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LA VICTORIA ESTRATÉGICA
El combate de Meriño
(Capítulo
13)
Tal
como yo había previsto, al día siguiente
de la ocupación de San Lorenzo, mientras
las fuerzas del Batallón 17 permanecían
en el caserío desierto, las Compañías 91
y 93 del Batallón 19 siguieron su avance
en dirección a Meriño. Subieron a El
Tabaco buscando la loma de Caraquita y
chocaron con una emboscada rebelde de la
escuadra del teniente Ciro del Río, de
la tropa del Che. Tras un breve
encuentro, los guardias rebasaron el
firme y bajaron al pequeño caserío de
Meriño, donde los pocos bohíos estaban
desiertos.
El
día 6 de julio recibí la confirmación de
la entrada de los guardias en Meriño,
mediante una nota de Celia que decía lo
siguiente: "El Che llamó a Fajardo que
acamparon en Meriño 250 guardias, no han
tomado El Roble. Que digas si retira las
fuerzas de Las Vegas y los lleva a
defender allí. Él espera, dentro de 10
minutos llama".
El
Che estaba estrenando la línea
telefónica recién tendida hasta Minas de
Frío. En ese momento, Celia permanecía
en La Plata y recibió esta llamada de
Piti Fajardo desde la tiendecita de la
Maestra. Yo había salido de La Plata esa
madrugada y me encontraba en camino, ya
muy cerca de la tiendecita y de Mompié,
con la intención de seguir hasta Minas
de Frío. Al mensaje de Celia contesté de
inmediato: "Que no retire las fuerzas de
las Vegas. Que yo mando refuerzos para
tomar El Roble. Que traslade al Roble la
bomba de 100 libras".
Al
recibir este mensaje decidí cambiar mi
rumbo, y en vez de seguir hacia Minas de
Frío me dirigí a El Roble de Meriño con
el personal que me acompañaba: el
pelotón de Andrés Cuevas y una escuadra
de la tropa de Camilo a las órdenes de
Felipe Cordumy. Al llegar a El Roble,
ubiqué en sus respectivas posiciones a
Cuevas y a Cordumy. Mi idea era que si
los guardias intentaban seguir avanzando
desde Meriño hacia El Roble, lo cual era
el movimiento previsible, chocarían con
la emboscada de Cuevas; mientras Cordumy,
quien los habría dejado pasar, les
cortaba la retirada, apoyado por la
escuadra de Ciro del Río, que había
permanecido del otro lado del firme de
Meriño.
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El capitán Ramón Paz, de
“probada inteligencia,
iniciativa y decisión”. |
También al llegar a El Roble envié un
mensaje urgente a Lalo Sardiñas para que
se trasladara sin pérdida de tiempo con
su pelotón a Minas de Frío. Mi intención
era enviarlo al alto de Meriño para
cerrar completamente la retirada de los
guardias. En ese momento, Lalo estaba en
la zona de Pueblo Nuevo como parte del
cerco de contención organizado contra la
tropa de Sánchez Mosquera en Santo
Domingo. La presencia de Lalo
contribuiría a la realización del plan
concebido para capturar la tropa que
había tenido la osadía de entrar en
Meriño, al tiempo que impediría la
llegada de algún refuerzo enviado por el
mando enemigo desde San Lorenzo. Cuevas,
por su parte, a quien después de su
ubicación en El Roble se le sumó Jaime
Vega con parte de sus hombres,
aseguraría que esa tropa no pudiera
avanzar más allá de El Roble y enlazar
con el Batallón 18 que venía subiendo
desde el Sur, en caso de que esa fuera
la intención del mando enemigo.
A
Camilo, quien había quedado al frente
del dispositivo de contención en Santo
Domingo, le envié con el mismo mensajero
la siguiente nota:
Esta Columna de guardias está en una
verdadera ratonera. Lo que necesitamos
es alguna tropa más, para impedir la
llegada de refuerzos. Pero no quiero
debilitar esa posición [la de Santo
Domingo]; por eso, después de pensarlo
muy bien, he decidido mover de ahí, la
única tropa, que no está en posición
defensiva, sino de ataque: la de Lalo.
[¼
] Con Lalo aquí, creo que podemos hacer
algo bueno.
