El espirituano parque Serafín
Sánchez, el mismo donde antes del
triunfo revolucionario de 1959 existía
una vergonzosa barrera que dividía los
espacios por donde debían pasar o
estacionarse negros y blancos, cobijó
por estos días, en su acción inaugural,
a los participantes del evento Voces de
la República, en su edición XIV, que
auspicia la Sociedad Cultural José Martí
de esa provincia.
Cuando la idea de crear el evento era
un sueño —expresó en las palabras de
apertura Juan Eduardo Bernal, presidente
de la Sociedad y mentor del foro—
alguien la desaprobó de antemano porque,
supuestamente, el periodo comprendido de
1902 hasta 1958 que contempla el espacio
en que se de-sarrolló la República,
también denominada con otros referentes,
no era más que "una etapa bochornosa de
la Historia de Cuba".
Quien así censuraba el proyecto no
tuvo en cuenta el cúmulo de valores
—díganse ideas, sentimientos,
personalidades, instituciones y cultura,
en el más amplio sentido del término—
que generó la triste realidad que sí
vivió el país por casi seis décadas,
a causa de los propósitos
expansionistas del gobierno interventor
de los Estados Unidos, cuyas garras
desangraron a una buena parte de la
juventud cubana que, enardecida, no se
resignó a aceptar la afrenta y pagó con
su vida el precio de combatirla.
Voces¼ no duda cuánto de esas
genuinas valías se ubican en ese tiempo
a cuyo estudio el propio evento convida.
Y sabiendo atinadamente lo provechoso
que resulta estudiar los errores del
pasado o conocer al dedillo aquello que
no debe volver jamás, exhorta a
desempolvarlos.
Por eso arrancó en el Parque y a la
luz del día, que dejó ver con nitidez un
panorama totalmente distinto al que
otrora contempló, con una enjundiosa
conferencia impartida por el doctor
Rolando Rodríguez, quien propuso a los
participantes una visión contemporánea
sobre el Movimiento de los
Independientes de Color, de cuya masacre
se cumplen ya cien años y cuyos gérmenes
deben ser conocidos por todos para
continuar luchando contra cualquier
vestigio de discriminación racial y
hacerlo bien.
Tres días de paneles y charlas
engrosaron el registro de estas Voces¼ .
La amistad bien defendida entre
Alejandro García Caturla y Guillén —cuyo
aniversario 110 también festeja el
coloquio— nos dejó ver al Poeta
Nacional, junto a Juan Marinello, en su
proyección contestataria ante el
asesinato del eminente músico. O el
naciente periodismo guilleniano en la
revista Lis, donde defendió
incansablemente el carácter mestizo y
mulato de nuestra cultura.
El estudio de la prensa de la época,
concebida para desinformar, como lo
hiciera el periódico burgués El
Villareño, de diez años de vida, y de
negación de hechos tangibles como las
acciones reales del Ejército Rebelde
liderado por el joven Fidel, llevado a
debate por uno de los ponentes, nos
estimula a hacer un periodismo más
participante y con nuevos bríos. Abundar
en figuras aparentemente secundarias,
sin cuyo apoyo tal vez no hubieran
brillado otras más significativas, es
también hacer justicia.