Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      

     

I N T E R N A C I O N A L

La Habana, 14 de Septiembre de 2012

 

¿Y la guerra de Afganistán?

Enrique Román

Un tema está prácticamente ausente en la agenda de los candidatos presidenciales en Estados Unidos: la guerra de Afganistán.

La guerra de Afganistán tiene la curiosa propiedad de desaparecer con frecuencia de los titulares de la prensa, a pesar de ser la más larga que hayan emprendido los Estados Unidos y de haber costado hasta hoy medio millón de millones de dólares, haber cobrado la vida de dos mil soldados estadounidenses y casi mil de la coalición que le acompaña. Y de decenas de miles, o más, de afganos, combatientes o no.

Emprendida para desmontar las fuerzas de Al Qaeda y encontrar a Bin Laden, se convirtió en una gigantesca operación para derrotar al movimiento talibán --que no era un movimiento antinorteamericano, y que aparecía ante sus seguidores como un movimiento de liberación de larga historia contra la ocupación soviética y de recuperación del poder perdido por la etnia pashtun, a la que pertenecen, frente a las otras muchas que conforman el conglomerado étnico afgano.

Retirados los talibanes, puesto en el poder un jefe menor pashtún – Hamid Karzai --, incumplida la meta de encontrar a Bin Laden, la guerra, que ya suponía la presencia de 100 000 soldados de Estados Unidos en el terreno y otros 40 000 de otros países de una súbitamente armada coalición (¿sabía usted que Nueva Zelanda, Islandia o Tonga tienen tropas en Afganistán? Bueno, y Luxemburgo), la guerra cayó en un virtual empantanamiento. Y en el olvido: Iraq era la verdadera meta para los neoconservadores del gobierno de Bush.

El olvido tuvo sus costos. Al llegar Barack Obama al poder, los talibanes habían resurgido y controlaban más de la mitad del país, el gobierno Karzai se hundía en un mar de acusaciones de corrupción de alto nivel y, aunque Al Qaeda había desaparecido del mapa afgano (había hecho metástasis en otros países como Yemen), Bin Laden y su paradero seguían siendo un enigma.

Y ya no se sabía bien cuál era el objetivo de la guerra: ¿lucha contra el terrorismo? ¿Impedir el regreso de los talibanes? O lo más ilusorio: ¿construir un estado centralizado, un estado contra natura, en un país tribal y multiétnico, sometido a la influencia de Pakistán, Irán, Tadjikistán, Uzbekistán y hasta China y la India? No obstante, Obama decidió el envío de 30 000 hombres adicionales, la OTAN extendió su presencia hasta el 2014 y se anunció la estancia de una buena parte de los ocupantes hasta fecha tan lejana como 2020 o más.

Así las cosas, la situación real y perspectiva no estimula a los candidatos a hablar de Afganistán.

Si bien las operaciones militares --en medio de escándalos como los insultos del jefe de las tropas estadounidenses McChrystal al propio presidente Obama— han desplazado a los talibanes de algunas regiones, no hay señal alguna de que sus fuerzas hayan mermado ni se dispongan a abandonar las armas. Sus contactos con Estados Unidos --no quieren hablar con Karzai-- no han dado resultado y sus líderes han prometido: "Nuestra lucha armada se incrementará".

De acuerdo con fuentes estadounidenses, el nivel de violencia este año ha sido un quince por ciento mayor que en la misma fecha del año pasado. Los santuarios talibanes en Pakistán, permanecen prácticamente intactos.

El nuevo ejército afgano, cuyo entrenamiento es la principal justificación para una presencia militar extranjera prolongada, es una enorme masa fragmentada por su estructura étnica y tribal, que definirá sus lealtades futuras una vez solos en su país, y preparadas por militares extranjeros que no tienen comprensión de las complejidades culturales de ese país. Si algunas noticias ha habido de Afganistán en los últimos días, han sido la muerte de soldados norteamericanos a manos de elementos de ese ejército.

Está prevista la partida de 33 000 mil soldados de Estados Unidos a fines del 2012. Aún quedarán cerca de 100 000, norteamericanos y del resto de la OTAN. La guerra seguirá alargándose. "La posibilidad de Estados Unidos de llevar la guerra a una conclusión exitosa en el campo de batalla es cero en este momento", afirma Stephen Biddle, profesor de Ciencias Políticas en la universidad George Washington.

En las pocas menciones recientes del presidente Obama, el 22 de junio, habló con desgano del tema pero con realismo. En esencia: Bin Laden murió, Al Qaeda en Afganistán está a la desbandada y las tropas pueden comenzar a regresar.

Con un ritmo u otro, agregaríamos nosotros. Podrían falsamente cantar victoria y declarar concluida esta guerra extraña y cruel. Afganistán seguiría inmerso en una interminable guerra civil, que la intervención extranjera no ha hecho sino atizar. Y volvería a su condición de país olvidado, decimada su población, devastado por más de una década de ocupación y más de 30 de guerras diversas.

El silencio de los dos candidatos presidenciales anuncia que, para Estados Unidos, Afganistán volverá a ser el remoto y empobrecido país que siempre fue, cuyo único interés vital fue haber albergado a los autores de los atentados del 11 de septiembre. Y las tropas de Estados Unidos y sus aliados serán otro más de los numerosos ejércitos extranjeros que han debido marcharse, con la cabeza baja y llevándose sus muertos de este indoblegable país.
 

 

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