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Luchar por la vida es
nuestro deber
● Entrevista al
doctor Armando Caballero, jefe de los
Servicios de Terapia Intensiva del
Hospital Universitario Arnaldo Milián
Castro, de Santa Clara. Consideraciones
sobre el estado de salud del paciente
Guillermo Fariñas
Deisy Francis Mexidor
Francis_mexidor@granma.cip.cu
Ciencia, humanismo, profesionalidad y
los más avanzados y costosos
tratamientos se han empleado en la lucha
por salvarle la vida al paciente
Guillermo Fariñas. Ciencia, porque se le
han aplicado los últimos adelantos para
atender su caso; humanismo y
profesionalidad, porque recibe los
servicios de prestigiosos especialistas,
quienes enarbolan la máxima de que
luchar por la salud del ser humano es lo
primero; y los más avanzados y costosos
tratamientos, porque el Estado cubano no
ha escatimado esfuerzos por garantizarle
a esta persona los medicamentos
necesarios de última generación, que se
emplean en los más reconocidos centros
asistenciales, muchos de los cuales son
adquiridos en el exterior.
Fariñas fue ingresado el 11 de marzo en
la unidad de cuidados intensivos del
Hospital Universitario Arnaldo Milián
Castro, en la ciudad de Santa Clara.
Desde hace más de 120 días inició un
ayuno voluntario que pone hoy en peligro
su vida.
Interesados en su actual estado de salud
nos dirigimos a la institución
asistencial ubicada en la central
provincia cubana y conversamos con el
doctor Armando Caballero, jefe de los
Servicios de Terapia Intensiva del
hospital.
La
primera interrogante que le hicimos al
especialista de Segundo Grado y fundador
de esa unidad asistencial, es que nos
explicara desde su experiencia cómo es
posible que esta persona, transcurridos
cuatro meses en ayuno aún sobreviva.
"Es la pregunta que se hace todo el
mundo —expresó—, realmente una persona
sin ingerir alimentos por vía alguna no
puede sobrevivir tanto tiempo, pero este
no es el caso de Fariñas".
Explicó el doctor Caballero que "este
paciente se niega voluntariamente a
comer por vía oral. Lleva 125 días en
esta situación, pues estuvo dos semanas
en su casa durante las cuales dice que
no ingirió alimentos antes de ser
internado en nuestro servicio, donde
lleva 110 días. Lo recibimos con cierto
deterioro físico y por esa razón fue
internado. Él aceptó, estaba consciente
de que le aplicáramos nutrientes,
alimentación por vía parenteral, o sea,
por las venas.
El
paciente está recibiendo aminoácidos que
conforman las proteínas que todo el
organismo necesita, también se le provee
de lípidos, vitaminas y minerales, "todo
lo que requiere una dieta balanceada
para cualquier ser humano", señaló el
galeno y acotó: "A tal extremo que
Fariñas llegó a nuestra sala con 63
kilos de peso y en la actualidad está
oscilando entre los 67 y 69 kilos. Ha
aumentado su peso corporal durante su
ingreso y ha sido precisamente por la
alimentación parenteral que está
recibiendo".
¿Cuán
comprometida está la salud del paciente
en este momento?
Para hacer la alimentación por vía
parenteral se requiere que algunos
nutrientes que tienen una alta
osmolaridad (peso molecular) pasen por
vías centrales del organismo humano. Es
decir que se requiere cateterizar venas
importantes de la parte superior del
cuerpo como son las subclavias y las
yugulares internas, lo que tiene sus
peligros y complicaciones,
particularmente cuando por esos
catéteres parenterales van alimentos
hiperosmolares, tales como aminoácidos y
dextrosa hipertónica.
En
tales casos, los riesgos de infecciones
en la sangre aumentan en los pacientes
que tienen de forma prolongada ese tipo
de alimentación, quienes son propensos a
contaminarse e infectarse con bacterias
o con hongos, incluso pueden contraer
otras complicaciones como la que ahora
ha desarrollado este paciente.
Pero
esas complicaciones ¿Tienen que ver con
los procederes médicos o con la atención
que ha recibido?
En
lo absoluto. Esas complicaciones son
comunes en los pacientes sometidos a una
alimentación de esta naturaleza.
Por ejemplo, a Fariñas en los 110 días
que lleva en nuestra sala hemos tenido
necesidad de cambiarle el catéter diez
veces. Durante su ayuno de 251 días en
el 2006 —cuando también estuvo ingresado
en este servicio— hubo que pasarle 37
catéteres. Yo llevo 37 años trabajando
en terapia intensiva y jamás atendí a un
paciente al que se le haya aplicado
tantas veces este proceder.
