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Proteger
la infancia no necesita mucho dinero,
sino voluntad política
Afirmó
José Juan Ortiz Bru, representante de la
UNICEF en Cuba, en entrevista ofrecida a
Granma por el aniversario 20 de la
Convención sobre los derechos del niño
Lourdes
Pérez Navarro
lourdes.p@granma.cip.cu
En 1989 los dirigentes de la
comunidad internacional coincidieron en
la necesidad de poner en vigor un
instrumento jurídico destinado
exclusivamente a los menores de 18 años.
Así nace, el 20 de noviembre, la
Convención sobre los derechos de los
niños.

José Juan Ortiz Bru aboga
por mayor voluntad política de los
estados para priorizar la
protección de la infancia. Foto:
Yaimí Ravelo
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En sus 54 artículos y dos Protocolos
Facultativos, esta normativa define los
derechos humanos básicos que disfrutan
infantes y adolescentes: a la
supervivencia, al desarrollo pleno, a la
protección contra influencias
peligrosas, los malos tratos y la
explotación; y a la plena participación
en la vida familiar, cultural y social.
Lo más
importante de la Convención es que
existe, y es el instrumento jurídico de
derechos humanos más ratificado (por
todas las naciones, excepto Estados
Unidos y Somalia), lo que obliga a los
gobiernos a introducirlo en su marco
jurídico y a aplicarlo, aseguró a
Granma José Juan Ortiz Bru,
representante de la UNICEF en Cuba.
—¿Cuál es la situación 20 años
después?
Encontramos a
cientos de millones de niños sin
escuela, trabajando, en redes de
prostitución infantil..., todavía
existen gravísimas vulneraciones de
derechos. Podríamos decir que
presenciamos la esclavitud moderna: los
niños sin derechos.
Pero tampoco
podríamos afirmar que no haya cambiado
nada la situación de la infancia en el
planeta. Cada vez hay mayor presión en
los gobiernos para que esta Convención
se cumpla.
El hecho de que
un niño hoy no pueda ir a la escuela es
mucho más injusto que dos décadas atrás,
pues el mundo actual se presenta con
mayor desarrollo técnico, tecnológico,
económico, tenemos más habilidades,
muchos más recursos, pero seguimos
vulnerando sus derechos.
Entonces,
tenemos que generar un entorno protector
de la infancia para que pueda
desarrollarse en plenitud de defensa de
sus derechos.
—¿Cómo marcha la aplicación de lo
dispuesto en la Convención en América
Latina?
La situación de
América Latina es, en cifras, mejor que
en Asia o en África. Pero el problema en
esta región son las grandes bolsas de
exclusión que hay. Por ejemplo, el 96%
de la población indígena y el 92% de los
afrodescendientes viven en la pobreza.
El desequilibrio
y abandono social han generado que hoy
la infancia y la adolescencia no solo
sean receptoras, sino generadoras de
violencia; estamos viendo el fenómeno de
bandas de menores armados que cometen
delitos.
—¿Cómo valora la situación de la
niñez y la aplicación de la Convención
en Cuba?
En término
general solo puedo hablar muy bien. Cuba
tiene una peculiaridad desde hace muchos
años: tener a la infancia como una
prioridad política. Aquí los entornos
protectores se crearon, se potenciaron y
se intentan mantener al máximo los
valores defendidos a nivel de familia,
comunidad, de país. ¿Cuál es el
resultado de eso? Pues que de los
millones de niños sin escuela, sin
salud, en bandas organizadas, en redes
de prostitución... ninguno es cubano o
cubana.
Esto es un gran
logro, sobre todo porque Cuba no es un
país rico; además de estar bloqueado,
aquí no hay uranio, ni diamantes; pero
como ha habido una prioridad política se
han logrado resultados.
Desde nuestro
punto de vista esa es la demostración de
que es falso el argumento de que para
proteger a la infancia se necesita mucho
dinero. Para proteger a la infancia se
necesita mucha voluntad política.
—La Convención cumple dos décadas,
¿qué perspectivas ve en su cumplimiento?
Necesito ser
optimista, y lo soy en base a la
evolución que ha tenido. El siglo XXI
nos exige una rehabilitación constante
de la Convención, que es un instrumento
jurídico para la sociedad, y esta no es
la misma de hace 20 años. Mientras haya
países y gentes que lo consideren una
prioridad, el mundo irá mejor. Y este
país es una demostración. En el informe
sobre el progreso de las naciones
publicado recientemente, lo que pedimos
es crear un entorno protector en cuanto
a la infancia y yo creo que Cuba es un
modelo de eso; perfeccionable, como
todo, pero es ya un entorno protector.
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