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EN SU ANIVERSARIO 195
Floridita: la cuna del
Daiquiri más cubana que nunca
Juan
Diego Nusa Peñalver
(Fotos: Yaimí Ravelo)
UNO de los rostros más emblemáticos de
la industria turística cubana esta de
fiesta, el mítico bar-restaurante
Floridita, la cuna del Daiquiri, pues
cumple nada menos que 195 años de una
leyenda singular, que todo forastero
llegado a la llamada Perla del Caribe
quiere conocer para seguir los pasos del
célebre novelista norteamericano Ernest
Hemingway (1899–1961).
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El colectivo
de trabajadores del
Floridita ha sido fiel a la
tradición legada en 195 años
de fundada de esa unidad
perteneciente a la empresa
extra hotelera Palmares. |
Ubicada en una de las intersecciones más
cosmopolitas y bulliciosas de La Habana,
esta sui generis instalación comenzó su
historia cuando un avispado comerciante
español abrió el 6 de julio de 1817 un
bodegón al que nombró La Piña de Plata,
en la céntrica esquina de Obispo y
O’Reilly, en el barrio de Montserrate,
en el corazón de la Habana Vieja.
Andrés Arencibia Mohar, el actual
director del Floridita, señala a
Granma Internacional que en aquel
entonces por su cercanía a una de las
entradas de la llamada Habana
intramuros, el establecimiento era un
paso obligado de numerosos transeúntes,
que calmaban su sed con horchatas y
degustaban algunos emparedados: “pero se
extiende el uso del hielo en La Habana y
se empieza a mezclar con el aguardiente,
el ron…surgen los cócteles”.
Añade que ante el inmediato éxito y
popularidad, La Piña de Plata se amplia
a un local aledaño (se le adiciona una
hermosa y larga barra de caoba, que se
calcula tenga más de 115 años) hasta
llegar a su actual entrada principal por
la ahora avenida Bélgica (antigua
Montserrate) y Obispo.
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El
sitio Web Tripadvisor coloca al
Floridita en la actualidad entre los 27
primeros establecimientos de su tipo del
mundo, mientras la revista británica
Drink International lo ubica entre los
50 mejores bares del planeta. |
El lugar fue renombrado como La Florida
y paulatinamente su clientela comenzó a
identificarlo como Floridita, un sitio
que conserva su decoración estilo
Regency desde los años 50, que sobresale
por su frágil elegancia y a la vez
extrema robustez, con mucha sobriedad en
la ornamentación y un excepcional
trabajo de marquetería y gusto.
EL MITO
En 1914 llega a La Habana en busca de
fortuna el español de origen catalán
Constantino Ribalaigua y Vert
(1888-1952). Como muchos de sus
compatriotas, Constantino se queda en
Cuba, cautivado por la dulzura del
Caribe. Y en su caso hizo historia.
Cuatro años más tarde pasa a ser el
dueño del Floridita, en donde había
entrado como barman.
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El genial
novelista Ernest Hemingway vuelve a estar sentado
de nuevo junto a la barra de su bar
favorito en La Habana con un daiquiri
delante. Foto archivo. |
El catalán es espabilado y sabe que se
ha de diferenciar de los demás. Conoce
los secretos de la barra y encuentra
rápidamente la solución. Por esos años
el genio de su arte lo hace llevar el
sabroso daiquiri, que ya era muy popular
por la región oriental, a la batidora.
Trae de los Estados Unidos la primera
maquina de picar hielo que habrá en Cuba
y pondrá el acento en su creación: el
Daiquiri Floridita. Él combina como
nadie los sabores. Coge una onza y media
de ron, una cucharadita de azúcar, el
zumo de medio limón verde cubano y cinco
gotas de marrasquino y lo sirve en una
copa de boca ancha previamente helada y
con hielo frappé. ¡Y se produce el
milagro! Nace el Daiquiri Floridita, un
genuino símbolo cubano desde entonces.
Pronto el lugar es conocido como “La
Catedral del Daiquiri” y Constantino
Ribalaigua, el barman Constante, como lo
llaman los cubanos, como el rey de los
cocteleros, por haber extendido por el
mundo esta refrescante bebida.
Arencibia Mohar expresa que de las manos
de sus bartender (cantineros) han salido
cócteles tan famosos como el Daiquiri
Havana Special, manteniendo vivo una
tradición muy particular. La actual
cartera de coctelería del centro atesora
17 tipos de daiquiri, mientras que por
su célebre Bar han desfilado varias
generaciones de cubanos y cuanto
extranjero visitara la Habana, conocido
o no.
Y es que la rica historia del Floridita
guarda entrañables anécdotas de lo que
fue y es La Habana, de sus más selectos
visitantes: de la cultura, la política,
el arte, la vida social que han
disfrutado de su excelente coctelería y
la exquisitez de sus platos a base de
pescados y mariscos, elaborados por
maestros de la culinaria expertos en la
cocina internacional y cubana, con una
cocina de autor, que tiene un sello
único y que solo se podrá encontrar aquí
entre estas paredes que se conservan a
pesar del paso del tiempo.
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El español
Enrique Gutiérrez (en la
foto degustando un Daiquiri
mulata) considera que no hay
otro bar en el mundo como el Floridita. |
“En
1953 la revista Esquire, reconoce al
Floridita como uno de los 7 bares más
famoso del mundo junto con el Pied Piper
Bar de San Francisco, los Ritz de París
y Londres, Raffles de Singapur, Club
21's de New York y el Bar del Hotel
Shelbourne en Dublín, mientras en 1992
se le concede el Premio Best of the Best
Five Star Diamond Award de la Academia
Norteamericana de Ciencias Gastronómicas
como el Rey del Daiquiri y Restaurante
especializado en pescados y mariscos más
representativo”, explica Arencibia Moha.
