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Mujeres cubanas prefieren
familias pequeñas
LA HABANA, 9 de julio (PL). — Cuando la
población cubana apunta hacia un proceso
de envejecimiento, estudios realizados
en la isla demuestran que las mujeres
del país caribeño prefieren tener
familias pequeñas, según afirmó hoy aquí
una especialista.
Grisell Rodríguez, investigadora del
Centro de Estudios Demográficos de la
Universidad de La Habana, expresó que de
acuerdo con la encuesta nacional de
fecundidad, efectuada en diciembre del
2009, las cubanas consideran parir dos
hijos como lo ideal.
En entrevista con el semanario
Trabajadores, destacó que aunque esas
son las aspiraciones, otro tema son los
pasos concretos que se dan para
alcanzarlas.
Lo más importante, explicó, es que las
parejas tengan los hijos que deseen y,
al mismo tiempo, cuenten con todos los
mecanismos y recursos para poder regular
su descendencia, lo cual pasa, en primer
término, por la educación.
Es bueno señalar que en Cuba, desde
1978, cada mujer no tiene una hija que
la remplace en su función reproductora,
lo que los demógrafos llamamos "estar
por debajo del reemplazo", manifestó.
Según la especialista, los patrones
culturales y sociales de comportamiento
expresan que ellas prefieren tener pocos
hijos y familias pequeñas, no solo por
condiciones económicas o de recursos.
Hay que valorar que las mujeres cubanas
cuentan con mayor nivel educacional,
están incorporadas socialmente, tienen
conocimiento y acceso a la
anticoncepción, apuntó.
Para Rodríguez, en Cuba la fecundidad
-número de hijos efectivos que tiene una
mujer- es multicausal, y ante todo se ha
conformado históricamente.
"Cuando se les pregunta cuántos hijos
quieren tener, raramente dicen tres, y
muchas refieren uno."
En ese sentido, consideró necesario
resaltar que la mujer cubana no abandona
su aspiración de convertirse en madre,
al igual que los hombres en padres, pero
es necesario tener en cuenta sus
aspiraciones individuales.
Sin duda, hoy tenemos una estructura de
población envejecida, y su causa
fundamental está en los bajos niveles de
fecundidad, aunque también influye la
elevada esperanza de vida -76 años para
los hombres y 80 para las mujeres-, así
como los reducidos índices de mortalidad
infantil, manifestó.
Rodríguez consideró que esa situación no
debe verse como buena o mala, sino como
resultado del proceso de transición
demográfica, de disminución de los altos
niveles de mortalidad y fecundidad, como
ocurre en países más desarrollados.
Entonces, valoró, necesitamos más
geriatras que pediatras, una mayor
atención al adulto mayor, y no solo
desde el punto de vista de salud, sino
como parte de un enfoque integral, que
posibilite aprovechar más la experiencia
de estas personas que rebasan los
60 años. |