A
este caso le hemos combatido cuatro
infecciones que se detectaron a tiempo y
se resolvieron con los medicamentos
adecuados cuando se trata de
estafilococos áureos que se desarrollan
en la sangre. El germen en cada ocasión
fue aislado de forma inmediata y
combatido eficazmente por los
antibióticos y medidas específicas.
Desde el pasado fin de semana el
paciente ha hecho otra complicación, que
no es solo una infección, es un poco más
seria. En esta ocasión hizo una
tromboflebitis del componente
yugulo-subclavio en las venas del
cuello. Ese trombo tiene un gran
peligro, pues puede desprenderse e ir
directo al corazón y de ahí a los
pulmones, y provocar un tromboembolismo
pulmonar que puede matar a una persona.
Ese inconveniente se ve con relativa
frecuencia en los hospitales y es una de
las causas de muerte súbita, cuando los
trombos son grandes, pero también puede
no desprenderse y ser disuelto con el
tratamiento que estamos aplicando de
anticoagulantes y antibióticos. En esta
oportunidad también hemos logrado aislar
el germen que provocó esa flebitis de
venas centrales, que en este caso se
asocia a la presencia de un trombo
venoso en el segmento yugulo-subclavio.
Desde el domingo hasta hoy hemos visto
una discreta mejoría, aunque no podemos
afirmar que se descarte una complicación
más seria. Nadie lo puede saber, ni aquí
ni en ninguna parte del mundo, si ese
trombo se desprenderá o no.
Disponemos para esto de todos los
medicamentos necesarios; además, cuando
el sábado pasado detectamos esta
complicación del paciente discutimos
colectivamente el diagnóstico y
tratamiento, y confirmamos la patología
con tecnología de punta.
¿Son
estos los límites de la medicina en la
lucha por la vida de este paciente?
Estamos en los límites, sobre todo
ahora; un tema que hemos hablado mucho
con él —con quien tenemos buenas
relaciones médico-paciente— es que
abandone su ayuno voluntario y comience
a alimentarse para poder recibir las
energías que necesita por las fiebres
presentes a causa de esta infección.
Estamos casi imposibilitados de
alimentarlo por otro catéter, porque
podrían aparecer otras complicaciones,
cuando ya hay una en curso. Ingerir
alimentos en su caso es un elemento
importante en la lucha por la vida.
¿Cuáles son los efectos que podría
causar esta conducta de Fariñas?
Consideramos que podría ser un
empeoramiento de su cuadro,
particularmente nutricional, el cual
hasta este momento lo hemos mantenido
bastante estable pese a su negación de
ingerir alimentos por vía oral.
¿Y si
decidiera comer?
El
paciente está perfectamente preparado
para la ingestión de alimentos. No hay
ninguna contraindicación al respecto.
Solamente su deseo puede ser un factor
médico importante en la solución de su
problema de salud.
¿Qué
establecen las normas médicas ante la
actitud de un paciente que ha decidido
no ingerir alimentos?
Como ya dije anteriormente, en mis 37
años en terapia intensiva he visto casi
20 mil pacientes, pero Fariñas es el
único que he atendido en dos ocasiones
porque se ha negado voluntariamente a
ingerir alimentos oralmente de forma
prolongada. Eso no es habitual. He visto
muchos casos en este servicio, incluso
he sido el médico de personas que han
hecho intentos suicidas por determinadas
razones y al final la mayoría quiere la
vida. Eso es lo que los médicos de esta
sala le estamos pidiendo a Fariñas: que
contribuya a la lucha por su vida.
Respondiendo la pregunta, no existen
normas, solo es la ética médica lo que
vale. Uno de sus principios
fundamentales es el de la autonomía, que
establece no aplicar algún proceder a un
paciente sin su consentimiento. Eso lo
respetamos mucho.
Fariñas es un paciente que está
consciente, orientado, en pleno uso de
sus facultades mentales y por tanto está
en su derecho de aceptar o no, por
propia voluntad, la ejecución de
cualquier acto médico. Es, a mi
criterio, un mal derecho que tiene la
gente a matarse. Yo le he dicho a
Fariñas que tiene una conducta que
atenta contra su integridad física.
Somos médicos para salvar vidas; sin
embargo, la norma ante un caso como este
es respetar la voluntad de los
pacientes. No podemos luchar contra esa
voluntad, a menos que éste se encuentre
inconsciente y sea aprobado por sus
familiares allegados.
¿Explicaría usted más detalles sobre la
atención que está recibiendo Guillermo
Fariñas?
Esta persona, como todos nuestros
pacientes, es privilegiado. Dispone de
un acompañante las 24 horas. Tiene un
televisor donde ve el mundial de fútbol
y lo que le gusta; además, cuenta con un
teléfono directo, al igual que el resto
de los ingresados en la sala. Fuera del
contexto médico, esas facilidades son
importantes para la espiritualidad del
enfermo.
