, la fuerza enemiga
—posiblemente un pelotón— no llegó a
chocar con Duque y regresó a Santo
Domingo dos horas después. De manera
evidente, se trataba de una finta de
Sánchez Mosquera para descubrir nuestras
defensas en esa dirección.
Entre los documentos de ese día se
conserva una nota de Curuneaux en la que
me rendía cuenta minuciosa de las balas
gastadas. Vale la pena citarla a manera
de ejemplo del control estricto que
exigíamos a nuestros capitanes: "En el
ataque de ayer le hice al enemigo 476
disparos, que unidos a los 275
anteriores suman 751, quedando por tanto
349 tiros". Seguidamente, me pedía 162
tiros que había dejado en la casa del
Santaclarero. Le respondí que debía
mantenerlos allí como reserva.
En
los días siguientes, los guardias se
limitaron a moverse por los alrededores
de su campamento y, cuando más, entraban
y salían del caserío de El Naranjo, a
veces a la vista de nuestras posiciones.
Se mantuvo contra ellos un hostigamiento
permanente, con disparos esporádicos de
fusilería y un tiro de Curuneaux con la
calibre 50, cada media hora más o menos.
La intención era más psicológica que
otra cosa: debían saber que seguíamos
allí cuidando el acceso a la Maestra.
El
día 3, en vista de la inacción en este
frente y de los movimientos
desarrollados por la agrupación enemiga
que había logrado finalmente ocupar San
Lorenzo el día 1ro., me trasladé hacia
Minas de Frío y dejé a Camilo con la
responsabilidad de la coordinación de la
defensa en este sector.
Al
otro día mandé a buscar a Lalo con su
personal para que participara en la
emboscada que preparaba a la compañía
del Ejército que había penetrado en
Meriño. La tropa de Lalo era la única
que no estaba en una posición defensiva
en el sector de Santo Domingo, sino de
ataque. Orienté, entonces, a Camilo que
cubriera con la escuadra de Zenén Meriño
el camino que subía desde Pueblo Nuevo
hacia el firme, y que vigilara bien los
movimientos de los guardias en ese
flanco. La situación operativa en aquel
momento permitía lo que pudiera parecer
como un debilitamiento de la línea de
contención en su extremo derecho, puesto
que en caso de que el enemigo intentara
de nuevo avanzar río arriba, la única
disposición que habría que tomar era la
de vigilar con atención su movimiento y
fortalecer la defensa del camino que
subía al firme desde Santana. Sin
embargo, yo estaba convencido de que el
próximo intento de Sánchez Mosquera iba
a ser por el firme de El Naranjo o por
el mismo de Gamboa, por donde había
tanteado el día 1ro.
El
sábado 5 de julio, los guardias de Santo
Domingo se movieron de nuevo, y fueron
rechazados de forma fácil por los
rebeldes en la subida de El Naranjo. El
enemigo sufrió cuatro bajas y abandonó
un fusil Springfield y 350 tiros. Ese
mismo día, en El Naranjal, Ramón Paz
rechazó definitivamente el avance
enemigo del Batallón 18 desde el Sur.
En
vista de estos acontecimientos, le
indiqué a Camilo que ordenara el
traslado del pelotón de Guillermo García
—el cual cubría, en el alto de San
Francisco, los accesos a la zona de La
Jeringa y las cabezadas del río Yara
desde el Norte— hacia La Plata, y de
allí a donde yo estaba, para recibir
instrucciones. También mandé a buscar a
Curuneaux y su ametralladora. Para
compensar este último movimiento, Camilo
trasladó el pelotón de reserva de Daniel
más abajo, y reforzó con algunos de los
hombres de esta tropa la línea rebelde
en la loma de Sabicú. Después de
intervenir en la acción de Meriño el día
8, Curuneaux fue enviado por mí de
regreso al firme de El Naranjo, a donde
llegó justo a tiempo para ocupar su
posición anterior a la izquierda del
alto de Sabicú.
Sánchez Mosquera lanzó finalmente, el
miércoles 9 de julio, su intento de
asalto al firme de la Maestra. Desde el
amanecer, la vanguardia enemiga comenzó
a subir por toda la falda de Sabicú. De
nuevo, el sanguinario oficial demostró
ser también el jefe más capaz. Sus
hombres no se desplazaron por camino
alguno, sino por dentro del monte, ni lo
hicieron en formación lineal, sino
desplegados a lo largo de un frente
relativamente extenso. La artillería
enemiga disparó de manera incesante
sobre la loma, mientras la aviación
ametrallaba y bombardeaba el área donde
los mandos de la agrupación enemiga
presumían que debían estar las
posiciones defensivas rebeldes. Ese día,
muchos de los combatientes contemplaron
por primera vez los terribles efectos de
las bombas incendiarias de napalm,
suministradas al Ejército de la tiranía
por los Estados Unidos.
Sin
embargo, las posiciones rebeldes
resistieron con firmeza la acometida. El
enemigo llegó hasta el mismo alto de
Sabicú, y allí chocó con las fuerzas de
los tenientes Dunney Pérez Álamo y
Geonel Rodríguez, reforzadas con
personal de Daniel y apoyadas por la
ametralladora de Curuneaux, que estaba
todavía allí, y la escuadra que, bajo el
mando de Huber Matos, se había mantenido
en el flanco izquierdo de la línea
rebelde en el firme de El Naranjo.
