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E P O R T E S |
La Habana, 7 de Agosto de 2012 |
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Yarisley
Silva: ¡4.75 metros de plata!
Ariel B. Coya, enviado especial
LONDRES.— Fue una noche, fría y
luminosa, la que vio a la pertiguista
cubana Yarisley Silva elevarse sobre el
aire y rozar el cielo, con una medalla
de plata que casi, casi, sabe a oro.
De
repente, la tarde se había ido cubriendo
de nubes. El viento soplaba,
desapacible. Pero los 80 mil
espectadores que cotidianamente llenan
el Estadio Olímpico de Stratford estaban
asistiendo a una demostración práctica
de los rasgos que definen una batalla
olímpica en el salto con garrocha. "Una
lucha mental", como la definió luego la
estadounidense Jennifer Suhr. Contra los
elementos. Entre tres mujeres.
Solo quedaban en pie —buscando los
4.75— Suhr, subcampeona en Beijing y
nueva reina bajo los cinco aros; la rusa
Elena Isinbayeba, mejor pertiguista de
todos los tiempos que buscaba ser la
primera atleta que gana tres oros
seguidos en la misma prueba, ¼
y la cubanita Silva. Pocos lo hubieran
imaginado. Pero allí estaba ella. Y
oteaba el cielo.
El año pasado, en el Mundial, ya
había avisado con un 4.70 que la dejó a
las puertas de las medallas (quinta). Y
luego, en Guadalajara, la apoteosis: los
4.75 con que implantó un récord nacional
y superó a la monarca del orbe, la
brasileña Fabiana Murer.
"Muy feliz por haber logrado mi
sueño. Esta medalla, aparte de mi
familia y mis amistades, es una de las
cosas más lindas que me ha pasado. Y
realmente me siento muy orgullosa".
Frío
en el aire, frío en el ambiente. La
cubana supo imponerse a esa fría guerra
de nervios y volvió a desafiar la
gravedad, mientras Isinbayeba (4.70),
como en Beijing, se refugiaba en una
toalla. La rusa buscó desesperada los
4.80, pero se fue de vacío y lloró
desconsolada en el hombro de su
entrenador, al quedar con un bronce.
Ayer, Silva, estuvo a punto, a
escasos centímetros, de superarse de
nuevo, en las condiciones adversas, pero
con esos 4.75 igualó su propio récord, y
conquistó una presea de plata. De una
talla extraordinaria.
SUPER FÉLIX Y EL CARIBE BRILLAN
No fue, sin embargo, la única
apoteosis del atletismo, pues el día
después que Bolt y Blake hicieron vibrar
a Jamaica, haciendo el 1-2 en el
hectómetro, el Caribe siguió de fiesta.
A sus 35 años, Félix Sánchez, Súper
Félix, resurgió como el ave Fénix de sus
cenizas en los 400 metros con vallas,
para convertirse en el único dominicano
con dos medallas de oro en los Juegos.
No fue fortuito. En las dos rondas
anteriores había sido igual el más
rápido y ayer cubrió la distancia en
47.63 segundos, su mejor marca desde
Atenas 2004, mientras un discípulo suyo,
el boricua Javier Culson (48.10),
también hacía historia, al lograr para
Puerto Rico una presea olímpica fuera
del boxeo.
Por si fuera poco, para Dominicana,
Luguelín Santos (44.46) obtuvo la plata
en los 400 m planos, en los que el
campeón mundial Kirami James (43.94) le
dio a Granada su primer título en un
podio totalmente caribeño, con el
trinitario Lalonde Gordon (44.52) como
tercero, y un hecho inédito: Por primera
vez no se clasificaron estadounidenses a
la final, pese a que los últimos siete
campeones olímpicos de los 400 habían
sido de Estados Unidos, desde Los
Ángeles 1984. El Caribe gobierna la
velocidad en Londres con un absolutismo
que va más allá de las simples marcas o
títulos. |
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