|
|
|
D
E P O R T E S |
La Habana, 13
de Agosto de 2012 |
|
|
|
La
batalla de Londres fue una hazaña
Pudimos
y podemos hacer más
OSCAR SÁNCHEZ SERRA
Cuba fue la única que puso la
presencia de Latinoamérica y el Caribe
entre los 15 primeros pabellones del
concierto más exigente del mundo
deportivo, en el que concursaron 204
naciones..
|

Liván López mostró la
combatividad de los
campeones. |
Tal hazaña, en medio de un mapa
atlético mundial, que es uno de los más
fieles reflejos de lo que ocurre en el
planeta, en el cual los ricos son pocos
y cada vez más ricos, y en consecuencia
obtienen más medallas, y los pobres son
muchos y cada vez más pobres,
"recompensados" con muchos menos lauros,
ilustran fehacientemente los esfuerzos
para conquistar esas cinco preseas de
oro, tres de plata y seis de bronce, en
la capital británica.
Pero esa cosecha es todavía más
meritoria porque en el universo
deportivo nada se parece a unos Juegos
Olímpicos, nada representa tanto para un
atleta que el título de esa competencia
cuatrienal.
Para apreciar en toda su magnitud la
batalla librada en Londres, apuntemos
que estos Juegos de la XXX Olimpiada,
son los quintos de forma consecutiva en
los que más de 50 naciones alcanzan
medallas de oro y la tercera ocasión en
la historia de estas citas (la segunda
de manera sucesiva) en las cuales más de
80 delegaciones logran preseas. Tan
difíciles se han tornado las lides por
el podio de premiaciones.
Ante tamaña exigencia, Cuba fue una
de las 23 comitivas con más de diez
podios y una de las 21 con preseas en
siete deportes o más.
Sin estas consideraciones previas,
cualquier análisis de la actuación
cubana en los Juegos londinenses,
carecería de objetividad. La Mayor de
las Antillas continúa siendo una
referencia del deporte mundial.
Pero no sería de verdadero actuar
revolucionario regocijarnos en los
logros, mucho menos autocomplacernos con
la destacada ubicación en el medallero,
que mejora 13 escaños en comparación con
Beijing, cuatro años antes. Si lo
hacemos, estaríamos olvidando aquellas
sabías líneas escritas por el Comandante
en Jefe el 25 de agosto del 2008,
tituladas Para el honor medalla de
oro, en las cuales expresó que " ¼
nos hemos dormido en los laureles", y
convocaba al análisis serio de cada
recurso puesto en función del deporte.
En consonancia con aquella alerta,
hay que decir que en estos Juegos,
volvimos a encontrar los mismos
problemas expresados en la cita china
con la forma deportiva. Por ejemplo, en
el orden físico, vimos frágil, una vez
más al judoca Oscar Braison, a la
mayoría de los botes del remo, y a las
tripulaciones femeninas del canotaje.
Desde el punto de vista táctico, se
evidenciaron dificultades en la lucha
femenina y en los libristas, también en
los boxeadores. En la técnica, las
jóvenes judocas tuvieron déficit.
Psicológicamente fue muy débil el
tenista de mesa Pereira, varios de los
representantes del atletismo, incluso,
los pugilistas.
Todo eso, por momentos, mostró a no
pocos de nuestros representantes faltos
de combatividad o de argumentos en sus
porfías, lo mismo en la lucha, judo,
boxeo, taekwondo, atletismo. Sobre la
forma deportiva, condición indispensable
y obligatoria para enfrentar tamaño
compromiso, hay que decir, además, que
antes de comenzar los Juegos se había
dicho que la delegación estaba al 100 %,
sin lesiones. Sin embargo, en el momento
cumbre, las molestias aparecieron como
un lastre pesado.
Un elemento clave que respalda una
condición óptima es la concentración
ante la competencia, por muy fuerte y
superior que sea el adversario. Y en
ello también tuvimos serios
contratiempos, incluso atletas cubanos,
justo antes de salir a la fraternal
lucha, fueron vistos haciendo
actividades que nada tienen que ver con
los Juegos y mucho menos con la
responsabilidad que significa defender
los colores patrios.