Se
combatió tenazmente durante más de dos
horas. Después de un momento de relativa
calma, la lucha se reanudó con mayor
violencia alrededor del mediodía. Al
cabo, el Ejército se replegó y regresó a
Santo Domingo después de sufrir un
número indeterminado de bajas y dejar
abandonados varias armas y bastante
parque.
El
Combate de El Naranjo tuvo una
significación mucho mayor que lo que
pudieran indicar sus resultados
concretos, en términos de bajas y botín
ocupado. Representó el último esfuerzo
del fuerte contingente enemigo
estacionado en Santo Domingo por seguir
avanzando hacia el corazón rebelde.
Téngase en cuenta que, en ese momento,
esta era la tropa enemiga más peligrosa
para nosotros por varias razones: era la
que estaba más cerca de La Plata, una de
las más numerosas y mejor equipadas, y
la que contaba con el jefe más decidido
e inteligente. Sin embargo, todos estos
factores, aparentemente favorables, se
estrellaron contra la resistencia de un
puñado de combatientes bien preparados,
decididos a luchar hasta el final para
impedir el avance enemigo en esa
dirección.
No
hay que desestimar tampoco el hecho de
que los golpes recibidos por esta tropa
en la primera Batalla de Santo Domingo,
pudieran haber creado un ambiente
derrotista y cierta desmoralización
entre los soldados y, sobre todo, en su
engreído jefe. El hecho fue que, después
del día 9, Sánchez Mosquera no hizo el
menor intento de moverse en dirección
alguna hasta que recibió la orden
perentoria de abandonar Santo Domingo el
día 26. Esta inercia me permitió
trasladar de nuevo hacia otros sectores
a Curuneaux y otros combatientes
rebeldes que cubrían este frente, que
quedó protegido durante todo ese tiempo
por las escuadras de Duque, Geonel
Rodríguez, Zenén Meriño, Huber Matos y
Álamo, y por el personal de reserva de
Daniel en el firme de El Naranjo.
Pocos días después del Combate de El
Naranjo, el borde externo de este frente
quedó cubierto con varias escuadras y
grupos de las Columnas 3 y 4, al mando,
respectivamente, de los comandantes Juan
Almeida y Ramiro Valdés, quienes fueron
distribuidos por Camilo en Agualrevés,
La Jeringa, el llamado cruce de Lima, el
punto de la Maestra donde el camino del
firme es interceptado por el que viene
de Palma Mocha, por la subida de Santana
y otros puntos de la Maestra.
El
personal del firme de El Naranjo mantuvo
sus posiciones a pesar del embate
constante de la aviación, que se empleó
a fondo en la zona durante todos estos
días, y del incesante fuego de morteros
realizado por el enemigo desde Santo
Domingo. Fue uno de esos obuses de
mortero 81, lanzado al rumbo, el que
vino a caer el día 11 directamente
encima del caballete de la casa de un
colaborador campesino, en la falda de la
loma de Sabicú opuesta al campamento
enemigo, en el momento en que el
combatiente Juan de Dios Zamora,
auxiliado por las también combatientes
Rita García y Eva Palma, cocinaban el
almuerzo de las fuerzas rebeldes. La
explosión mató de manera instantánea al
cocinero e hirió de extrema gravedad al
capitán Geonel Rodríguez y al teniente
Carlos López Mas, conocido por Carlitos
Mas, quienes se encontraban descansando
en la casa. Conducidos rápidamente a la
Comandancia de La Plata, los dos
combatientes fueron operados de urgencia
por los cirujanos rebeldes, pero la
hemorragia interna resultó incontenible
y ambos murieron.
Radio Rebelde informó con pesar, el día
12, la muerte de Geonel y su entierro en
suelo rebelde. Era una pérdida
particularmente dolorosa la de este
joven estudiante de ingeniería,
colaborador del Che en la creación de
El Cubano Libre, el primer periódico
guerrillero en la Sierra Maestra;
combatiente modesto y valeroso, quien
caía abatido, no por el fuego
concentrado de un combate, sino por un
azar infortunado. Todavía hoy se
conserva su tumba a la entrada de la
Comandancia de La Plata, donde
permanecen los restos que su madre
anciana nunca quiso reclamar, para que
reposaran por siempre allí, en la tierra
por cuya defensa entregó su vida
generosa. En la rústica cruz que los
señala fue clavado el plato de campaña
de Geonel, grabado por sus propios
compañeros en homenaje a su memoria.
Salvo este lamentable incidente, nada
extraordinario ocurrió en este frente
durante los días en que se desarrolló la
Batalla de Jigüe. Mi atención se
concentró en lo que constituyó el
objetivo prioritario para nuestras
fuerzas en ese momento: la derrota del
batallón cercado por el Sur. Mientras
tanto, me mantuve en comunicación
constante con Camilo, quien desde La
Plata dirigía la defensa del sector
nordeste, mientras el Che aguantaba al
enemigo en la zona de Minas de Frío.
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