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Haití: el
infierno de este mundo (XIV)
En Puerto
Príncipe hasta la lluvia sería hoy una
maldición. Un buen aguacero acabaría con
las pertenencias de los miles que viven
bajo sábanas y lonas, enfermaría a los
más débiles e inundaría en poco tiempo a
esta ciudad, llena de escombros y
canales obstruidos. Y si cayeran solo
algunas gotas, el peligro de epidemia
aumentaría cuando a la suciedad se le
sumen unos cuantos charcos.
Bajo esas
amenazas clarea este sábado en la
capital haitiana. La cercanía del
periodo lluvioso, a mediados de marzo,
anuncia otra tragedia, otra réplica del
sismo que no termina. Quizás por eso
sean más los quimbos techados con tablas
y las casas de campaña recién montadas
en plazas y parques. Cada cual hace su
espacio lo más seguro posible; sin
embargo, lo que del cielo caiga quién
sabe hasta dónde logre entrar. Y aunque
los medios oficiales anuncian que
trasladarán la capital hacia otros
lugares, a los que viven en las plazas
eso parece no importarles mucho.
Quien recorra
hoy Puerto Príncipe no puede hablar de
un regreso a la normalidad con tantos
miles de personas viviendo hacinados, a
la intemperie, con hambre y un sinfín de
necesidades, pero son evidentes los
síntomas de recuperación de este pueblo.
Desde hace días brigadas de escombreo
trabajan sin parar, hay lugares como la
sede de la cancillería, derrumbada por
completo, totalmente limpios. Varias
veces durante esta semana nos topamos
con grupos de haitianos barriendo las
calles, imagen que, dicen algunos, no
habían visto nunca aquí. Quienes no
tienen los equipos para recoger las
pesadas moles de concreto, arremeten
contra ellas con mandarrias hasta
convertirlas en pedazos más pequeños.
Así familias enteras desentierran lo que
fue su casa. Hay hasta quien comienza a
pintar las fachadas aún en pie.
Asombra la
capacidad de adaptación a la calamidad.
A las puertas del estadio de fútbol de
Puerto Príncipe, donde hoy viven cientos
de personas, un hombre ha montado su
mesa y su pequeña planta eléctrica para
dar carga a los celulares. Todo el que
entra o sale deja allí su teléfono, y se
va con el comprobante de entrega.
Ya todo el mundo
está en las calles comerciando cualquier
cosa, ganar dinero es una prioridad.
Cuentan que ya este es el ajetreo del
Puerto Príncipe de siempre. Pero las
calamidades naturales siguen recordando
cuánto queda por hacer, pues el estado
natural de este país no pueden ser las
tragedias. En pocas semanas llegarán las
lluvias, en algunos meses, los
huracanes. Y este seguirá siendo el
infierno de este mundo, pero ¿hasta
cuándo?
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