SANTIAGO DE CUBA.— A los trepidantes
tambores del carnaval, la raigalidad de
la kalenda, la sabrosura del zouk y la
mezcla del beguine con el jazz y la
salsa, se ha sumado como valor sustancia
de la ofrenda martiniquesa a la Fiesta
del Fuego 2012, la impronta del arte
contemporáneo de sus pintores,
instalacionistas y fotógrafos.
Realmente deslumbrante, por el calado
conceptual de las propuestas y su
altísimo nivel de realización técnica,
resaltan las exposiciones Maditierra,
colectiva de seis creadores, y
Frontera caribeña, de Michael Caruge,
ambas acogidas por el Centro Provincial
de Arte, diligentemente conducido por la
artista santiaguera Gretel Arrate.
Siendo diversas las expresiones allí
desplegadas, todas, sin embargo,
coinciden en un punto: la elaboración de
un discurso crítico, y a veces
desgarrador, sobre la identidad
martiniquesa, isla que todavía responde
a un estatus colonial por mucho que
Francia la considere como territorio de
ultramar y región con relativa autonomía
en su gestión.
Esa condición gravita sobre el origen
y el destino de la creación visual, los
circuitos de legitimación y el sentido
de pertenencia de los artistas a una
realidad determinada. En el caso de los
que exponen en Santiago, todos viven y
trabajan en Martinica y defienden la
posibilidad de expresarse desde esa
matriz.
Hervé Beuze, en cuya obra es visible
su dedicación profesional a la
escenografía, resulta explícito en su
reafirmación identitaria, al asumir el
mapa de la isla como punto de partida de
sus composiciones.
Robert Charlotte fotografía con
pulcritud diríase aséptica, a los
personajes vinculados con la lidia de
gallos. Raymond Medelice, cercano a la
estética de Basquiat, se apoya en los
recursos gráficos para comunicar
diversos estados de ánimo. Helene
Raffestin encarna la perspectiva de
género, la mujer como objeto y sujeto de
consumo, en tanto Sentier trata de
pulsar en sus ejercicios panorámicos el
abigarrado paisaje físico y cultural de
la isla.
Este cronista pudo intercambiar con
uno de los seis creadores de la muestra
colectiva, Marc Marie Joseph, obsedido
con la memoria como factor dominante en
sus realizaciones: "No podemos perderla,
pues entonces no sabríamos guiar
nuestros pasos ni descubrir nuestra
manera de ser y sentir".
Joseph se presenta en Santiago con
piezas que recorren los caminos de la
economía de plantación y la industria
licorera, y las marcas controvertidas
pero auténticas que dejaron en la
cultura popular.
En cuanto a Frontera caribeña,
Michael Caruge desarrolla una secuencia
de cuadros en los que devela las
máscaras y simulaciones, pero también
las angustias y frustraciones de los
martiniqueses de la diáspora.