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Por la
vida del planeta azul
Por Elsa Claro
Si algo no sobra es
optimismo en cuanto a las posibilidades
de alcanzar este año un pacto contra el
calentamiento global. Entre aquellos con
esa certeza se encuentra el todavía jefe
de la ONU para el cambio climático, Yvo
de Boer, quien sugiere que los esfuerzos
se dirijan a la adopción de medidas
prácticas específicas, como pudiera ser
la salvación de los bosques. Así lo
declaró en Bonn, donde del 9 al 11 de
abril se realizaron contactos del
organismo mundial destinados a reanimar
los esfuerzos tan mal parados en
diciembre último, durante la fallida
Cumbre de Copenhague. Estas
negociaciones en Alemania exploraron sin
gran éxito revivir el diálogo sobre un
acuerdo con agenda y calendario de
cumplimientos, de manera que pudiera ser
llevado a la próxima reunión ministerial
en Cancún, México.
Demasiado parca la oferta. No se
corresponde con objetivos y esfuerzos
cuando ni siquiera anda cerca un sucesor
para el Protocolo de Kyoto, que fenece
en el 2012, pues las perspectivas son
lamentablemente raquíticas. Si se trazan
metas por debajo de lo cumplido a duras
penas y mal, serán inferiores las
posibilidades de frenar la gran amenaza
que acabaría con la humanidad.
Y mientras se columpian las voluntades,
Estados Unidos y Europa siguen violando
casi todos los acápites de la Carta de
la Tierra, una de las primeras
herramientas colectivas destinadas a
encarar el futuro, cuidando los bienes
de la naturaleza que sustentan a los
habitantes de la Tierra. De EE. UU. no
se esperaban mejores proyecciones, toda
vez que se negaron a suscribir tratados
medioambientalistas o salieron de ellos,
a pesar de ser el mayor contaminador
planetario (por encima del 40% de las
emanaciones tóxicas).
Ejemplo: En el 2001, durante la Cumbre
de Bonn, el gobierno del republicano
Bush se opuso a que fueran aprobadas
medidas coercitivas contra los países
incumplidores de los compromisos
estipulados en Kyoto, pero en este abril
del 2010, la administración del
demócrata Obama decidió aplicar
sanciones, eliminando las escasas ayudas
para programas de protección ecológica
que otorgaba a países tercermundistas.
Es una entre varias presiones contra
aquellos que decidieron no firmar el
Acuerdo de Copenhague facturado el
pasado diciembre, cuando le fue impuesto
a un plenario de 193 países, un texto
concebido en esencia por las naciones de
mayor desarrollo industrial,
matriculadas por Washington “rompiendo
los procedimientos y protocolos del
multilateralismo y los principios de la
Carta Constitutiva de Naciones Unidas”,
como recordó el Ministerio de Relaciones
Exteriores de Ecuador, al conocer la
medida norteamericana que se les aplica
ahora.
Otros 80 países tampoco suscribieron ese
plan pergeñado de modo tan poco
virtuoso, que no pasa de ser una
declaración política sin el adecuado
valor jurídico, y como tampoco es
obligatorio cumplirla, sus escasas
mociones se quedan en nada. Tampoco se
propuso una reducción real y efectiva de
las emisiones de CO2, causantes del
calentamiento global. Se trata de
formulaciones por debajo de los
antecedentes.
El Viejo Continente presume de ser
distinto en materia ecológica, pero esas
credenciales las van a perder si, como
parece, se asocia, también en este
terreno, a los dictámenes de su socio
transatlántico.
A los asistentes a Copenhague se les
pidió la entrega en enero de compromisos
particulares para reducir las emisiones
de carbono. Partiendo de lo recibido,
uno de los negociadores de la India,
Chandrashekhar Dasgupta, dijo que eran
decepcionantes las metas y patéticos los
propósitos formulados. El problema
radica en que hasta el momento no se
cumplieron los compromisos anteriores,
luego si son reducidos, menos va a
lograrse. Las naciones emergentes piden
a los desarrollados un recorte del 40 ó
50% en los próximos 30 años, pero la
Unión Europea propuso del 25 al 30% y no
hizo frente a la insuficiencia de EE. UU.,
el de mayor responsabilidad histórica en
el problema del cambio climático en el
planeta. El Presidente estadounidense
anunció una rebaja apenas equivalente al
4% con respecto a 1990 y de ningún modo
en línea con lo considerado
imprescindible por los científicos para
impedir una hecatombe irreversible.
