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Las
elecciones de mitad de mandato
Obama en
la picota y el caos electoral
RAMÓN SÁNCHEZ-PARODI
MONTOTO
Los medios de
difusión digitales, escritos, radiales y
televisivos de Estados Unidos centran su
atención en lo que de manera unánime
pronostican como una derrota política
sustancial para Obama y sus partidarios
en las elecciones de mitad de mandato
presidencial, que tendrán lugar el
próximo 2 de noviembre.
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Las elecciones del próximo 2
de noviembre ponen en juego
los puestos de los 435
miembros que integran la
Cámara de Representantes y
la tercera parte del Senado
del Congreso de los EE.UU. |
Los augures
políticos más severos consideran que el
Partido Demócrata perderá la mayoría de
escaños conquistada en el 2008 en la
Cámara de Representantes y hasta la del
Senado y, en consecuencia, el presidente
Obama perderá la capacidad de imponer su
agenda legislativa en la parte segunda y
final de su mandato.
El mayor
atractivo de las tradicionales
"elecciones de mitad de mandato" radica
en que se eligen los 435 miembros que
integran la Cámara de Representantes y
la tercera parte (en esta ocasión son en
realidad 36 escaños), del Senado.
Además, también corresponde la elección
de los gobernadores de 37 estados.
En un segundo
escalón, miles de cargos ejecutivos y
legislativos en el ámbito de los
estados, condados, ciudades y pueblos y
otras divisiones administrativas
políticas secundarias, serán sometidos a
la decisión del voto popular. Pero en
estos casos el interés por sus
resultados no sobrepasa las fronteras
locales, excepto en lo relacionado con
el control de las asambleas u órganos
legislativos en aquellos pocos estados
que deberán definir los nuevos límites
de los distritos electorales, porque
perderán o ganarán algunos en
dependencia del reordenamiento de los
distritos, en función de los resultados
del nuevo censo de población.
Pero
acontecimientos y factores acaecidos en
las semanas y meses más recientes,
resultantes de errores de cálculo,
inexperiencia, chapucerías o cuestiones
de simple falta de habilidad, honestidad
o sensibilidad política por parte de los
elementos conservadores más extremos
(especialmente del Tea Party) han
provocado que a pesar de la certeza en
una derrota demócrata, muchos
especialistas y conocedores de la
política norteamericana, incluyendo
afiliados y líderes, tanto demócratas
como republicanos, estén ahora pensando
que la sangre demócrata no llegará en
esta ocasión al río republicano y que el
partido del presidente podrá aferrarse a
una mínima mayoría en cada una de las
cámaras en el nuevo Congreso.
Sean mayores o
menores las pérdidas demócratas el
próximo 2 de noviembre, a partir del
2011 Obama se enfrentará a una fuerte
oposición republicana en el nuevo
Congreso con fuerte presencia de
elementos conservadores extremos y
tendrá que despedirse de cualquier
ambición de llevar adelante cambios aún
pendientes de sus promesas electorales
del 2008.
Más allá de
triquiñuelas políticas, millonarios
gastos sin precedentes para este tipo de
proceso en anuncios y propaganda
electoral, de los usuales insultos,
difamaciones y mentiras, hay razones de
fondo y más profundas que determinan la
agudización de las confrontaciones y la
polarización de los extremos políticos.
La esencia está
en el caos económico, social y político
del actual momento histórico de la
sociedad norteamericana. En la campaña
electoral del 2008, Obama captó la
imaginación y la voluntad de millones de
norteamericanos con la consigna de
cambios consecuentes con las
aspiraciones y demandas de la población.
La propia Michelle Obama, en discurso
pronunciado el 2 de noviembre del 2008,
dos días antes de que su esposo fuese
electo como el primer presidente de
origen afro americano en la historia de
Estados Unidos, caracterizó la
estrategia electoral empleada:
"Barack ha
erigido una de las más poderosas
organizaciones políticas, reclutando
millones de gente de diferentes orígenes¼
Barack ha contribuido a unir un partido
que algunos decían que no podía ser
unificado¼
lo ha hecho con delicadeza y equilibrio
y honestidad y respeto y consistencia".
