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Menard,
agente de la CIA y mentiroso
sin fronteras
• Bajo
pretexto de luchar por la libertad de prensa,
Reporters Sans Frontières se ha convertido en un
instrumento más del Gobierno de Washington y de su
Sección de Intereses en La Habana • Para tratar
de socavar a la Revolución cubana, Robert Menard,
jefe de esta organización, compra los servicios de
seudorreporteros que alimentan la prensa fascista,
anexionista y batistiana de Miami
POR JEAN-GUY ALLARD -especial para Granma
Internacional-
PLAGIANDO el nombre
de organismos internacionales con una cierta
credibilidad, no le fue muy difícil al
neorreaccionario Robert Menard, seudoperiodista,
farsante y agente de la CIA, hacerse un espacio en
el mundo de las comunicaciones. Tampoco le fue
difícil encontrar dinero para sus proyectos de
desinformación, la CIA, el National Endowment for
Democracy (NED) y la United Status Agency for
Internacional Development (USAID) le ofrecieron el
pan y la mantequilla.
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Uno de los “protegidos”
de
Robert Menard, el
periodista Néstor Baguer
(con
boina en la foto), fue
presidente de la Asociación
cubana de “periodistas
independientes” hasta
que
se supo, en el juicio de aquellos mercenarios de
la desinformación, que era el agente Octavio de la
Seguridad del Estado. En la foto, Baguer en una reunión de “periodistas”
en el edificio mismo de la representación
diplomática norteamericana en La Habana.
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Después
del arresto en Cuba de aquellos individuos que
colaboraban activamente con la Sección de Intereses
de EE.UU. (SINA) en sus planes de desestabilizar a
la Revolución cubana, Reporters Sans Frontières
(Reporteros Sin Fronteras -RSF-), la ONG
no tan no gubernamental de Menard que sostiene a “periodistas
independientes”, no tan periodistas ni tan
independientes, se ha lanzado en una campaña de
histeria anticubana digna de los tenores de la
contrarrevolución de Miami.
Hace ya varios
años que Menard y RSF han llegado a penetrar las
salas de redacción de varios medios de
comunicaciones franceses y algunos internacionales,
disfrazado de activista de los derechos humanos,
versión imperialista, abogando por el derecho a la
injerencia en los asuntos internos de cada nación,
justificando las intervenciones belicistas de sus
amos.
Una publicidad
reciente, sensacionalista, de RSF, hace un paralelo
escandaloso entre la situación de los derechos
humanos en Bagdad, donde el fascismo norteamericano
acaba de realizar una masacre, y la de Cuba, donde
la Revolución ejerce su privilegio de defenderse de
una desvergonzada intervención extranjera.
En su conferencia
de prensa del 9 de abril último, el canciller
cubano Felipe Pérez Roque recordaba la abundancia
de fuentes de ingresos a las cuales grupos
supuestamente humanitarios, como el de Menard,
obsesionado por Cuba, tienen acceso.
El balance es,
sencillamente, indecente.
UNA LLUVIA DE
BILLETES VERDES
Sólo el Instituto
Republicano Internacional, de Estados Unidos,
recibió en el 2002 la cantidad de 1 674 462 de
dólares para “ayudar a crear las bases de apoyo
internacional para proveerles ayuda material, moral
e ideológica a los activistas en Cuba”.
El 27 de diciembre,
Adolfo Franco (uno de los más de veinte
cubano-americanos que penetraron las altas esferas
de la Administración Bush, la llamada Miami
Connection), quien es administrador para
América Latina y el Caribe de la USAID
(¡fíjense!) declaraba abiertamente ante un
subcomité de Relaciones Exteriores de la Cámara de
Representantes, que la Agencia para la Ayuda
Exterior norteamericana ha invertido 22 millones de
dólares para enviar a Cuba materiales, propaganda
y, entre muchas otras cosas más, 7 000 radios “para
oír Radio Martí”.
Aquí hace falta
precisar que la propia Radio Martí percibe
anualmente 25 millones de dólares de los fondos de
la Voice of America, de la cual es una simple
sucursal¼ Es así como cada año, desde las varias
fuentes de abastecimiento para mercenarios creadas
por el Gobierno de Washington, decenas y decenas de
millones llueven sobre los colaboradores del
imperio, tanto en Miami como en París o en La
Habana.
El propio James
Cason, también agente de la CIA y jefe de la SINA,
encargado por el Gobierno de George W. Bush de
agudizar la campaña de subversión contra Cuba,
declaró en la televisión de Miami que se reunía
“cada vez que podía” con la Fundación Nacional
Cubano-Americana (FNCA), creada, sostenida y
orientada por la CIA, servidora de la NED y de
USAID, e identificada por el terrorista Luis Posada
Carriles, actualmente detenido en Panamá, como su
principal fuente de financiamiento.
