Mireya Castañeda
Siete décadas después de finalizada
la Guerra Civil española, las personas
pueden aún conmoverse ante aquel hecho
bélico que provocó muerte, destrucción y
caos. La posibilidad llega gracias a una
serie de dibujos realizados en aquella
época por niños que la República
Española envió a lugares seguros y
algunos de los cuales afortunadamente se
han conservado.
La Universidad de California, en San
Diego, y la Universidad de Columbia, en
Nueva York, poseen sendas colecciones de
esos dibujos, unos 850, y con ellos se
han organizado varias exposiciones
itinerantes por Estados Unidos y otros
países.
Ahora, gracias a la colaboración
estrecha y sostenida que existe entre la
Fundación Puffin, los veteranos de la
Brigada Abraham Lincoln, ambos de
Estados Unidos, y el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, llega a La
Habana la muestra Y siguen dibujando.
Su curador, el profesor Anthony L.
Geist, precisó que en la Sala
Majadahonda se pueden apreciar 49
facsímiles procedentes de la colección
de la Columbia, y ocho fotos sobre la
Guerra Civil, cuatro de ellas del famoso
fotógrafo de Robert Capa.
Los dibujos reflejan la terrible
experiencia por la que pasaban los
niños, evacuados de las áreas de guerra
y trasladados a campamentos asentados en
las zonas libres del territorio español
y en el sur de Francia. Las fotos
registran la huella dejada en España por
el fascismo.
En el propio Centro Pablo sostuvimos
una conversación con el profesor Geist,
quien tiene su cátedra de Literatura
española en la Universidad de
Washington, en Seattle, para conocer más
detalles de esta inigualable exposición.
¿Cómo ha sido su vínculo con estos
dibujos?
AG: Soy el organizador y el curador
de esta exposición porque uno de mis
temas habituales de investigación es las
expresiones culturales que produjo la
Guerra Civil española. Entro en ese tema
por dos caminos, por el lado familiar y
personal. Me crié en California con
veteranos de la Brigada Lincoln,
refugiados republicanos, con las
canciones de la Guerra Civil. Mis padres
eran grandes simpatizantes de la
República española, estuvieron además
involucrados en las luchas sindicales de
los años 30 y 40 en la costa del
Pacífico. El otro camino arranca con mi
estudio de la poesía española del siglo
20, soy especialista en la Generación
del 27: Lorca, Alberti, Salinas,
Guillén, etc. Ahí vi que todo
desembocaba en la guerra, quieras que
no. De alguna forma se juntan mis dos
pasiones.
Luego, hace más de 20 años, empecé a
colaborar con los veteranos de la
Brigada Lincoln, con ALBA (siglas en
inglés), que son los archivos de la
Brigada, donde se recogen y conservan
los trazos textuales de la guerra, la
huella material, periódicos, libros,
carteles. Es un archivo vivo, como el
Centro Pablo, que tiene una dimensión de
llevar el contenido del archivo al
público, para que se conozca, para que
no se pierda la memoria. Entonces, hace
diez años, trabajando en los archivos de
la biblioteca de la Universidad de
California en San Diego, donde estaba de
profesor invitado, me encontré con esta
colección de dibujos. Me quedé asombrado
ante los dibujos en sí, la condición de
los dibujos, la temática, lo que decían.
Le dije a la directora del archivo que
tenía un tesoro y que debía hacer algo
con ello. Me respondió, hazlo tú. Me
animé y organicé una exposición que
reunía estos dibujos hechos en el 1937 y
1938 por niños españoles, republicanos,
refugiados en campos de acogida, en lo
que llamaban colonias infantiles en las
zonas fuera de peligro de guerra.
Hicieron miles y miles de dibujos y
estos dibujos, por caminos misteriosos
han sobrevivido y han llegado hasta
nosotros. Estuvieron aproximadamente
durante 60 años desaparecidos.
¿Cómo llegaron a la Universidad?
AG: Me costó rastrearlos, pero sé
cómo llegaron. En el 38 se hizo una
selección de esos dibujos para una
exposición itinerante, estuvo en
Inglaterra, en Nueva York. Se vendían
los dibujos como medio de divulgar la
situación de los niños y recaudar fondos
para ayudar a los campamentos. De ahí no
se sabe qué fue de los dibujos. Cuando
los vi en el archivo de San Diego
pregunté cuál era su procedencia y me
dijeron que los habían comprado en 1991
a un librero argentino en Buenos Aires.
Le escribí y tardó siete años en
contestarme. Me explicó al cabo de ese
tiempo que los había comprado a un
librero en Nueva York.
Los caminos son misteriosos, pero
ahora vuelven a ver la luz y con la
misma frescura, el mismo impacto, la
misma fuerza emocional que hace más de
60 años. Es lo que sobrecoge. Cuando yo
encontré esos dibujos por primera vez,
mis hijas tenían 8 y 4 años de edad y el
parecido con los dibujos que ellas
hacían me asombró. Al mismo tiempo era
consciente de las profundas diferencias
de las condiciones en las que se
hicieron.
Los dibujos son increíbles y están
firmados…
AG: Casi todos los dibujos están
firmados, con el nombre del niño, la
edad, y la colonia infantil a la que
estaba acogido. Se han podido rastrear a
muchos de esos niños ya mayores y
reunirlos con sus dibujos. Hay un
documental sobre los dibujos, donde los
realizadores localizaron a unos 20
niños. La primera exposición se organizó
en el 2002, estuvo itinerando por
Estados Unidos hasta el 2005, y luego el
archivo de San Diego retiró los dibujos
por motivos de conservación, es un papel
muy frágil, malo, y asombra la buena
condición en que aún están. Entonces la
exposición que está aquí en el Centro
Pablo son facsímiles de otra colección
de dibujos que tiene la Universidad de
Columbia en Nueva York, que me los
facilitó.
¿Conoció a algunos de los niños?
AG: Cuando empecé a trabajar sobre
los dibujos lo primero que hice fue un
listado con los nombres, edad y la
colonia de los autores. De los 600
dibujos que hay en San Diego, creo que
saldrían 400 nombres. Pasé la lista al
Cónsul general de España en Nueva York,
que la pasó a su vez al Ministro del
Interior en una comida, y éste a su vez
la envió a la Guardia Civil de Valencia.
Un tiempo más tarde me llega una lista
de 12 nombres con teléfonos. Me puse a
llamar y hablé con tres o cuatro. La
reacción fue muy emotiva y conmovedora.
Luego me reuní con algunos y fue
precioso cuando vieron por primera vez
sus dibujos en 60 años y recordando
aquellos tiempos difíciles.
Y siguen dibujando...como
dicen las palabras del catálogo de la
muestra, para que no olvidemos.