¡Cómo
negarnos al canto de África!
Pedro
de la Hoz
JOHANNESBURGO.— Salvo
contadas y esporádicas excepciones, en
Cuba poco se conoce del formidable
movimiento artístico africano
contemporáneo, inquietante paradoja si
se tienen en cuenta los fluidos vasos
comunicantes identitarios entre las
culturas de nuestros pueblos.
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Yvonne
Chaka Chaca, Sudáfrica. |
Al asistir a los eventos
musicales que acompañaron la realización
en esta ciudad de la Primera Cumbre
Global de la Diáspora Africana, recordé
algunos episodios aislados que
demuestran la cercanía de la
sensibilidad cubana ante visibles
demostraciones de las jerarquías
artísticas de este continente.
Miriam Makeba, la gran
diva de la canción sudafricana nos
sedujo con su Pata pata; en tiempos de
nuestra solidaridad combativa con el
pueblo angolano algunas canciones de
aquel país se hicieron populares en la
Isla; y en fecha más reciente la
conjunción de Eliades Ochoa con músicos
de Mali y el Congo le dio la vuelta al
mundo, como en décadas pasadas sucedió,
en menor escala, con la Orquesta Aragón
al colaborar con Papá Wemba y otros
cantores.
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Cesaría
Évora, Cabo Verde. |
En los últimos años, el
Premio Internacional Cubadisco ha
distinguido fonogramas de importantes
exponentes de la canción africana; y no
falta devoción hacia una figura
extraordinaria como lo fue la
caboverdiana Cesaria Évora.
Con quijotesco empeño,
Guille Vilar sostiene la presencia de
músicos africanos en las emisiones de su
programa de televisión Música del mundo.
Algo se debe haber
escapado en el recuerdo, pero no mucho
más.
Todo esto viene a cuento
por la pregunta que nos hicimos cuando
en el teatro del Centro de Convenciones
de Sandton fuimos arrollados por el
sonido de altísimos valores de la música
de Sudáfrica y Mali: ¿Cuánto ganarían
los melómanos cubanos si escucharan por
la radio y vieran por la TV, con la
frecuencia debida, las magníficas
entregas de Yvonne Chaka Chaka, Hugh
Masekela, Sibongile Khumalo y Salif
Keita?
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Miriam Makeba,
Sudáfrica. |
De Chaka Chaka teníamos
la referencia de su fugaz presencia en
el programa cultural del Mundial de
Fútbol. La Makeba dijo de ella: "¡Esta
es mi niña!". Nació en Soweto y contaba
11 años de edad cuando aconteció el
levantamiento popular criminalmente
reprimido por las fuerzas policiales del
apartheid. La combinación de una fuerza
rítmica avasalladora y un melodismo que
rebasa los parámetros usuales del pop
sustentan su proyección musical. Le
llaman la Princesa de África y temas
suyos como Umbongothi, I cry for freedom
y Motherland forman parte del imaginario
cultural de varios países de la región.
Posiblemente Hugh
Ramapolo Masekela clasifique, a los 73
años de edad, como el ícono jazzístico
por excelencia del África subsahariana.
Trompetista, compositor y cantante
maduró artísticamente a partir de 1961,
cuando se instaló en Estados Unidos.
Allí su canción Grazing in the grass se
convirtió en una de las más populares de
la escena norteamericana de 1968. Su
fama se acrecentó al participar en la
gira mundial de Paul Simon, Graceland y
el mundo hizo suya la apelación lanzada
en 1987 cuando mediante Bring him back
home reclamó la libertad de Nelson
Mandela.
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Sibongile
Khumalo, Sudáfrica. |
Cuando el público cubano
tenga la oportunidad de oír a Sibongile
Khumalo, advertirá la espléndida madurez
de una cantante todoterreno, que va del
blues y el scat a las tradiciones
populares sudafricanas, pasando por la
ópera y la música clásica. Ella hizo la
Carmen, de Bizet y el gran Yehudi
Menuhin la fichó en 1995 para el elenco
de solistas del Mesías, de Handel.
Cada concierto y álbum
de Salif Keita es un acontecimiento en
África y Europa. Nació en Mali en una
familia de la nobleza local, pero tuvo
que luchar contra el estigma que rodea a
los albinos, a quienes creen portadores
de mal agüero. Su talento lo salvó. Al
fusionar las tradiciones de los griots
(juglares) con el pop/rock occidental lo
hizo con suma originalidad. Y se levantó
como un mito a partir de que Joe Zawinul
lo llevara al seno de Weather Report en
1989.
Estas y otras muchísimas
joyas del firmamento musical africano no
deben permanecer ajenas al gusto musical
cubano. Va siendo hora.