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En una Bolivia nueva se
defiende a la Madre Tierra
Nidia
Díaz
VARIOS acontecimientos extraordinarios
proyectan hoy al Estado Plurinacional de
Bolivia en planos estelares y colocan el
nombre de esta pujante nación andina,
tradicionalmente explotada por amos
extranjeros y un puñado de oligarcas
locales asociados a ellos, en los más
relevantes sitios del dinámico devenir
latinoamericano y mundial.
La otrora saqueada, demeritada y
despreciada Bolivia y su actual líder
indiscutido, Evo Morales, salido de las
mismas entrañas de los pueblos
originarios y símbolo de su despertar y
de sus luchas, no pueden ser ignorados
ni por los poderosos medios de
comunicación al servicio del
capitalismo, que aunque no cesan en sus
empeños de descrédito, mentiras y
confusiones sobre los días que viven
actualmente los bolivianos, no les es
posible escapar al reconocimiento de
verdades evidentes como puños, que
caracterizan la consolidación y el
crecimiento indetenible del apoyo
popular al mandatario, a su partido de
gobierno el MAS, a los numerosos
movimientos sociales que lo apoyan y al
cumplimiento de programas sociales y
económicos que han colocado a Bolivia,
en medio de la crisis económica global,
como el país latinoamericano de mayor
crecimiento económico en el año 2009
(3,5%), alcanzando casi el 4% previsto y
elevando sus reservas internacionales
hasta 8 500 millones de dólares,
mientras la pobreza extrema se redujo 8
puntos en tres años.
Las fuerzas que en Bolivia impulsan los
cambios democráticos y sociales,
encabezadas por Evo Morales y el MAS,
dieron nuevamente muestras de su
imparable movimiento ascendente desde el
año 2005 en que, uno tras otro, fueron
aumentando su caudal electoral en seis
ocasiones —incluidos referendos y
elecciones de diverso tipo—, y
desarticularon sinistros complots y
conspiraciones que incluían hasta la
eliminación física del Presidente, el
vicepresidente Alvaro García Linera y
otros prestigiosos dirigentes de arraigo
popular.
Los resultados obtenidos en la reciente
justa electoral, que comprendía las
nueve prefecturas departamentales, 337
alcaldías municipales y sus
correspondientes asambleas, confirmaron
ese abrumador respaldo —sin precedente
en la historia boliviana—, con 1,8
millones de votos (66,6%) en las
departamentales y dos tercios (229) de
las 337 alcaldías. Es de señalar que en
algunos de los departamentos donde
fueron elegidos gobernadores del MAS,
esta fuerza política prácticamente
duplicó la votación con respecto al
2005, como fueron los casos de
Cochabamba, Oruro y Potosí.
En Santa Cruz, bastión de la oposición
oligárquica y separatista, obtuvo 334
192 votos, más del doble que en el 2005;
tal repunte se repitió en Beni y Tarija,
mientras que en Chuquisaca logró
conquistar esta gobernación con casi el
doble de los sufragios que en la
elección anterior y también recuperó el
departamento de La Paz.
En el ámbito municipal, el desempeño
del MAS y los movimientos sociales que
le apoyan fue espectacular igualmente,
al multiplicar por 20 la votación que
habían obtenido en 1999, en que con 65
425 votos, en el mismo inicio de su
despegue político, llegaron al gobierno
de sólo cinco municipios del Chapare.
Esta vez, la votación municipal en su
conjunto, rebasó el millón y medio —
tres veces más que en las municipales
del 2004—, y obtuvo así la Alcaldía de
229 municipios para el período
2010-2015, 165% más que en los comicios
anteriores.
Frente a estos avances que muestran la
solidez del proceso emancipador, la
oposición se revuelve desesperada y
sigue ensayando las más diversas
maniobras y conjuras, apelando esta vez
al fraude electoral en algunos
departamentos que busca retener, y ello
ha sido objeto de denuncias por parta
del presidente Evo Morales, quien señaló
la complicidad de varias cortes
electorales en los departamentos con
estas irregularidades, que se hicieron
más patentes en Tarija, Beni y Santa
Cruz.