L a
terapia intensiva es cara en el mundo.
Fariñas, como todos los cubanos que
necesitan de este servicio, no paga un
centavo, gracias a nuestro sistema
sanitario.
Yo
he tenido la oportunidad de trabajar en
el extranjero, en países
subdesarrollados y en naciones del
primer mundo. En Francia estuve un año y
medio y pude observar lo costoso que
resulta la atención de una persona
ingresada en cuidados intensivos. Cuesta
muy caro mantenerlo.
¿Y en
cuanto a calificación médica, los
equipos que se disponen, los exámenes
adicionales que se le han practicado?
Ahora en el tratamiento médico tiene a
su disposición a todo el equipo de
terapia intensiva. Son diez médicos
especialistas, de los cuales la mitad
son de Segundo Grado en Medicina
Intensiva y Emergencia. Todos ellos
trabajan con Fariñas. Día por día se
discute colectivamente el caso de este
paciente, cómo evoluciona, qué hacer, si
falta algo para buscarlo...
Usted
ha dicho algo que me interesaría
resaltar: "si falta algo para buscarlo".
Pregunto: ¿buscarlo dónde? ¿aquí? ¿en el
exterior?
Aquí y en otros países. Se han comprado
medicamentos para este y para otros
casos, porque muchos de los medicamentos
tenemos que adquirirlos en el exterior.
Por ejemplo, todos los nutrientes
parenterales de Fariñas que son
aminoácidos, lípidos, vitaminas y
oligoelementos vienen de Europa y eso lo
compra Cuba, no solo para el caso en
cuestión, sino para otros cubanos que lo
necesitan; sin embargo, el único que lo
precisa porque no quiere comer, es
Fariñas.
¿Tiene idea de los costos al país por el
tratamiento de este paciente?
Comparar los costos de Cuba con otros
lugares es casi imposible. La medicina
cubana es, quizás, la más barata del
mundo y tal vez una de las más
eficientes, porque aquí no se lucra con
la medicina.
De
lo que sí doy fe es que un día en una
unidad de cuidados intensivos, en
cualquier país del primer mundo, no baja
de mil 300 dólares, sin contar los
medicamentos y exámenes complementarios,
y estamos hablando en este caso de 110
días y más de 300 pruebas de
laboratorio.
Por ejemplo, nosotros le hacemos a este
paciente el control de la glicemia.
Hasta hoy le hemos realizado 96, casi
uno diario.
Ya
le tratamos cuatro infecciones
vasculares bacterianas graves que han
requerido antibióticos como vancomicina,
ciprofloxacina, gentamicina y rocephin;
le hemos practicado 66 ionogramas para
medir los electrolitos en sangre y
corregir cualquier alteración; le
calculamos casi a diario la urea de 24
horas para evaluar el gasto nitrogenado
de su organismo y garantizar un balance
adecuado.
Constantemente hemos monitoreado su
sistema para evitar cualquier tipo de
alteración; es lo que nos ha permitido
que el estado de Fariñas, después de 125
días, se mantenga nutricionalmente
bastante aceptable, pero siempre con
peligro, porque eso como quiera que sea
resulta antifisiológico, lo ideal sería
comer.
A
esta persona se le han efectuado
electrocardiogramas, radiografías,
ultrasonidos, tomografías multicortes.
Hemos estudiado todo lo que ha sido
necesario.
Comentó que la relación médico-paciente
ha sido buena. ¿Cómo evalúa el vínculo
médico-familia?
He
conversado con la madre, la esposa y un
tío, así como otras amistades. Hay una
buena comunicación medico-paciente, que
logra todo menos que coma, una petición
casi constante que le estamos haciendo.
En
resumen, yo creo que la relación que han
tenido Fariñas y su familia con el
equipo médico y de enfermeras de nuestro
servicio es adecuada. En el tiempo que
lleva ahí no he recibido la más mínima
queja de la atención que se le brinda.
Todo lo contrario, él siempre habla de
la profesionalidad del personal que lo
atiende, de la calidad de los médicos...
incluso, dice que no quiere irse para
ninguna parte —pese a que le han hecho,
según refiere— propuestas para llevarlo
al extranjero. Sin embargo, afirma que
no se va porque aquí está la gente que
le ha salvado la vida. Él confía en
nuestra medicina.
¿Cómo
evalúa la situación actual de Guillermo
Fariñas?
Hoy el paciente tiene un peligro
potencial de muerte, porque depende de
la evolución de ese trombo que tiene
alojado en el confluente yugulo
subclavio izquierdo, el cual se está
tratando adecuadamente. Ojalá
desaparezca, se convertiría en una
complicación más resuelta por nuestro
equipo de médicos y enfermeras, lo que
continuaremos haciendo para preservarle
su vida.
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