Es cierto que para el deporte cubano
la planificación de la puesta en forma
es compleja, pues por un lado la falta
de sistematicidad en competiciones
internacionales por problemas
financieros, y después la exigencia de
continuas participaciones en temporadas
muy largas, con el requisito de competir
con implementos altamente sofisticados
(lo mismo para el atleta que para
organizar una competencia), no están al
alcance de la mayoría de los países como
el nuestro.
Pero también es verdad, que hemos
retrocedido en aspectos que no dependen
de grandes erogaciones. Nuestra
prestigiosa escuela de boxeo brillaba
por el elemento técnico como excelencia,
haciendo uso de la mano delantera con
poderosos jab y en Londres, los
estilos europeos nos enredaron más de
una vez, por la carencia de esa valiosa
arma. Continuamos sin velocistas en el
atletismo, lo cual podemos solventar con
una estrategia en nuestras propias
escuelas, que también tienen que
convertirse en cantera de fondistas,
donde solo necesitamos del concurso de
los profesores y entrenadores ¼
y de trabajar duro.
Y hay otras tareas que sí cuestan,
pero en las que logramos fuerza y
tradición y ahora simplemente hemos
desaparecido como la esgrima o la
gimnasia, por mencionar dos campos, o el
hecho de que no logramos incluir a
ningún colectivo.
Si buscamos la razón por la que la
delegación a la capital británica obtuvo
diez medallas menos que cuatro años
atrás y solo posicionó a 38 de 110
atletas entre los ocho primeros,
exactamente el 35,4 %, hay que
obligatoriamente ir a la insuficiente
presencia del deporte en la base, la
escuela, la comunidad. Si no tenemos un
verdadero movimiento deportivo en casa,
no hay fórmula capaz de tener un
resultado mejor.
La prueba de que contamos con lo más
importante, el material humano y la
capacidad de nuestros entrenadores, es
la hazaña de incluirnos, aun con todos
estos problemas, entre los 15 primeros
del mundo.
Hoy, cuando el país se hincha de
orgullo por sus medallistas dorados,
plateados y bronceados, también premia a
Hanser García, que nos puso a nadar a
todos, más que con técnica con su
hidalguía; al clavadista José A. Guerra,
a quien da gusto ver competir; a las
corajudas Yarelis y Yipsi, porque con
ellas jamás nos sentimos derrotados; a
la maratonista Dailín Belmonte, ella
mostró la vergüenza y entereza
deportiva, llegó 70, pero llegó, no se
rindió; a las ciclistas Lisandra Guerra
y Marlie Mejías, que derrocharon valor
ante oponentes de mucha valía; lo mismo
que Yunior, Isaac y Balart, en la lucha
greco; a la canoa de Serguei y Bulnes,
que pasaron por encima de una varicela
del primero, para regalarnos un sexto
lugar heroico; al coraje de los
boxeadores Veitía y Larduet, porque lo
pusieron todo en cada golpe.
Y es que la medalla más grande que
este pueblo exige es la de no cejar
jamás en el empeño, como lo hizo el
luchador de libre, Liván López en el
cierre cubano de la batalla de Londres.
Cuando todo parecía perdido, después de
enfrentar al campeón del mundo y al
subtitular del orbe decidía el tercer
puesto ante el medallista de bronce del
planeta; faltándole diez segundos, sacó
la fuerza que solo tienen los que no
abandonan un propósito para mostrarle al
mundo la mejor acción del torneo de
gladiadores y darle a Cuba la medalla
que la sembró en el puesto 15.
Otra presea que
no se disputó en los Juegos, pero que
hizo de Cuba a una protagonista de lujo,
fue la cobertura, televisiva, radial y
de la prensa. El pueblo disfrutó de
lleno a sus deportistas, los acompañó en
cada esfuerzo, y por eso, al mismo
tiempo que canta cada triunfo, también
exige el análisis, pues sabe que pudimos
y podemos hacer más. |
|
|
|
|