De este modo, el gobierno popular
aparece consolidado como nunca antes
desde que llegó por vez primera al
Palacio Quemado, pues cuenta además con
una mayora legislativa, tanto en el
Senado como en la Cámara de Diputados, y
se asienta en la mayor fuerza política
del país, que es sin duda y por amplio
margen el Movimiento al Socialismo
(MAS), que ha logrado conducir tras de
sí a las más amplias masas de
trabajadoras, no sólo a los pueblos
originarios, apoyándose así en una vasta
base, que incluye a los sindicatos, los
ecologistas, los artistas e
intelectuales y los más diversos
sectores sociales que se ven, por
primera vez, representados y defendidos
desde los más altos niveles del poder.
Atrás
quedaron los días en que en menos de un
año, su primer año de gobierno,
acompañado por su partido, el MAS y el
gigantesco movimiento indígena y popular
sobre el que se sustenta su Gobierno,
renacionalizó los hidrocarburos, se
llevó la mayoría de los escaños en la
Asamblea Constituyente y, en un gesto de
valentía soberana se lo jugó todo al
exigir a las empresas transnacionales,
dueñas prácticamente de las riquezas
energéticas del país, firmar nuevos
contratos con los cuales el Estado
boliviano retomó
la
comercialización, la definición de las
condiciones para la exportación, la
industrialización y los precios
del gas y el crudo para reinvertir las
ganancias en programas sociales de
beneficio público, como el Bono Juancito
Pinto para evitar la deserción escolar
entre los niños menos favorecidos y el
Bono Dignidad para saldar una vieja
deuda social con los bolivianos y
bolivianas mayores de 60 años.
No muchos creyeron entonces que un
Gobierno popular, podría poner fin a la
denominada “capitalización” hecha por
Sánchez de Lozada sin poner en riesgo
las inversiones extranjeras y con ello
la retirada de las empresas foráneas a
las cuales se les entregó el patrimonio
energético de Bolivia como consecuencia
de la aplicación del modelo neoliberal
impulsado por Washington en la región.
Y, por si fuera poco en ese mismo año
2006 y ante las maniobras dilatorias de
los legisladores de la oligarquía larga
marcha miles de indígenas en silenciosas
columnas avanzaron hacia la capital del
país desde todos los puntos de la
geografía boliviana: las tierras bajas
del Beni, las altas de Oruro, Pando,
Potosí, del altiplano paceño, Santa
Cruz, y otras, exigiendo la firma de la
Ley de Reforma Agraria. Aquella masa
irredenta fue acompañada en su vigilia
frente al Legislativo por el mismísimo
mandatario que anuncio la aprobación de
la ley y el fin del latifundio en
Bolivia donde para escarnio de todos el
5% de la población era dueño del 91% de
la tierra.
Como consecuencia de todo lo anterior y
simultáneamente han crecido el prestigio
internacional de Bolivia, la autoridad y
el protagonismo del presidente Evo
Morales Ayma como una figura de
indiscutible peso y presencia en el
escenario latinoamericano y mundial.
Hasta quienes lo miraban recelosos —por
ser enemigos de sus ideas justas o
simplemente porque dudaban de su
capacidad—, tienen hoy que reconocerlo
no sólo como el primer presidente
indígena de Sudamérica, sino el
estadista inteligente, sereno y valiente
que ha sorteado con audacia y prudencia
admirablemente combinadas todos los
obstáculos puestos en el camino de la
Revolución Cultural y Democrática.
A estas conjuras, por supuesto, no ha
sido ajeno el gobierno de los Estados
Unidos, desde los tiempos nefastos de
Bush, que convirtió a la embajada
estadounidense en La Paz, en el puesto
de mando de la contrarrevolución racista
y catalizador de cuantas acciones
violentas se lanzaron bajo la cobertura
de la defensa de las autonomías
departamentales con la intención de
desmembrar al país. Tales empeños
criminales y desestabilizadores fueron
aplastados por Evo con el apoyo del
pueblo, incluidas las fuerzas armadas,
poniendo en evidencia los verdaderos
propósitos de los conspiradores en los
territorios formados por la llamada
Media Luna Oriental del país.