Todavía a estas alturas nos veíamos
obligados a realizar verdaderos juegos
malabares para distribuir y redistribuir
las escasas fuerzas con que contábamos,
de acuerdo con la mayor amenaza concreta
que enfrentáramos en cada coyuntura. En
ese momento, la presencia enemiga en
Santo Domingo, a pesar de su cercanía a
la zona de La Plata, había dejado de ser
un peligro inmediato después del golpe,
más psicológico que material, recibido
días antes en la primera Batalla de
Santo Domingo. Ahora la prioridad era la
posible captura de la tropa llegada a
Meriño.
De
acuerdo con el Che mandé a buscar
también hacia Minas de Frío a Raúl
Castro Mercader y sus hombres, quienes,
como se recordará, estaban posicionados
en Polo Norte, cerca de las Minas. Este
grupo se mantuvo como reserva en las
Minas.
Tras llegar a marcha forzada al alto de
Meriño, Lalo me informó al mediodía del
6 de julio que, después de inspeccionar
el lugar previsto para tender la
emboscada, consideraba que la posición
no era la más idónea, aunque luego
exploraría algo más abajo.
En
respuesta a este mensaje, le envié a
Lalo un refuerzo de hombres para cubrir
otro probable acceso cercano a su
posición, con las siguientes
instrucciones:
Te
mando los hombres que quedaron. Sitúalos
en el otro punto que te indiqué con un
jefe valiente, que cuide aquel camino y
a la vez ataque por la retaguardia a
cualquier grupo enemigo que intente
salir de Meriño, por el camino donde tú
estás.
De
inmediato, Lalo situó al refuerzo
enviado, un total de 12 hombres, en un
estribo del pico Caraquitas, con lo cual
cubrió del otro lado el camino de
Limones. Al frente de este grupo designó
a Néstor Labrada.
Ese
mismo día llegó Braulio Curuneaux a
Meriño con su ametralladora 50, a quien
también mandé a buscar el día anterior
desde El Naranjo. Sin perder tiempo,
Curuneaux ocupó una posición en el
sector este del cerco, en la falda de la
loma de La Magdalena, junto al Che y
parte de sus hombres, incluida la
escuadra de Hugo del Río, que cuidaba el
acceso a Minas de Frío.
Al
amanecer del día 7 recibí un mensaje del
Che con una confusa información de
Cuevas en la que decía que los guardias
venían subiendo por El Roble. Esto me
obligó a replantear toda la operación
prevista contra la tropa enemiga en
Meriño. Lo mejor es transcribir el
mensaje que envié al Che a las 11:50 de
esa mañana, pues me parece que explica
de la manera más clara posible la
extraordinaria flexibilidad de nuestra
planificación táctica:
Si
Cuevas dice que los guardias subían por
el Roble, puede significar que vienen de
la playa hacia arriba y no tenga nada
que ver con los movimientos en Meriño.
Si así fuera, lo que tiene que hacer él
es virar los cañones hacia el otro lado,
mientras planeamos alguna otra maniobra.
Si eso fuese rigurosamente cierto, el
plan nuestro podría ser destacar una
patrullita que se hiciera fuerte en una
posición buena un kilómetro o dos más
debajo de Cuevas, para ver si, cuando
aquella haga contacto con el enemigo,
los de Meriño avanzan hacia abajo y caen
en la trampa.
Trata de ver qué quiso decir Cuevas.
En
definitiva, no existió ese presunto
movimiento enemigo desde el Sur. No
obstante, véase que en nuestras
previsiones siempre figuró el enlace de
la tropa llegada a Meriño con el
Batallón 18 o alguna otra fuerza enemiga
procedente de la costa. Era el
movimiento más lógico desde el punto de
vista del mando enemigo, pues con él,
nuestro territorio en el sector más
occidental, quedaría dividido, y todas
nuestras fuerzas al oeste del río La
Plata, separadas y desvinculadas de las
demás.
A
estas alturas, mi mayor deseo no era que
se produjera la llegada de un refuerzo
procedente de San Lorenzo, sino que la
tropa de Meriño intentara seguir
avanzando en dirección a El Roble, en
cuyo caso la encerrona preparada entre
las fuerzas de Cuevas y las de Lalo
sería fatal. Si fuese necesario, podrían
emplearse, además, las fuerzas de Raúl
Castro Mercader y una escuadra de seis
hombres de la tropa de Camilo, al mando
de Orestes Guerra, que mantenía conmigo
en Minas de Frío también como reserva.
Pero no ocurrió ninguna de estas dos
cosas. A las 6:10 de la mañana del día 7
de julio, el Che me avisó que los
guardias de Meriño estaban aparejando
sus mulos, evidentemente con la
intención de moverse, pero me advirtió
que "no se sabe el derrotero todavía".