También reconoció
Cason su relación activa e inmoral con la versión
paramilitar de la FNCA, el Cuban Liberty Council, de
la pareja terrorista Ninoska Lucrecia Pérez
Castellón-Roberto Martín Pérez, este último el
organizador y financista comprobado de múltiples
actos terroristas cometidos contra Cuba.
En su afán de “liberar
a Cuba” y de “ayudar a la libertad de prensa”,
y en su rabia anticomunista que no llega a esconder,
Menard no sólo ha rentabilizado su grupo, sino que
lo ha convertido en agencia de desinformación de
los que informan, en mecanismo de distribución de
fondos a contrarrevolucionarios, en proveedor de
material desinformativo para todos los medios de
comunicación neofascistas y batistianos de South
Florida. Una versión francesa de la Freedom House,
del operativo de la CIA Frank Carlson, quien
también se dedica a distribuir fondos contra
retribución.
“LES DAMOS
CINCUENTA DOLARES MENSUALES”
Ya, hace unos
años, Menard había confesado de manera implícita
su inserción en la operación de distribución de
dinero a un importante número de sus “colaboradores”,
llevada a cabo por la SINA.
“Nosotros les
damos cincuenta dólares mensuales a unos veinte
periodistas para que puedan sobrevivir”,
confirmaba Menard a los autores de ¿Disidentes o
mercernarios?, los periodistas Hernando Calvo
Ospina y Katlijn Declercq.
De hecho, la propia
forma de distribución de fondos, de origen
indeterminado, por Menard y su organización
corresponde al método usado por las varias
organizaciones norteamericanas vinculadas
abiertamente a NED y USAID y revela la relación
RSF-CIA, tal como el destino de las supuestas
informaciones difundidas por las agencias
contrarrevolucionarias.
Este material,
orientado de manera sistemática a socavar la
Revolución y dañar su imagen, se destina a
publicaciones cuya característica es su
alineamiento con la Casa Blanca. De tal forma que
RSF no sólo cumple con su misión de ubicar,
reclutar, orientar y alentar con financiamiento a
una serie de mercenarios, sino también alimenta
medios de comunicaciones controlados por una
brocheta de personajes de pura cepa neobatistiana
tales como el Diario de las Américas, el Nuevo
Herald, Radio Mambí, Radio Martí, de tendencia
claramente neofascista y anexionista.
Actuando de esta
forma, Menard alinea su organización, supuestamente
humanitaria, sobre la visión de Cuba de Alberto
Pérez-Roura, el pontífice de Radio Mambí, jefe de
una canallada que constantemente manifiesta su apoyo
al terrorismo más sanguinario, representado por
Orlando Bosch y Luis Posada Carriles.
Colaborador
patentado del bloqueo sobre la información, Menard
siempre se abstuvo de atacar las políticas
altamente represivas de numerosos regímenes
asociados a Estados Unidos y tampoco ataca al
imperio que los genera prefiriendo recibir sus
fondos que se suman a los de la Comunidad Europea y
de varios empresarios sospechosamente interesados
por la causa de la información.
De manera
significativa, la organización de Menard es una de
las tres similares que disponen de los presupuestos
más elevados y saturan el mercado global de la
defensa de la libertad de prensa en su versión
monopolista. Curiosamente, las otras dos son
norteamericanas: el CPJ, de Nueva York, y la Inter
American Press, de Miami.
Ya en Venezuela,
hace unos meses, Menard había dejado caer la
máscara, precipitándose al socorro de la prensa
putschista, la del multimillonario Gustavo Cisneros
y sus semejantes, mientras ignoraba la suerte de
periodistas de la prensa comunitaria favorables al
inmenso movimiento popular de apoyo al presidente
Hugo Chávez.
De la misma forma
que siempre ignoró los ataques brutales y
encarcelamientos de reporteros vinculados a las
campañas antiglobalización (notablemente los de la
red Indymedia) desde que, en 1999, comenzaron las
grandes protestas contra la Organización Mundial
del Comercio en Washington.
Autoproclamándose
combatiente de la libertad, ha desencadenado su
nueva cruzada mientras George W. Bush llevaba la
suya, con una admirable simultaneidad.
De la misma forma
que George W. Bush y su régimen usan la defensa de
los derechos humanos para aplastarlos mejor, ya sea
a través del Patriot Act o de las bombas de racimo,
Robert Menard la usa para acabar con la
información. Soñando con una América¼ sin
fronteras.
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