Erradicar la pobreza como un imperativo
ético, social y ambiental, plantea el
epígrafe Justicia social y económica, de
la citada Carta de la Tierra, porque los
factores para la existencia hoy de
tantos millones de hambrientos o
desfavorecidos, son generados por
aquellos a quienes solo mueven sus
intereses particulares y lo mismo
destruyen el medio de una comunidad que
provocan desastres globales económicos o
climáticos.
De ahí la urgencia de “Proteger y
restaurar la integridad de los sistemas
ecológicos de la Tierra, con especial
preocupación por la diversidad biológica
y los procesos naturales que sustentan
la vida”. Y, además, adoptando “patrones
de producción, consumo y reproducción
que salvaguarden las capacidades
regenerativas de la Tierra, los derechos
humanos y el bienestar comunitario”
VISION
PRIMIGENIA
Organizaciones
cívicas bolivianas que abarcan todos los
estratos sociales, se reunieron en
varias mesas de trabajo para adoptar
documentos propuestos como estrategias
de acción a la Primera Conferencia
Mundial de los Pueblos sobre el Cambio
Climático y los derechos de la Madre
Tierra. Entre sus demandas y sugerencias
figuran:
Exigir a los gobiernos de los países
desarrollados que para la Conferencia de
Partes (COP 16, en México) den
cumplimiento a sus obligaciones de
reducción del primer período
establecidas en el Protocolo de Kyoto y
que adopten para el 2º período hasta el
2017, compromisos más radicales de
absorción y reducciones de sus emisiones
de Gases de efecto invernadero dentro de
sus territorios en al menos el 50%,
buscando garantizar que el incremento de
la temperatura no supere 1º C, requisito
esencial para garantizar la Vida. Se
rechazan los llamados mercados de
Carbono y que las restricciones u otros
compromisos, sean transferidos hacia los
países en Desarrollo.
Las negociaciones en México deben ser
transparentes, inclusivas, democráticas,
sin documentos impuestos, ni
condicionantes o chantajes. Retomar el
proceso de negociación desde el punto en
que fuera interrumpido antes de
Diciembre de 2009 en Copenhague,
respetando los métodos de trabajo
consensuados.
Se pide al norte rico “Financiamiento
para la Tierra, no para la Guerra”,
argumento con sobradas bases, porque
aparte de las destructivas contiendas en
marcha, en la actualidad el gasto
militar del mundo es de 1 464 billones
de dólares. De transferirse los
presupuestos al incremento de recursos
para atender los impactos del cambio
climático, se estaría edificando futuro.
Ese criterio figura entre otros muy
juiciosos que llevan a proponer un
referéndum mundial preguntando: ¿Está
usted de acuerdo en transferir todo lo
que se gasta en las guerras y en
destinar un presupuesto superior en
defensa de la Madre Tierra? ¿Está usted
de acuerdo con un Tribunal de Justicia
Climática para juzgar a quienes
destruyen a la Madre Tierra?
Esta cumbre de pueblos en Bolivia deja
sin caretas y bien desnudos a todo aquel
que pretenda ignorar el criterio de
quienes resultan las principales
víctimas. Se tiene en cuenta en esa
línea lo dicho por Lumumba Stanislas Dia-ping,
representante de Sudán, quien en
Copenhague afirmara que adoptar aquel
documento, era equivalente “a pedirle a
Africa que firme un pacto suicida…” Los
expertos aseguran que 185 millones de
personas en la zona subsahariana corren
peligro de muerte por aumento de
enfermedades atribuibles al cambio
climático.
Las particularidades son escalofriantes:
casi todo el territorio de Burundi y
Ruanda y franjas de Etiopía y Eritrea,
al sudoeste de Níger y el sur de Chad,
se identifican entre los puntos
vulnerables. Aunque es Africa el
continente que menos contamina, resulta
el más amenazado por inundaciones y
hambrunas derivadas de una menor
producción agrícola y conflictos por los
recursos.
