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Así es
Fidel
Algunas
opiniones recogidas por el periodista
Luis Báez
Me
pongo nerviosa
Alicia Alonso Primera Bailarina
cubana
Quizás Fidel no se haya percatado,
pero cada vez que me encuentro frente a
él me he sentido como que he tenido que
pararme para defenderlo ante cualquier
cosa que le quieran hacer. Cada vez que
me encuentro con Fidel me pongo
nerviosa.
Nunca te separes de Fidel
Efigenio Ameijeiras Delgado General de
División
"Hijo, nunca te separes de Fidel,
recuerda bien lo que te digo, trata de
estar siempre a su lado, a ese hombre no
le va a pasar nada. Hazme caso, yo lo
hago por tu bien, trata de salir siempre
por donde él lo haga. Tú verás que
también vas a tener suerte". Me sonrío
por la forma en que me habla mi mamá.
En
un altar
Rosa Báez Dueñas Doctora cubana,
médico de la familia
A raíz de comenzar a implantarse el
Médico de la Familia, le comenté a Fidel
cómo me había impresionado lo que
encontré al llegar a casa de un anciano
de más de 70 años que vive solo y está
jubilado, se llama Octavio Padilla, y
tenía en una esquinita de su sala un
altar con varios pisos y santos, en lo
último de ese altar, allá arriba,
después de Santa Bárbara, la Virgen de
la Caridad, San Lázaro y otros, había
una foto del Comandante con una vela y
un tabaco encendido. Fidel se quedó
serio, no habló y miró a lo lejos. Yo me
dije: ¿Qué habré hecho? Reinó un
silencio y, de momento, mirándome,
expresó: "Trabajen, que algún día ese
pueblo también los pondrá a ustedes en
un altar".
Este
uniforme y estas barbas significan la
rebeldía de la Sierra Maestra
Luis M. Buch Revolucionario cubano
En la madrugada del 16 de febrero de
1959 (ese día Fidel toma posesión como
Primer Ministro del gobierno) llamó por
teléfono y me citó para el hotel Habana
Hilton (Habana Libre) y me preguntó:
"¿Tengo que quitarme el uniforme?".
Le contesté: "Bueno, Fidel, no sé;
pero fíjate en las opiniones que priman
en América sobre los militares como
jefes de gobierno". A lo que replicó:
"¡Ah, no, no, este uniforme y estas
barbas significan la rebeldía de la
Sierra Maestra y de nuestra Revolución,
y no me las quito de ningún modo.
Búsquense otro Primer Ministro!".
¡Hijo, es el único que tengo!
John Cabañas Empresario
norteamericano-cubano
La primera vez que vi a Fidel Castro
fue el 2 de diciembre de 1955 cuando
visitó mi casa en Cayo Hueso, Estados
Unidos, donde fue recibido por mi padre
Julio Cabañas Jr., mi madre Emilia Carbó
y mi hermana mayor Josefina. Yo era muy
pequeño. Él recorría distintas ciudades
norteamericanas buscando apoyo en su
lucha por liberar a Cuba. Me llamó la
atención que Fidel llevaba puesto un
traje de lana gruesa. Le toqué el
pantalón a la vez que le pregunté por
qué usaba esa ropa con el calor que
hacía. Mi padre me regañó. Me dio un
cocotazo, y Fidel le dijo a mi padre:
"Julio, no le dé", y dirigiéndose a mí,
me contestó: "¡Hijo, es el único que
tengo!".
Tiene que cuidarse
Juan Escalona Reguera General de Brigada
(r)
En una ocasión Fidel me mandó a
Angola a hablar con Leopoldo Cintra
Frías (Polo) y me pidió que le
trasmitiera el siguiente mensaje: "Dile
que si ganar la guerra en Angola
significa perderlo a él, no vale la pena
ganarla. Que se deje de locuras, que se
deje de estar en la primera línea, que
tiene que cuidarse".
Hombre muy agradecido
Max Lesnik Periodista cubano radicado
en Estados Unidos
Fidel es un hombre muy agradecido.
Nunca olvida a quien le ha hecho un
favor. Ramón Vasconcelos, a pesar de ser
ministro de Comunicaciones del régimen
de Batista, era el propietario y
director de Alerta, que fue el único
periódico que publicó la entrevista en
que Fidel anuncia en México: "Si salgo,
llego; si llego, entro y si entro,
triunfo". En el vocabulario de Fidel no
existe la palabra ingratitud. El gesto
que tuvo con Vasconcelos, cuando vino a
morir a su tierra, lo ha tenido con
muchos otros, esto forma parte de los
detalles humanos que componen su
grandeza.
Dinero limpio para tener a Cuba Libre
Guido García Inclán Periodista cubano
Tuve la oportunidad de participar
junto a Fidel en la constitución de los
clubes 26 de Julio en el exterior.
Siempre planteó que él quería dinero
limpio para hacer una verdadera
Revolución. Y cumplió su palabra. Ese
dinero nadie lo podía tocar. Ni loco.
Nunca se me olvidarán las necesidades
que pasábamos, y en especial Fidel, que
a pesar de tener un bolsillo lleno de
dinero, el otro lo tenía completamente
vacío, y era incapaz de coger ni un
centavo que estuviera destinado a la
causa revolucionaria. Hasta en eso es
igual a Martí.
Un
canto a la vida
Ana Fidelia Quirot Deportista cubana
de atletismo
El día 22 de enero de 1993, sufrí
varias quemaduras producto de un
accidente doméstico. Estaba ingresada en
el hospital Hermanos Ameijeiras. En
horas de la noche sentí que alguien
caminaba con pasos muy firmes hasta la
habitación donde me encontraba; de
momento siento una voz muy conocida, que
me preguntaba: ¿cómo te sientes? Giré la
cabeza hacia el lado izquierdo, y vi a
una persona de estatura bien alta y
vestida de verde olivo, pero sobre su
uniforme llevaba una bata verde, de las
que usan los médicos para entrar a los
salones. Sabía que lo conocía, pero no
estaba segura, hasta que descubro que
era nuestro querido e invencible
Comandante en Jefe. Él estaba muy
preocupado por mi estado de salud. No me
abandonó en ningún momento. Cuando lo vi
fue como experimentar un canto a la
vida.
Mis ideas, mis
principios, jamás cambiarán
Recuerdos del autor
Mayo 6 de 1995.
En la embajada de Bolivia se celebraba
una recepción a la que asistió Fidel. Se
acababan de firmar los acuerdos
migratorios entre Cuba y EE.UU. Los
periodistas lo abordaron. Una boliviana
se interesó en conocer si él cambiaría
su posición política. Fidel le contestó:
"Mis ideas, mis principios jamás
cambiarán. Me acompañarán hasta la
muerte". |