El desempeño de
Obama como presidente no ha estado a la
altura de las palabras de Michelle ni de
las expectativas de quienes votaron por
él. Desde el principio prefirió la
conciliación, el compromiso y las
concesiones con tal de lograr que el
Congreso aprobara sus ideas de reformas,
aunque al final las mismas estuvieran
lejos de las aspiraciones de la
población. Así ocurrió cuando negoció
con las empresas farmacéuticas, con las
de seguro, con los gremios médicos y
hasta con las monjas católicas, a todos
los cuales hizo concesiones en el
proyecto de reforma de salud dando como
resultado un "Frankestein" que no
convenció ni a tirios ni a troyanos. O
cuando negoció con los ejecutivos de las
empresas automotrices el plan de rescate
de la industria; o con los banqueros el
plan de reorganización del sistema
financiero; o el rescate de los bancos
que se hundieron por las aventureras
prácticas de las hipotecas de las
viviendas.
Los errores, la
ineficiencia y la incapacidad de Obama
durante su desempeño como presidente en
estos dos últimos años, lo llevó como
moderno Penélope a destejer la coalición
que con habilidad y sensibilidad
políticas había logrado durante la
campaña electoral del 2008. Muchos
demócratas optaron por distanciarse de
las políticas de Obama y de hecho se
vino abajo la coalición que el
presidente buscaba consolidar.
Estas
actuaciones del presidente
norteamericano provocaron la decepción,
la frustración y el desencanto entre los
sectores que lo apoyaron en el 2008;
envalentonaron, alentaron y dieron
argumentos para sostenidos ataques en su
contra por parte de los elementos
conservadores republicanos y, entre
otros efectos dieron pábulo al
surgimiento del movimiento Tea Party
entre los extremistas conservadores.
El movimiento
Tea Party es actualmente el grupo
más novedoso y dinámico en el panorama
político norteamericano; en años
anteriores han existido otros de similar
carácter, todos los cuales han tenido
efímera existencia y eventualmente
desaparecido frente al poder de los
partidos republicano y demócrata.
Esta corriente
política ultra conservadora comenzó a
tomar fuerza en Estados Unidos en el
verano del 2009 mediante actos locales
de repudio al plan de reforma del
sistema de atención a la salud promovido
por los demócratas, a lo cual se unía
también la expresión de rechazo a los
distintos planes de estímulo a la
economía, las prebendas otorgadas a los
banqueros tras el escándalo de la crisis
hipotecaria, la pretensión de
incrementar los impuestos a las personas
de altos ingresos y los macrodéficits
fiscales. Aunque se extendió rápidamente
por todo el país promocionado por la
Internet, el movimiento Tea Party
nunca ha alcanzado una estructura u
organización nacional. Se calcula
existen registrados unos 1 600 grupos,
cuya membresía oscila entre uno y varios
miles de miembros en cada uno, los que
actúan aisladamente entre si. Más de la
mitad no ejerce actividad política.
Los grupos
Tea Party, esencialmente
conservadores, han optado por actuar
dentro de la estructura republicana,
impulsando sus propios candidatos en
oposición a los candidatos propuestos
por el partido. Esta actitud, unida al
extremismo de sus posiciones está
afectando las posibilidades de triunfo
de varios de los candidatos republicanos
en algunas importantes contiendas para
elegir representantes o senadores,
disminuyendo las posibilidades de que
dicho partido logre conquistar la
mayoría del Congreso.
Como es usual en
estas elecciones de mitad de mandato, y
más aún en las del 2010 por las razones
antes apuntadas, la cuestión central
para los políticos es conquistar la
mayor cantidad de escaños posibles en el
Congreso y entre los gobernadores.
Como también es
tradicional, la mayor parte de los
sometidos a elección están sólidamente
asegurados por uno u otro partido. Por
tanto, la estrategia de cada partido
está en atacar los más vulnerables del
contrario y defender los suyos. Son los
llamados campos de batalla electorales.
Para el próximo
2 de noviembre se considera que
republicanos y demócratas en conjunto,
tienen unos 50 escaños de representantes
que pueden cambiar de bando.
Los republicanos
necesitan incrementar su bancada en 39
escaños para conquistar la mayoría en la
Cámara de representantes, pero de 257
escaños demócratas a defender, solamente
se considera que unos 45 están en riesgo
de ser perdidos. Es una batalla cuesta
arriba para los republicanos,
independientemente del momento político
que los favorece. Treinta de estas
contiendas tienen como escenario 15
distritos electorales en 12 estados del
sur y otros 15 distritos en nueve
estados del medio oeste. El resto se
disemina en otros 11 estados del
territorio continental y fuera del
territorio continental contiguo (quiere
decir Alaska y Hawai). Lo más probable
es que se imponga el poder de las
tradicionales maquinarias de los
partidos políticos; en todo caso, no es
de esperar que los republicanos lleguen
a obtener una mayoría sustancial.
