Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


     

N U E S T R A  A M E R I C A

La Habana, 21 de abril de 2010

 

En una Bolivia nueva se defiende a la Madre Tierra

Nidia Díaz

VARIOS acontecimientos extraordinarios proyectan hoy al Estado Plurinacional de Bolivia en planos estelares y colocan el nombre de esta pujante nación andina, tradicionalmente explotada por amos extranjeros y un puñado de oligarcas locales asociados a ellos, en los más relevantes sitios del dinámico devenir latinoamericano y mundial.

La otrora saqueada, demeritada y despreciada Bolivia y su actual líder indiscutido, Evo Morales, salido de las mismas entrañas de los pueblos originarios y símbolo de su despertar y de sus luchas, no pueden ser ignorados ni por los poderosos medios de comunicación al servicio del capitalismo, que aunque no cesan en sus empeños de descrédito, mentiras y confusiones sobre los días que viven actualmente los bolivianos, no les es posible escapar al reconocimiento de verdades evidentes como puños, que caracterizan la consolidación y el crecimiento indetenible del apoyo popular al mandatario, a su partido de gobierno el MAS, a los numerosos movimientos sociales que lo apoyan y al cumplimiento de programas sociales y económicos que han colocado a Bolivia, en medio de la crisis económica global, como el país latinoamericano de mayor crecimiento económico en el año 2009 (3,5%), alcanzando casi el 4% previsto y elevando sus reservas internacionales hasta 8 500 millones de dólares, mientras la pobreza extrema se redujo 8 puntos en tres años.

 Las fuerzas que en Bolivia impulsan los cambios democráticos y sociales, encabezadas por Evo Morales y el MAS, dieron nuevamente muestras de su imparable movimiento ascendente desde el año 2005 en que, uno tras otro, fueron aumentando su caudal electoral en seis ocasiones —incluidos referendos y elecciones de diverso tipo—, y desarticularon sinistros complots y conspiraciones que incluían hasta la eliminación física del Presidente, el vicepresidente Alvaro García Linera y otros prestigiosos dirigentes de arraigo popular.

 Los resultados obtenidos en la reciente justa electoral, que comprendía las nueve prefecturas departamentales, 337 alcaldías municipales y sus correspondientes asambleas, confirmaron ese abrumador respaldo —sin precedente en la historia boliviana—, con 1,8 millones de votos (66,6%) en las departamentales y dos tercios (229) de las 337 alcaldías. Es de señalar que en algunos de los departamentos donde fueron elegidos gobernadores del MAS, esta fuerza política prácticamente duplicó la votación con respecto al 2005, como fueron los casos de Cochabamba, Oruro y Potosí.

 En Santa Cruz, bastión de la oposición oligárquica y separatista, obtuvo 334 192 votos, más del doble que en el 2005; tal repunte se repitió en Beni y Tarija, mientras que en Chuquisaca logró conquistar esta gobernación con casi el doble de los sufragios que en la elección anterior y también recuperó el departamento de La Paz.

 En el ámbito municipal, el desempeño del MAS y los movimientos sociales que le apoyan fue espectacular igualmente, al multiplicar por 20 la votación que habían obtenido en 1999, en que con 65 425 votos, en el mismo inicio de su despegue político, llegaron al gobierno de sólo cinco municipios del Chapare.

 Esta vez, la votación municipal en su conjunto, rebasó el millón y medio — tres veces más que en las municipales del 2004—, y obtuvo así la Alcaldía de 229 municipios para el período 2010-2015, 165% más que en los comicios anteriores.

 Frente a estos avances que muestran la solidez del proceso emancipador, la oposición se revuelve desesperada y sigue ensayando las más diversas maniobras y conjuras, apelando esta vez al fraude electoral en algunos departamentos que busca retener, y ello ha sido objeto de denuncias por parta del presidente Evo Morales, quien señaló la complicidad de varias cortes electorales en los departamentos con estas irregularidades, que se hicieron más patentes en Tarija, Beni y Santa Cruz.

 De este modo, el gobierno popular aparece consolidado como nunca antes desde que llegó por vez primera al Palacio Quemado, pues cuenta además con una mayora legislativa, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, y se asienta en la mayor fuerza política del país, que es sin duda y por amplio margen el Movimiento al Socialismo (MAS), que ha logrado conducir tras de sí a las más amplias masas de trabajadoras, no sólo a los pueblos originarios, apoyándose así en una vasta base, que incluye a los sindicatos, los ecologistas, los artistas e intelectuales y los más diversos sectores sociales que se ven, por primera vez, representados y defendidos desde los más altos niveles del poder.

 Atrás quedaron los días en que en menos de un año, su primer año de gobierno, acompañado por su partido, el MAS y el gigantesco movimiento indígena y popular sobre el que se sustenta su Gobierno,  renacionalizó los hidrocarburos, se llevó la mayoría de los escaños en la Asamblea Constituyente y, en un gesto de valentía soberana se lo jugó todo al exigir a las empresas transnacionales, dueñas prácticamente de las riquezas energéticas del país, firmar nuevos contratos con los cuales el Estado boliviano retomó la comercialización, la definición de las condiciones para la exportación, la industrialización y los precios del gas y el crudo para reinvertir las ganancias en programas sociales de beneficio público, como el Bono Juancito Pinto para evitar la deserción escolar entre los niños menos favorecidos y el Bono Dignidad para saldar una vieja deuda social con los bolivianos y bolivianas mayores de 60 años.  

