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28 de agosto de 2002

El tesoro de La Isleta

Mientras en otras partes del planeta la naturaleza sufre heridas irreparables, en una pequeña porción de tierra virgen cubana un puñado de hombres preserva los signos vitales del medio ambiente

PASTOR BATISTA VALDÉS / Foto: Ernesto Peña Leyva

MANATÍ, Las Tunas.— Después de casi una hora de travesía serpenteando en bote un pintoresco tramo del litoral norte entre cayos y manglares, Jorge Luis Pérez Paz amarra la soga a una especie de atracadero, contempla el tranquilo paisaje (¿acaso dibujado por la mano de un pintor?) y, como tantas veces, siente la impresión de quien arriba por vez primera a una isla desierta.

Foto: ERNESTO PEÑA LEYVA
Sergio y Jorge Luis durante
uno de sus recorridos.


No por gusto ese lugar, conocido como La Isleta, se destaca entre las rutas de interés turístico que atesora la costa norte de Las Tunas.

El viaje que regularmente hacen hasta allí Sergio Alba Pérez y Bernardo González Rodríguez no tiene, sin embargo, un propósito de esparcimiento. Como miembros del Cuerpo de Guardabosques realizan una permanente labor de vigilancia y protección de esa área (alrededor de siete kilómetros cuadrados), cuya riqueza ecológica es objeto de especial interés, ejemplo del empeño del Estado cubano de preservar flora, fauna, suelos, y el medio ambiente en general.

VIRGEN LA NATURALEZA

El mayor Ernesto Reyes Yuchs —jefe del Cuerpo de Guardabosques— liquida de un manotazo a una dotación de jejenes que se proponen succionarle sangre por el punto predilecto de los vampiros, y en tono jocoso afirma:"Fastidian bastante, y no tienen ningún valor en este lugar frente a más de un centenar de especies de vertebrados, incluidos unos 90 tipos de aves como el tocororo, cartacuba, sevilla, carpintero, marbella, tomeguín, coco blanco...".

Informaciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en la provincia, testimonios de estos guardabosques y la mirada de quien visita La Isleta, corroboran que en ella habitan también desde los nutritivos ostiones hasta manatíes, tortugas, cocodrilos acutus, puercos jíbaros, jutías congas e incluso venados.

No menos valor tiene la vegetación. "¿Tú ves ese ejemplar? —pregunta Sergio señalando una robusta llana— pues no has visto nada: aquí hay áreas boscosas donde habitan variedades en peligro de desaparecer o muy escasas en otros lugares de Cuba".

Y en efecto: entre las 205 especies de la flora existentes en La Isleta, 40 de ellas endémicas del país, es posible hallar el ébano amarillo (plantación estable exclusiva en la nación), ácana, roble, maboas de hasta 20 metros de altura, ébano negro, dagame, sabicú... e incluso conocidas frutas como el coco, níspero, caimito, mango y limón, o rarezas como la siguapa, pitahaya, mije y arraiján.

Considerado entre los ecosistemas de bahía mejor conservados del archipiélago —según el licenciado en Biología Raúl Verdecia Pérez, director del Jardín botánico de Las Tunas— aquí armonizan formaciones forestales entre las que se encuentran el manglar, los bosques sobre rocas calizas y ultrabásicas o serpentinosas, así como los matorrales xeromorfos costeros y sobre serpentinitas.

"Para nosotros —insiste Verdecia— es sumamente importante la preservación de esa área, donde incluso se conserva el romerillo de costa, como la única población en menos de una hectárea que existe en el planeta y categorizada como en peligro de desaparición."

En torno a esos y a otros temas relacionados con la naturaleza y con el medio ambiente han venido incrementando sus conocimientos Bernardo, Jorge Luis, Sergio, Ernesto y también Violeta Domínguez, trabajadora del referido equipo de guardabosques en la zona.

"Para nuestra labor —dice Ernesto— nos apoyamos en leyes y decretos como los que norman las labores forestales, de pesca y de uso y conservación de los suelos...

"Junto a ese fundamento legal hay una motivación muy fuerte para nosotros frente a la cual no importan el jején, el sol, la sed ni otros sacrificios, y es la que siente el guardabosques cuando toma conciencia de su papel y, sobre todo, el cariño por la naturaleza para cuya protección el Estado no escatima recursos, mientras desafortunadamente en otras partes del mundo se deteriora de forma cada vez más preocupante."

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