Sin embargo, hay un personaje en toda
esta historia que no puede faltar, sin
él, el Daiquiri no sería lo que es hoy y
me refiero a la impronta que le marcó
Ernest Hemingway, el escritor y
periodista norteamericano; uno de los
principales novelistas y cuentistas del
siglo XX, que ganó el Premio Pulitzer en
1953 y al año siguiente el Premio Nobel
de literatura por su obra completa.
A Hemingway, el más asiduo de los
clientes del establecimiento, se le
atribuye la célebre frase: “Mi Mojito en
La Bodeguita, mi Daiquiri en el
Floridita”.
Y es que a él se debe el boom
definitivo del cóctel y su total y
absoluta internacionalización, pues
siendo una persona con muchas grandes y
afamadas amistades en el mundo de la
farándula norteamericana, ejerció de
imán y guía a la vez de todas ellas,
convirtiendo al Floridita en una de las
barras más famosas del planeta y centro
de sus grandes estancias y tertulias.
Tras Hemingway y con él, por el
Floridita pasaron personalidades de la
época como los Duques de Windsor, Gene
Tunney, Jean Paul Sartre, Gary Cooper,
Dominguín, Tennensse Williams, Charles
Scribner, Spencer Tracy, Rocky Marciano,
Marlene Dietrich, Ava Gadner, Samuel
Elliot Morrison, Buck Lanham, Hebert
Matthews y Errol Flynn, entre otros.
Al autor de la novela “Por quién doblan
las campanas” también se le hizo su
propia mezcla, el Daiquiri Hemingway
“Papa” Special: doble de ron, sin
azúcar, zumo de medio limón, gotas de
zumo de toronja, y coronando la cascada
de hielo picado, media cucharadita de
marrasquino.
Desde la entrada al local se palpa, se
siente la presencia del genial escritor.
A los artistas cubanos Fernando Boada,
primero, y a José Villa Soberón más
recientemente, se debe la imperecedera
presencia del escritor de Adiós a las
armas en el Floridita. Una escultura en
bronce a tamaño natural de un Hemingway
recostado a la barra, obra de Villa
Soberón en el 2003, y un busto,
realizado por Boada en 1954, flanquean
la primera banqueta de la izquierda de
la barra en la que acostumbraba sentarse
el novelista con sus pantalones cortos y
sandalias para tomar su trago favorito,
el Papa Doble Special. Y esas joyas
escultóricas son una atracción turística
que todos quieren fotografiar.
A las celebridades de ayer se suman los
de hoy, en la presencia por ejemplo de
Paco Rabanne, Joaquín Sabina, Silvio
Rodríguez, Javier Sotomayor, Naomi
Campbell, Kate Moss, Matt Dillon, Danny
Glover, Jack Nicholson, Giorgio Armani,
Ornella Muti, Alicia Alonso, Gianni
Miná, Jean Michael Jarre, Fito Páez,
Cecilia Roth, Francis Ford Coppola, Jean
Paul Belmondo, junto a miles de turistas
llegados estos años a la segunda casa de
Hemingway en La Habana.
En el momento de la visita de Granma
Internacional al Floridita tuvo la
grata sorpresa de encontrarse con el
español Enrique Gutiérrez, a sus 83 años
toda una leyenda en la elaboración de
cócteles por ser subcampeón mundial en
Argentina en 1964, campeón mundial en
1967 en Palma de Mallorca y campeón de
Europa en 1981. Y su primer maestro fue
precisamente un libro con los secretos
del daiquiri y otros cócteles del
Floridita, que conserva como un
exclusivo patrimonio a pesar del paso
del tiempo.
Nunca había estado en Cuba y esa deuda
la saldo ahora, aprovechando un transito
hacia Panamá. Y no pudo escoger mejor
momento para hacerlo.
“Yo
conocía de referencia el Floridita, del
que me han contado que es la cuna del
Daiquiri, y lo que es este bar. Y en
efecto no hay otro en el mundo como
éste, no podía dejar de visitarlo”,
añade jovial junto a su esposa Guadalupe
Revuelta González.
Son muchos los memorables momentos,
como el que relata Ariel Valdés Vervía,
capitán del restaurante Floridita hace
15 años, que tuvo la alta
responsabilidad de atender al ex
presidente norteamericano James Carter,
Premio Nobel de la Paz, cuando visitó en
el 2002 y el 2011 el lugar, considerado
en la actualidad por el sitio Web
Tripadvisor entre los 27 primeros
establecimientos de su tipo del mundo,
mientras la revista británica Drink
International lo ubica entre los 50
mejores bares del planeta.
Sus 55 trabajadores, entre los que
figuran el maître sommelier Orlando
Blanco, las camareras Marisol Rodríguez
Rigau y Maidelín Matos, los bartender
Abel Viera Oliva y Manuel Carbajo
Aguiar,
garantizan a todo aquel que lea estas
páginas que siempre encontrará
en
el Floridita un calor humano, que lo
hará sentirse el Rey del mundo, conocerá
de los placeres del paladar, tanto por
sus bebidas como por sus comidas,
quedará atrapado como muchos otros, que
en los largos años de servicio de este
majestuoso lugar, que ofrece un Daiquiri
Floridita más cubano que nunca. |