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Desde la prisión
Saul
Landau y
Danny Glover
Visitamos a Gerardo
Hernández por quinta vez y, como de
costumbre, su ánimo parecía mayor que el
nuestro, a pesar del hecho de que se
encuentra en una prisión federal de
máxima seguridad.
Gerardo
y otros tres agentes de la Inteligencia
cubana se acercan a su décimo cuarto año
de encarcelamiento -cada uno en una
penitenciaría federal distinta. A René
González, el quinto miembro de los Cinco
de Cuba, le fue concedida la libertad
bajo palabra después de cumplir trece
años, pero no le está permitido
abandonar el sur de la Florida hasta
pasados otros dos años y medio.
El uniforme que le
dieron a Gerardo ese día parece mayor
por lo menos en tres tallas. Pero el
mono color beige que tan mal le queda no
afecta la sonrisa de Gerardo ni su
cálido abrazo cuando nos recibe.
Él había visto algunas
emisiones recientes del programa "Situation
Room" de CNN, en los cuales Wolf Blitzer
entrevistó a una variedad de
personalidades: la secretaria de Estado
Hilary Clinton, Victoria Nuland (vocero
de Prensa de la Secretaría), Alan Gross
(culpable de actividades contra el
régimen en Cuba), y Josefina Vidal (jefa
de la dirección de EE.UU. en el
Ministerio de Relaciones Exteriores de
Cuba). Ellos presentaron sus opiniones
acerca de la justicia o injusticia en
los casos de Gross y de los Cinco.
Cuba envió a los Cinco
al sur de la Florida en la década de
1990 para detener el terrorismo en Cuba,
porque es ahí donde se realizaron los
planes para las bombas en hoteles, bares
y clubes, explicó él. En 2009 "Gross
llegó a Cuba como parte de un plan de
EE.UU. para promover un ‘cambio de
régimen’," aseguró Gerardo.
Gross parecía estar
desesperado cuando habló con Wolf
Blitzer en el "Situation Room" de CNN.
Describió su confinamiento en un
hospital militar: "Es como una prisión,
con barrotes en las ventanas" ¿Habrá
olvidado que fue condenado a 15 años de
prisión?
Para Gerardo los
barrotes, alambre espinoso, gruesas
puertas de metal operadas
electrónicamente y guardas que vigilan y
periódicamente le gritan órdenes
describe su vida diaria de rutina en la
prisión federal de Victorville.
Gerardo se come un
sándwich de pasta rosada que compramos
en la máquina de la sala de visitas y
calentamos en el microondas. Masticamos
comida basura -toda comprada en el mismo
sádico aparato que ofrece varios tipos
de veneno.
Otros prisioneros, la
mayoría condenados por tráfico de
drogas, están sentados con esposas o
acompañantes femeninos y niños, bajo la
atenta mirada de tres guardas sentados
en una plataforma suspendida. Los
hombres uniformados ríen e intercambian
rumores de prisión; nosotros hablamos
del caso de Gerardo.
La jueza federal en
Miami lo condenó a dos cadenas perpetuas
consecutivas, además de 15 años, por
conspiración para cometer asesinato y
conspiración para realizar espionaje.
Gerardo se convirtió en víctima de una
extraña noción de la justicia en Miami,
donde el fiscal de EE.UU. no presentó
una pizca de evidencia que sugiriera que
Gerardo Hernández sabía del plan de La
Habana para derribar a dos aviones que
volaron en el espacio aéreo cubano
("asesinato"); ni que tenía control
sobre o desempeñara un papel en lo que
sucedió el 24 de febrero de 1996, cuando
dos MiG cubanos de combate dispararon
cohetes contra los aviones de Hermanos
al Rescate y mataran a los pilotos y
copilotos -tal como Cuba había advertido
al gobierno norteamericano que haría si
continuaban los vuelos ilegales.
Es más, la evidencia
demuestra un cuadro muy diferente de lo
que Gerardo Hernández sabía en realidad.
Difícilmente la Seguridad cubana fuera a
informar a un agente de nivel medio de
una decisión tomada por los líderes
cubanos, después de haber enviado
advertencias a Washington en varias
oportunidades, de derribar aviones
violadores del espacio aéreo.
Es más, como demuestra
un nuevo libro de Stephen Kimber, "los
memos en ambas direcciones entre La
Habana y sus oficiales de terreno antes
de que los MiG dispararan sus cohetes
contra los aviones de Hermanos al
Rescate dejan en claro que todo se hizo
sobre la base de lo que era necesario
saber -y Gerardo Hernández no necesitaba
saber lo que los militares cubanos
estaban considerando". (Derribo: la
verdadera historia de Hermanos al
Rescate y los Cinco de Cuba. Disponible
como libro electrónico.)
Gerardo, al igual que el
gobierno cubano, insiste en que los
aviones fueron derribados en el espacio
aéreo cubano, no sobre aguas
internacionales como asegura Washington.
Pero la Agencia de Seguridad Nacional,
que posee imágenes satelitales del fatal
hecho, se ha negado a entregarlas.
Los aviones de Hermanos
habían violado el espacio aéreo cubano
durante más de medio año (1995-1996)
antes de que los derribaran. Cuba había
alertado a la Casa Blanca en varias
oportunidades, y un funcionario del
Consejo de Seguridad Nacional había
escrito a la Autoridad Federal de
Aviación que retirara a los pilotos de
Hermanos sus licencias de vuelo -en
vano.
Los agentes cubanos de
inteligencia que se infiltraron en
Hermanos al Rescate informaron a La
Habana que José Basulto, el jefe de
Hermanos, había probado con éxito armas
aire-tierra que pudiera usar contra
Cuba. Para el país, Hermanos al Rescate
se había convertido en una amenaza a la
seguridad.
Sin embargo, los
documentos de la NSA nunca llegaron al
tribunal. Ni tampoco el abogado de
Gerardo pudo obtenerlos para las
apelaciones.
La exoneración por
conspiración para el asesinato del caso
de Gerardo reside en establecer un
simple hecho: si el derribo ocurrió en
el espacio aéreo cubano, no se cometió
delito.
En cuanto a la
conspiración para realizar espionaje, el
gobierno se basó en la admisión por
parte de Gerardo de ser un agente de la
inteligencia cubana, en vez de tratar de
demostrar que él intentó obtener
documentos secretos del gobierno o
cualquier material clasificado. La tarea
de Gerardo era evitar los ataques
terroristas contra Cuba por parte de
exiliados cubanos en Miami, no la
penetración de agencias secretas del
gobierno de EE.UU.
La justicia en la
República Autónoma de Miami llevó a
cinco antiterroristas a prisión. Gerardo
sonríe, quizás su manera de decirnos que
sigue convencido que hizo lo que debía,
lo que significa que se ha mantenido
firme en sus convicciones. Nos
preguntamos si nosotros podríamos
soportar 14 años de confinamiento de
máxima seguridad.
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