Lamentablemente los poderosos, que
disfrutan con exceso y privan a su
descendencia hasta de lo elemental o les
condenan a una existencia, quizás sin
ningún horizonte, hacen todo lo posible
en sentido inverso a lo que la prudencia
y el instinto de conservación aconsejan.
Las guerras desatadas y los extremos con
que explotan los recursos naturales, no
impedir los contaminantes que asfixian
al planeta, expresan un egoísmo
desquiciado y una necedad también sin
fronteras.
El Protocolo de
Kioto es concebido en la ciudad japonesa
que le da nombre en diciembre de 1997,
cuando representantes de 125 países
elaboraron el documento con el cual los
países firmantes se comprometen a
reducir en el período 2008-2012, las
emisiones de gases con efecto
invernadero en un 5,2% (partiendo de los
niveles de 1990). Fueron establecidas
diferentes cuotas según el nivel de
contaminación pasada y actual de cada
país, por lo cual aquellos con mayores
tasas tendrían cantidades superiores a
disminuir. El acuerdo fue concebido en
el Tercer Congreso de las Partes del
Convenio Marco sobre Cambio Climático de
la ONU.
Desde los años 80 los científicos
alertaron sobre los peligros referidos
al cambio climático. El aviso provocó el
intento de consensuar acciones en
reuniones internacionales. Destacan:
Junio de 1988: Congreso de Toronto sobre
Cambios en la Atmósfera, donde se
acuerda crear el Panel
Intergubernamental formado por 300
destacados científicos de todo el mundo,
quienes se hacen cargo de confirmar las
causas del cambio climático y sus
posibles soluciones. El primer informe
que emiten es conocido en agosto de
1990. A partir de este texto se
establecen las bases para redactar el
Convenio Marco de la ONU sobre Cambio
Climático, adoptado dos años después y
en vigor en 1994, del cual forman parte
hoy 189 estados.
Junio de 1992: Se fija el objetivo de
reducir las emisiones de CO2 a los
niveles de 1990 para el año 2000 en la
conocida como Cumbre de la Tierra,
efectuada en Río de Janeiro, Brasil.
Marzo de 1995: Berlín, Alemania, es la
sede del primer Congreso de las Partes
del Convenio (COP1), donde fue expresada
la necesidad de más acciones, pero en
uno de tantos manejos parecidos, fueron
consideras improcedentes las
obligaciones para los países
industrializados. La cita concluyó sin
acuerdos.
Diciembre de 1995: El Segundo Informe
del Panel que para entonces cuenta con 2
000 científicos y otros expertos,
concluye que “…las evidencias sugieren
la influencia humana sobre el clima
global”, cuyos primeros impactos están a
la vista.
Julio de 1996: Se efectúa en Génova,
Italia, el COP2. Comienza a hablarse de
“comercio de emisiones”.
Diciembre de 1997: Se realiza en Kyoto,
Japón y junto con la Cumbre de Río, es
la más renombrada de estas citas. En
esta COP3 se adopta el texto del
conocido Protocolo firmado, cuyo
objetivo es reducir emisiones en un 5,2
% para el año 2010 teniendo como punto
de partida los niveles de 1990. Pese a
ello, solo un año después en los países
industrializados se registra un aumento
de las emisiones de un 10% y en EE.UU.
fue el doble. Buscando evitar los
controles, trasladaron sus fábricas a
naciones en vías de desarrollo. En los
acuerdos fue incluida la posibilidad de
inciar un comercio de emisiones entre
los desarrollados. Es uno de los puntos
de apoyo para el regateo de
responsabilidades y el posible traslado
de los problemas a los menos
contaminantes.
Noviembre de 1999: Se realiza el COP4 en
Bonn, Alemania, donde crecen las
discrepancias entre países ricos que se
exigen poco y a los pobres colocan en
situación de corresponsabilidad.
Junio de 2000: Teniendo a Luxemburgo
como anfitrión, se reúnen los 15
ministros de Medio Ambiente con que
contaba la UE en esa fecha y entre ellos
surgen los primeros problemas graves
para la aplicación del Protocolo, cuando
son cuestionados los "sumideros de
carbono". Unos meses después, en
noviembre, se realiza en Holanda la V
COP, donde Europa y EE. UU. no coinciden
con la forma para determinar los métodos
de reducción. Los sumideros (término
asignado a la capacidad de absorción de
CO2 por la vegetación y la forma de
contabilizarla) fue el principal
escollo. No se arriba a ningún acuerdo
pero en abril del año siguiente, el
mediador de la ONU, Jan Pronk, hace
concesiones a EE. UU. con una propuesta
sobre la utilización “flexible” de esa
especie de vertederos climáticos.