Hora y media más tarde me comunicó:
Ya
aparejaron todos los mulos y quitaron la
posta del lado del alto de Meriño.
Aparentemente esperan algo de la
aviación. Ya avisé a Cuevas. Si se
mueven en algún sentido le doy nuevo
aviso. El camino que parece más probable
es el del Roble pero todavía están
regados en las casas. Hay que tener en
cuenta el camino que sube a la Mina [de
Frío]. Yo le avisaré a Ciro [del Río] en
el momento que avancen para algún lado.
Como se observa, hasta esa mañana el Che
coincidía con mi apreciación de que la
ruta más probable de los guardias de
Meriño sería en dirección a El Roble.
Pero ya en mi mente había surgido la
alternativa de que el movimiento de la
tropa de Meriño fuese sencillamente de
retirada, de regreso hacia San Lorenzo.
La tibia conducta del mando enemigo para
asegurar el enlace de esta tropa con
otra procedente del Sur, y el hecho
cierto de que ordenar a los guardias de
Meriño que avanzaran sin apoyo hasta El
Roble significaría hacerlos penetrar más
aún al interior de nuestro territorio,
con la perspectiva segura de caer en una
trampa, me hicieron considerar como
probable la variante de la retirada.
De
ello es testimonio el siguiente mensaje
que le envié a Lalo a las 7:25 de la
mañana de ese mismo día, desde mi puesto
de mando en Minas de Frío, después de
recibir la primera comunicación del Che:
Los
guardias han aparejado todos los mulos.
Ya quitaron la posta del Alto de Meriño;
parece que se van a mover hacia el
Roble. Debes estar atento. Para
cualquier dirección que se muevan vamos
a tratar de destruirlos. Si tratan de
salir hacia San Lorenzo, cójanlos entre
tú y los 12 [de Néstor Labrada], que
desde acá se le ocupará el campamento y
se les atacará por la retaguardia.
Si
avanzan hacia el Roble o Las Minas, tu
misión es no dejarlos recibir refuerzos.
En
mensaje al Che, a las 9:15 de la mañana,
le informé:
Ya
mandé aviso a Lalo con instrucciones
para cada situación. Mandaré explorar
los caminos que vienen de San Lorenzo y
Las Vegas y tengo a Raúl [Castro
Mercader] y los 6 de Camilo [los de
Orestes Guerra] listos para moverlos a
donde hagan más falta si no fuesen
necesarios aquí. Ordené situar en el
Alto de Mompié los 7 hombres que
quedaban de Camilo en La Plata y hasta
Guillermo puede ser utilizado si las
circunstancias lo requieren.
La
prioridad concedida por mí a esta
operación en Meriño se infiere del hecho
de que yo estaba dispuesto, incluso, a
mover hacia ese lugar a Guillermo García
y sus hombres, quienes en ese momento
estaban en la zona de La Plata.
A
las 5:00 de la tarde le envié otro
mensaje a Lalo, en el que, para que no
existieran dudas, le reiteré su misión y
la de la escuadra de Labrada.
Todo está bien. Yo espero de un momento
a otro se muevan los guardias. Si vienen
por ahí, procura matarle la vanguardia y
rechazarlos. Los otros 12 deben entonces
tomar el camino de Meriño y emboscarse
allí para el caso de que los que están
dentro intenten atacarte. Esos 12 deben
tener un jefe valiente y que sepa lo que
tiene que hacer si se quedan aislados
del lado de allá; subir Caracas y bajar
por el Roble, hasta hacer contacto de
nuevo.
Al
atardecer, ordené enviar un mortero a la
posición de Cuevas, para reforzar la vía
más probable de avance del enemigo en
dirección a El Roble.
El
caso es que, en la mañana del 8 de
julio, los guardias de Meriño
emprendieron su retirada hacia El Tabaco
y San Lorenzo. En verdad, el jefe de la
agrupación estacionada en Meriño,
capitán Martínez Torres, había recibido
de su mando superior la misión de
avanzar hasta El Roble y subir luego a
Cahuara para enlazar con el Batallón 18
en Jigüe, es decir, la maniobra que
habíamos previsto. Sin embargo, con el
pretexto de que a sus dos compa-ñías —la
91 y la 93 del Batallón 19— se les
habían agotado las provisiones y, aunque
habían tratado de comunicarse con la
avioneta de enlace, no lo habían
logrado, decidió regresar a San Lorenzo
para abastecerse. Al parecer, a este
jefe enemigo le preocupaba con mucha
razón la perspectiva de caer en una
trampa si seguía las instrucciones de su
mando superior.
