Un documento presentado por el
maestro Guido López Gavilán, presidente
de la Asociación de Músicos, dio pie a
un fecundo intercambio de opiniones, a
partir de la premisa de que la música
está presente directa o indirectamente
en gran parte de las expresiones del
arte, es mucho más que una simple fuente
de diversión, y circula en medio de una
realidad global determinada por las
reglas del mercado.
Entre los participantes en el Consejo
hubo consenso acerca de que la música
que conforma el entorno sonoro —la que
cotidianamente se escucha en
ambientaciones públicas, cafeterías,
centros nocturnos, festividades
populares, parte de los programas de
radio y televisión, en ómnibus, taxis y
hasta en no pocas escuelas y círculos
infantiles— presenta lamentablemente una
evidente carencia de valores que deriva
en una amplia gama de vulgaridades.
De manera puntual la doctora
Graziella Pogolotti se refirió a la
carga machista y sexista de las letras
de buena parte de los reguetones, el
crítico y semiólogo Desiderio Navarro
consideró que ante fenómenos de tal
naturaleza se asiste además a la
subversión de los valores éticos de
nuestra sociedad, lo cual es mucho más
grave cuando la difusión se lleva a cabo
desde los medios de comunicación; y el
maestro Frank Fernández situó la
dimensión del problema mucho más allá de
uno u otro género musical, sino como una
afectación cultural que a medida que
pasa el tiempo implica pérdidas en la
vida espiritual de los cubanos.
Entre las propuestas encaminadas a
despejar los obstáculos citados se halla
la sistematización del diálogo entre las
instituciones culturales y
educacionales, los medios masivos de
comunicación y los organismos del sector
turístico y que atienden los servicios
comerciales y gastronómicos y los
artistas, escritores, promotores y
críticos, aún cuando, como anunció
Orlando Vistel, presidente del Instituto
Cubano de la Música, esté en fase de
formulación una norma jurídica que
regula los usos de la música.
En otro orden, tanto Frank Fernández
como el maestro Jesús Ortega abordaron
la necesidad de cuidar los talentos y
los espacios en que se promueve la
música de concierto tanto en la capital
como en las restantes provincias del
país. Particularmente la maestra Digna
Guerra significó el contraste entre el
ascenso del movimiento coral cubano y
las dificultades con los locales de
ensayos de algunas de las agrupaciones
emblemáticas.
Justo en el capítulo de la incidencia
de las condiciones materiales en el
desempeño artístico y el fomento social
de un clima cultural propicio, la
situación más crítica la presenta
Matanzas, donde se ha prolongado hasta
el infinito la rehabilitación de la sala
White y no precisamente por falta de
financiamiento, sino por indisciplinas
en la ejecución constructiva.
En cuanto a la difusión musical en
los medios de difusión se viene
trabajando coordinadamente entre el
ICRT, el Ministerio de Cultura, el
Instituto Cubano de la Música y la UNEAC
por superar las deficiencias e
incoherencias de la programación.
El ministro de Cultura, Rafael
Bernal, aseguró que no basta con
identificar los problemas, sino se
impone el estilo que hoy va ganando
terreno en las instituciones culturales:
concretar acciones, prever soluciones y
planificar estrategias.