Enero-Marzo de 2001: se aprueba el
Tercer Informe de Evaluación del Panel
Internacional con la primera unanimidad
científica global confirmando que las
acciones desproporcionadas de los seres
humanos son responsables de la
alteración del clima.
Marzo-Junio de 2001: La administración
Bush decide no ratificar el Protocolo de
Kyoto (William Clinton lo había firmado
aunque el senado norteamericano se opuso
a darle validez).
Mayo de 2002: La Unión Europea ratifica
el Protocolo de Kyoto tras ser aprobado
en los parlamentos nacionales. Se cumple
el primer requisito de 55 firmantes. La
segunda condición, (que sumen el 55% de
las emisiones de CO2), queda lejos.
Junio de 2002: Japón este mes y luego
China y Nueva Zelanda en diciembre, se
adhieren, pero Australia se niega a
revalidarlo, si no lo hacen EE.UU. y
otros industrializados.
Junio de 2003: Pese a esos avances, la
secretaría de la Convención Marco de la
ONU sobre el Cambio Climático, informa
un aumento de las emisiones de gases por
parte de las naciones desarrolladas,
incluyendo a las firmantes del
compromiso Kyoto.
Febrero 2005: El día 16, entra
finalmente en vigor el Tratado de Kyoto
dando paso al período 2008-2012 durante
el cual se supone que las emisiones
globales se redujeran un 5%. El 2009,
pese a ese propósito, ocurre la
frustrante Cumbre de Copenhague.
Recuadro 2:
LA MADRE
TIERRADEMANDA
-Justicia
Climática. Los Países Desarrollados
tienen la obligación de reconocer la
deuda climática a través de: la
reparación, resarcimiento y la
indemnización por los daños causados,
además de garantizar la devolución del
espacio atmosférico, financiamiento y
transferencia de tecnología a favor de
los Países en Desarrollo.
-Exigir a los Países Desarrollados
respeto a los derechos de las
poblaciones migrantes por efectos
climáticos, y que se destinen recursos
para brindarles acogida y compensación a
nivel local, nacional, regional e
internacional.
-Construir un movimiento mundial desde
los pueblos y las organizaciones
sociales en defensa de la Vida y la
Madre Tierra, basada en la inclusión y
complementariedad de todos.
-Promover el Vivir Bien y sus principios
como alternativa al sistema de vida
capitalista, recuperando los ciclos
naturales de la Madre Tierra y a través
de la producción ecológica, el consumo
de productos orgánicos locales,
renunciando al derroche y la
contaminación, innovando en tecnologías,
y promoviendo el desarrollo y uso de
energías limpias. Impulsando el rediseño
de las ciudades creando cercanías y
reduciendo distancias.
DENUNCIA
-Los países
desarrollados que dan inicio su proceso
de industrialización agresivo de los
recursos naturales desde la revolución
industrial durante el siglo XIX, basan
su desarrollo en el modelo capitalista y
hasta el momento tienen el 80% de
responsabilidad en la emisión de los
gases contaminantes y solo tienen el 20%
de la población del mundo y el 80% de la
población (que son las países menos
desarrollados) es responsable del 20% de
la emisión estos gases de efecto
invernadero.
-Los países industrializados han
sobreexplotado y devastado de manera
desmedida los recursos naturales; estos
países contaminan con su alta actividad
industrial; emitiendo gases tóxicos,
residuos dañinos y activos para la
atmósfera y para el medio ambiente.
Las empresas y transnacionales han
tenido una lógica de saqueo de los
recursos naturales y de la vida de las
comunidades… la
actividad industrial del modelo de
desarrollo capitalista elevó la
temperatura a tal punto, que ahora
vivimos las consecuencias en
inundaciones, sequías y otros eventos
extremos; que dejan consigo hambrunas y
enfermedades en la población del mundo. |