Luego de un fatigoso ascenso hasta
alcanzar el firme, a las 8:45 de la
mañana, la vanguardia enemiga chocó con
la emboscada tendida por el pelotón de
Lalo Sardiñas y se inició el combate.
Minutos después, los 12 hombres de la
escuadra al mando de Néstor Labrada,
situada en un firme del otro lado del
camino, comenzaron a disparar sobre el
flanco izquierdo del enemigo. Ante el
nutrido fuego cruzado que recibieron,
los soldados solo atinaron a protegerse
en los cangilones que la erosión había
formado en el propio terreno. Pese al
apoyo de la aviación, que desde las 9:30
de la mañana ametralló los alrededores,
la tropa enemiga se vio obligada a
retroceder hacia las trincheras abiertas
alrededor del caserío de Meriño.
Al
mediodía, Curuneaux, desde la posición
que ocupaba en la falda de la loma de La
Magdalena, me pidió instrucciones. En
ese momento todavía no pude darle
órdenes precisas, sin conocer a ciencia
cierta el rumbo que seguía el enemigo ni
el plan del Che con sus hombres. En
consecuencia, le orienté: "[¼
] si tú ves que los guardias tratan de
forzar el cruce hacia San Lorenzo,
atacando a Lalo, y tú los divisas por el
firme que sube, dispara sobre ellos a
discreción para intimidarlos y
dispersarlos".
Ante su incapacidad para superar las
posiciones rebeldes, el capitán Martínez
Torres pidió un nuevo apoyo de la
aviación para intentar una vez más el
avance en dirección al camino de San
Lorenzo. Cerca de las 12:20 del
mediodía, dos B-26 y un caza F-47
comenzaron a ametrallar los alrededores
por espacio de dos horas y media. Tras
el ataque aéreo, las compañías enemigas
intentaron un nuevo avance sobre las
posiciones rebeldes, pero fueron
nuevamente rechazadas por los hombres de
Lalo y de Labrada. La escuadra de Ciro
del Río, apoyada por la ametralladora 50
de Curuneaux, comenzó a avanzar para
colocarse en posición de hostilizar a
los guardias desde su flanco derecho.
A
las 12:50 de la tarde, el Che me envió
un mensaje donde me informaba:
Me
da la impresión que todos los guardias
se han descolgado para el otro lado del
firme. Traté de hacer contacto con Lalo
pero no ha vuelto mi mensajero. Ciro del
Río está avanzando por el firme que
ellos tenían hacia arriba.
A
la 1:55 de la tarde, el Che me envió
otro informe todavía con datos poco
precisos de la acción:
Los
guardias estaban en la punta del firme
pero parece que Lalo se retiró y ya
tomaron la embocadura del camino a San
Lorenzo. Estas son conjeturas; exacto no
sé nada. Los mensajeros no hicieron
contacto con Lalo. De aquí (500 m) se
ven pasar uno a uno para San Lorenzo.
No
es sino hasta las 2:00 de la tarde
cuando recibí por un mensaje de Lalo la
primera información concreta del
desarrollo de las acciones:
Tuvimos combate con los de Meriño. Le
vimos 2 muertos pero considero tengan
como ocho; esta emboscada de este lado
es muy corta, pero le tiré 12 granadas y
como ocho satélites a un montón que
había en un hoyo y gritaban: "No dejen
los heridos, huyan, nos están
ro-deando", y uno decía: "avanza por el
trillo", y otro decía "avanza tú". Duró
como una hora y media, empezó a las 9 y
30, la aviación no hizo nada. Están
intentando avanzar de nuevo; la
emboscada de San Lorenzo no la moví para
nada.
El
dato aportado por Lalo en este mensaje
acerca de que su emboscada "es muy
corta" resultó clave en lo que ocurrió
en definitiva. Ya en este momento, yo
había tomado algunas disposiciones
urgentes para reforzar la posición de
Lalo y frustrar el propósito de los
guardias de salir hacia San Lorenzo. A
las 2:15 de la tarde, le informé al Che
en un mensaje:
Mandé a Raúl Castro [Mercader] con 8
hombres a reforzar a Lalo. Los 7 hombres
que quedaban a Camilo de su columna en
la Plata ya están al llegar aquí.