La tarea para
los republicanos es aún más difícil en
cuanto a la aspiración de alcanzar la
mayoría en el Senado. De los 36 cargos
en disputa, los republicanos
necesitarían arrebatar a los demócratas
once de los 19 cargos que este partido
saca a elección y no perder ninguno de
los 17 cargos de senadores a elección
que hoy están en poder republicano. Se
consideran seguros seis de los escaños
ahora en manos demócratas, y otros dos
que se estima podrán continuar en poder
de ese partido, mientras que se especula
que hay cinco que los republicanos
pudieran sumar a sus filas y, de los
nueve donde la contienda está muy
cerrada, hay ocho que pertenecen al
Partido Demócrata. Mientras tanto, se
consideran de segura reelección los
candidatos republicanos en 11 de los 17
escaños que deben elegir, mientras que
cinco tienen posibilidad de ser ganados
por los demócratas y uno está en
situación muy reñida. Es decir, que los
republicanos tendrían que ganar todos
los escaños demócratas que están en
riesgo o muy reñidos y no perder ninguno
de los suyos en iguales situaciones para
poder lograr una mayoría de uno en el
Senado.
También es muy
disputada la situación en cuanto a los
37 gobernadores en contienda; 23
corresponden a demócratas y 14 a
republicanos. De ellos, los demócratas
podrían contar sólidamente con dos a su
favor y otros cinco que se inclinan en
su dirección (de ellos dos que están en
manos republicanas). Por su parte, los
republicanos tienen seis que pueden
ganar sin preocupaciones y otros 11
donde pudieran vencer, pero de ellos
solo seis son de demócratas. Por último,
de las 13 elecciones que se consideran
sin favoritos, seis son de demócratas y
siete de republicanos. Prácticamente es
una suma cero.
Estos son los
pronósticos en que existe, si no
unanimidad, al menos un consenso entre
los analistas. Son infinitas las
variables que determinarán los
resultados, pero es evidente que estas
elecciones no resultarán una victoria
por nocao para ninguno de los partidos.
En todo caso, se puede pronosticar que
habrá una victoria por puntos para los
republicanos y, cuando más, los
demócratas pueden aspirar a alcanzar
tablas.
Sumido el país
en la peor crisis económica en 80 años,
con niveles de desempleo o subempleo
perniciosos y persistentes que alcanzan
a la quinta parte de la población
económicamente activa del país; con
inseguridad acerca del futuro de
derechos adquiridos como la atención a
la salud o la seguridad social;
amenazado por los efectos del cambio
climático, la competencia económica de
potencias emergentes como China, la
posibilidad de una suicida guerra
nuclear, temerosos de la entrada de
inmigrantes latinos y asiáticos, "el
sueño americano" se ha convertido para
los ciudadanos norteamericanos en una
"pesadilla despierta" y solamente se
consigue "soñar" dormido.
Obama ha cargado
al país con dos guerras. Una, en Iraq
que se mantiene activa a pesar de que en
dos ocasiones se le ha dado por
concluida: cuando Bush decidió que la
misión había sido "cumplida" y, después,
cuando Obama declaró que habían
finalizado las acciones combativas de
las tropas norteamericanas. Otra, el
conflicto de Afganistán que Obama
calificó como una "guerra necesaria",
que se ha convertido en "la guerra de
Obama", ha provocado la división entre
la Casa Blanca y los militares y lo
perseguirá como un fantasma durante el
resto de su mandato presidencial y hasta
en el segundo, si resultase reelecto.
Ni los líderes
demócratas ni los republicanos asumen la
responsabilidad de enfrentar al país con
la verdad de que ha pasado el momento
del auge del poderío mundial
norteamericano. La población de Estados
Unidos debe entender que ahora es
necesario ajustar sus sueños de
grandeza.
Concluimos esta
evaluación de la situación electoral en
Estados Unidos extrapolando lo que José
Martí expresara sobre nuestras sufridas
repúblicas en el ensayo Nuestra
América, publicado por primera vez
en La Revista Ilustrada de Nueva York
el 10 de enero de 1891:
"El gobierno ha
de nacer del país. El espíritu del
gobierno ha de ser el del país. La forma
del gobierno ha de avenirse a la
constitución propia del país. El
gobierno no es más que el equilibrio de
los elementos naturales del país¼
Se ha de tener
fe en lo mejor del hombre y desconfiar
de lo peor de él. Hay que dar ocasión a
lo mejor para que se revele y prevalezca
sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece.
Los pueblos han de tener una picota para
quien les azuza a odios inútiles; y otra
para quien no les dice a tiempo la
verdad". |