Es con este aval acumulado que Evo
Morales convoca ahora a la Conferencia
Mundial de Movimientos Sociales sobre
Cambio Climático en Cochabamba, entre el
20 y 22 de abril, una vez que su mensaje
y su figura descollaron,—junto a Hugo
Chávez—, en la fenecida y bochornosa
Cumbre de Copenhague, donde ambos
presidentes, símbolos la nueva América
soberana, levantaron sus voces para
condenar allí a los poderosos que,
encabezados por Estados Unidos,
pretendían burlar la voluntad y el
reclamo urgente de la humanidad, en
especial de los más pobres y
vulnerables.
En semanas recientes, la próxima
Conferencia de Cochabamba ha tomado un
impulso insospechado, creciendo en
importancia y el número de sus posibles
asistentes asciende ya a 7 500,
procedentes de los cinco continentes,
tanto de pueblos originarios como de
otros sectores de la sociedad, y en ella
—al parecer—, se definirá la creación de
una organización mundial de movimientos
sociales, de pueblos originarios y
entidades afines que se plantearán la
defensa del derecho a la Madre Tierra
(Pacha mama) y hará suyas otras
reivindicaciones semejantes para
movilizarse alrededor de ellas y ser
escuchados por las Naciones Unidas.
Al efectuarse la conmemoración del
décimo aniversario de la “batalla por el
agua”, una insurrección popular que
estalló en Cochabamba contra la
privatización de los servicios de agua y
marcó el inicio del proceso de cambios
que desembocó en la actual Revolución
Cultural y Democrática, Evo afirma que
la próxima Cumbre a efectuarse allí,
sería el preludio de la Cita de Cancún
(diciembre de 2010), donde todos deberán
“escuchar para entender mejor cómo todos
los pueblos, organizados en movimientos
sociales defenderán a la Madre Tierra y
sus derechos, si los presidentes y los
gobiernos no la defienden”.
Con razón estos movimientos sociales
que vienen proclamando desde que antes
de que Evo llegase a la presidencia de
Bolivia la idea de hacer realidad su
nominación al Premio Nobel de la Paz
consideran llegado el momento de
replantearla, tal y como ha hecho el
argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio
Nobel de la Paz que ya ha solicitado al
Comité Noruego esta postulación.
La designación de Evo Morales como
Premio Nobel de la Paz en este año del
Bicentenario de la Emancipación
Americana del colonialismo español
tendría múltiple significación y se
interpretaría como un reconocimiento a
las luchas de los pueblos originarios,
que han sido objeto secularmente de las
mayores crueldades, humillaciones y
vejámenes por parte de la doble
explotación racista y capitalista y que
junto a los esclavos africanos
contribuyeron con su sangre y su sudor a
edificar los reinos e imperios de la
culta y sacrosanta Europa.
En lo personal, Evo Morales hoy se
yergue como el representante más genuino
del movimiento indígena en América,
quien llegó a la presidencia de su país
tras larga lucha y sacrificio, solteando
por encima de prejuicios y exclusiones,
desde la extrema pobreza hasta los más
duros trabajos, desde la cárcel hasta la
tortura y la persecución. Evo, sin
embargo, nunca capituló y emergió como
líder auténtico de esas masas sometidas,
bajo principios éticos ancestrales de
quechuas y aymaras: no robarás, no
mentirás, no serás flojo.
Puede decirse que, moralmente, Evo es
ya un Premio Nobel de la Paz, cuya
candidatura será respaldada mundialmente
por los movimientos sociales y
populares, las personalidades honestas
de todas las ramas del saber y de la
política y todos los pobres del planeta
(que son la inmensa mayoría) que ven en
este indígena un referente puro y digno.
Desde la nueva Bolivia y con Evo al
frente se dará la batalla por la defensa
de la Madre Tierra en momentos en los
que como nunca antes el Norte rico e
irresponsable se empeña con su sociedad
de consumo y despilfarro, hace peligrar
su propia existencia. |