Guillermo está situado en el alto de
Mompié con su pelotón para trasladarlo
aquí si las circunstancias lo requieren.
Si
los guardias no han salido, esta noche
mandaré 40 hombres a cavar trincheras en
la loma donde está Lalo y lo reforzaré
con los de Camilo que están al llegar
(todos con automáticas y un rifle
ametrallador). También situaré la bomba
de 100 libras que ya está aquí.
Mientras tanto, el pelotón de Andrés
Cuevas, reforzado con los hombres de
Jaime Vega, y el Che con parte de su
tropa, avanzaban para atacar por la
retaguardia a las compañías enemigas.
Poco después, a las 3:20 de la tarde,
envié un mensaje a Lalo Sardiñas en el
que le informaba:
Dentro de unos minutos salen para allá
un fusil ametrallador y seis hombres más
con armas automáticas. Por la noche
mandaré una bomba de cien libras para
ponerla en el camino de San Lorenzo.
Mandaré hombres también para hacer
trincheras. Si se resiste bien ahí los
copamos y rendimos.
[¼
] Cuevas, Vega, Che, Ciro y una escuadra
de Camilo están avanzando por Meriño.
Los felicito a todos.
P.D. Mandé a Fonso [Alfonso Zayas] que
los tiroteara por el camino de la Mina a
San Lorenzo.
En
efecto, la escuadra al mando de Alfonso
Zayas, con un Garand y 10 fusiles de
cerrojo, había partido por el camino de
Minas de Frío hasta las cercanías del
campamento enemigo en San Lorenzo, y
había hecho algunos disparos con el
propósito de provocar la salida de la
tropa allí estacionada en persecución de
la patrulla rebelde o en auxilio de las
compa-ñías cercadas en Meriño.
Rápidamente, Zayas tomó de nuevo el
firme y se dirigió a toda prisa en busca
de un alto propicio cerca del camino a
Meriño para preparar una emboscada. Así
me lo hizo saber en un mensaje que me
envió a las 2:10 de la tarde. Pero al
llegar a un trillo que iba en línea
recta de San Lorenzo al lugar donde se
encontraban apostadas las fuerzas de
Lalo Sardiñas, Zayas decidió hacer
contacto primero con sus compañeros.
Entonces, Raúl Castro Mercader, quien
había llegado con la escuadra de
refuerzo, le indicó que debía quedarse
cuidando ese trillo aún desguarnecido,
para así cubrir la retaguardia rebelde
en ese punto.
Los
guardias de Meriño intentaron esa tarde
forzar por tercera vez la salida por el
camino de San Lorenzo y fueron
rechazados nuevamente. Una vez más se
vieron obligados a retroceder bajo el
hostigamiento continuo desde la
retaguardia por fuerzas del Che, Cuevas
y Jaime Vega, apoyados por la
ametralladora 50 de Curuneaux. En este
último repliegue, los soldados
abandonaron algunos de sus mulos.
A
las 4:05 de la tarde, el Che me informó:
"Estoy a 300 m de los guardias, pero
debajo de ellos. Tengo 7 mulos que no
los dejamos marchar pero necesitaríamos
una ayudita en cualquier dirección,
preferentemente retaguardia para
tomarlos".
Así
las cosas, cabía prever tres
posibilidades: la primera, que siguieran
insistiendo una vez más en forzar el
camino hacia San Lorenzo; otra, que
trataran de hacerlo por el camino de El
Tabaco; y la tercera, que el enemigo
enviara un refuerzo desde San Lorenzo.
Con estas variantes en mente, a las 5:00
de la tarde trasmití el siguiente
mensaje a Lalo Sardiñas:
Salgo a hacer contacto con Che y Cuevas
y a ver si puedo reforzar el camino del
Tabaco.
Hagan una buena defensa de trincheras en
el camino que viene de San Lorenzo y
pónganle dos bombas.
Puedes poner veinte hombres y la trípode
hacia San Lorenzo y el resto hacia
Meriño. Cuida también tu retaguardia por
el firme donde estás con alguna posta.
Fonso tomó posesión en un firme cerca
del camino que sube a Meriño, para tiro-tear
cualquier refuerzo que venga de S.
Lorenzo.
Si
todavía no se han escapado por algún
lado, hay que impedir mañana de todas
formas que vengan refuerzos.
Llena eso de huecos.
Y a
Celia, que estaba en Mompié, le indiqué:
Voy
a hacer contacto |