 No muchos creyeron entonces que un Gobierno popular, podría poner fin a la denominada “capitalización” hecha por Sánchez de Lozada sin poner en riesgo las inversiones extranjeras y con ello la retirada de las empresas foráneas a las cuales se les entregó el patrimonio energético de Bolivia como consecuencia de la aplicación del modelo neoliberal impulsado por Washington en la región. Y, por si fuera poco en ese mismo año 2006 y ante las maniobras dilatorias de los legisladores de la oligarquía larga marcha miles de indígenas en silenciosas columnas avanzaron hacia la capital del país desde todos los puntos de la geografía boliviana: las tierras bajas del Beni, las altas de Oruro, Pando, Potosí, del altiplano paceño, Santa Cruz, y otras, exigiendo la firma de la Ley de Reforma Agraria. Aquella masa irredenta fue acompañada en su vigilia frente al Legislativo por el mismísimo mandatario que anuncio la aprobación de la ley y el fin del latifundio en Bolivia donde para escarnio de todos el 5% de la población era dueño del 91% de la tierra.

 Como consecuencia de todo lo anterior y simultáneamente han crecido el prestigio internacional de Bolivia, la autoridad y el protagonismo del presidente Evo Morales Ayma como una figura de indiscutible peso y presencia en el escenario latinoamericano y mundial. Hasta quienes lo miraban recelosos —por ser enemigos de sus ideas justas o simplemente porque dudaban de su capacidad—, tienen hoy que reconocerlo no sólo como el primer presidente indígena de Sudamérica, sino el estadista inteligente, sereno y valiente que ha sorteado con audacia y prudencia admirablemente combinadas todos los obstáculos puestos en el camino de la Revolución Cultural y Democrática.

 A estas conjuras, por supuesto, no ha sido ajeno el gobierno de los Estados Unidos, desde los tiempos nefastos de Bush, que convirtió a la embajada estadounidense en La Paz, en el puesto de mando de la contrarrevolución racista y catalizador de cuantas acciones violentas se lanzaron bajo la cobertura de la defensa de las autonomías departamentales con la intención de desmembrar al país. Tales empeños criminales y desestabilizadores fueron aplastados por Evo con el apoyo del pueblo, incluidas las fuerzas armadas, poniendo en evidencia los verdaderos propósitos de los conspiradores en los territorios formados por la llamada Media Luna Oriental del país.

Es con este aval acumulado que Evo Morales convoca ahora a la Conferencia Mundial de Movimientos Sociales sobre Cambio Climático en Cochabamba, entre el 20 y 22 de abril, una vez que su mensaje y su figura descollaron,—junto a Hugo Chávez—, en la fenecida y bochornosa Cumbre de Copenhague, donde ambos presidentes, símbolos la nueva América soberana, levantaron sus voces para condenar allí a los poderosos que, encabezados por Estados Unidos, pretendían burlar la voluntad y el reclamo urgente de la humanidad, en especial de los más pobres y vulnerables.

 En semanas recientes, la próxima Conferencia de Cochabamba ha tomado un impulso insospechado, creciendo en importancia y el número de sus posibles asistentes asciende ya a 7 500, procedentes de los cinco continentes, tanto de pueblos originarios como de otros sectores de la sociedad, y en ella —al parecer—, se definirá la creación de una organización mundial de movimientos sociales, de pueblos originarios y entidades afines que se plantearán la defensa del derecho a la Madre Tierra (Pacha mama) y hará suyas otras reivindicaciones semejantes para movilizarse alrededor de ellas y ser escuchados por las Naciones Unidas.

 Al efectuarse la conmemoración del décimo aniversario de la “batalla por el agua”, una insurrección popular que estalló en Cochabamba contra la privatización de los servicios de agua y marcó el inicio del proceso de cambios que desembocó en la actual Revolución Cultural y Democrática, Evo afirma que la próxima Cumbre a efectuarse allí, sería el preludio de la Cita de Cancún (diciembre de 2010), donde todos deberán “escuchar para entender mejor cómo todos los pueblos, organizados en movimientos sociales defenderán a la Madre Tierra y sus derechos, si los presidentes y los gobiernos no la defienden”.

 Con razón estos movimientos sociales que vienen proclamando desde que antes de que Evo llegase a la presidencia de Bolivia la idea de hacer realidad su nominación al Premio Nobel de la Paz consideran llegado el momento de replantearla, tal y como ha hecho el argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz que ya ha solicitado al Comité Noruego esta postulación.

 La designación de Evo Morales como Premio Nobel de la Paz en este año del Bicentenario de la Emancipación Americana del colonialismo español tendría múltiple significación y se interpretaría como un reconocimiento a las luchas de los pueblos originarios, que han sido objeto secularmente de las mayores crueldades, humillaciones y vejámenes por parte de la doble explotación racista y capitalista y que junto a los esclavos africanos contribuyeron con su sangre y su sudor a edificar los reinos e imperios de la culta y sacrosanta Europa.

 En lo personal, Evo Morales hoy  se yergue como el representante más genuino del movimiento indígena en América, quien llegó a la presidencia de su país tras larga lucha y sacrificio, solteando por encima de prejuicios y exclusiones, desde la extrema pobreza hasta los más duros trabajos, desde la cárcel hasta la tortura y la persecución. Evo, sin embargo, nunca capituló y emergió como líder auténtico de esas masas sometidas, bajo principios éticos ancestrales de quechuas y aymaras: no robarás, no mentirás, no serás flojo.

 Puede decirse que, moralmente, Evo es ya un Premio Nobel de la Paz, cuya candidatura será respaldada mundialmente por los movimientos sociales y populares, las personalidades honestas de todas las ramas del saber y de la política y todos los pobres del planeta (que son la inmensa mayoría) que ven en este indígena un referente puro y digno.

 Desde la nueva Bolivia y con Evo al frente se dará la batalla por la defensa de la Madre Tierra en momentos en los que como nunca antes el Norte rico e irresponsable  se empeña con su sociedad de consumo y despilfarro, hace peligrar su propia existencia.
 

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