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Yoani Sánchez: la hija de PRISA
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Un
interesente fenómeno ha surgido desde
hace un tiempo, es el "fenómeno
Generación Y" que en el ciberespacio y
desde La Habana llena titulares de la
llamada prensa establecida en Europa y
Estados Unidos, con el consabido rebote
en los medios oligárquicos de América
Latina
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El
trabajo que presentamos del escritor,
politólogo y periodista cubano Enrique
Ubieta, actual director de la revista
La calle del medio, fue escrito antes de
que se conociera la avalancha de premios
que Yoani Sánchez ha recibido en las
últimas semanas, incluyendo la
publicación de un libro en Brasil, por
el cual su autora recibió un adelanto
digno de un Nobel de Literatura. No
exageramos, ningún escritor cubano,
mantenga una posición de apoyo a la
Revolución Cubana como Alejo Carpentier
o que se le oponga como Guillermo
Cabrera Infante, ha recibido tantos
méritos y premios. Pueden comprobarlo
por ustedes mismos.
Enrique
Ubieta Gómez
¿Cómo escribir un
artículo serio sobre un asunto que no lo
parece?, ¿o que lo es, por las
implicaciones que adquiere en la guerra
mediática contra Cuba, aún cuando no lo
sea por naturaleza propia? El terreno
ha sido previamente minado. Como toda
mercancía, hecha para ser vendida, Yoani
Sánchez es fotografiada con
intencionalidad: frente al lente,
muestra su iracunda delgadez, con el
aplomo de una huérfana que reta a los
posibles padres sustitutos. El invisible
cintillo del anuncio dice: "Una mujer
moderna, frente a su laptop, en un
apartamento de la ciudad hostil, expone
libremente sus opiniones". Las fotos
recorren el ciberespacio. ¿Quién se
atreve a ofender a una indefensa mujer?
Todo ha sido bien pensado, porque en una
cultura machista como la hispana, una
mujer no debe ser desmentida por un
hombre. Cualquiera que ose cuestionar el
paquete que se expone en la vitrina de
la tienda mediática será atacado por los
defensores del arca perdida. Pero, ¿es
realmente importante Yoani? Tratemos,
pese a todo, de avanzar, hurgando por
aquí y por allá en Internet.
En el empeño por
construir una oposición mediáticamente
creíble que justifique los ataques a la
Revolución Cubana, los financistas
habían pasado por alto un hecho: los
repentinos "líderes" de los grupúsculos
contrarrevolucionarios pueden ser
recibidos por presidentes o embajadores,
y ser aceptados como legítimos por los
idiotizados lectores de la prensa
internacional, pero no por los cubanos.
Un detalle lo echa todo a perder: ¿cómo
es posible que se reúnan en la
residencia del representante de la
Oficina de Intereses de Estados Unidos
en Cuba para participar en un simulacro
de elección, como si fuesen
estadounidenses, y que —ya en el colmo
del desparpajo—, "elijan"
mayoritariamente a Mc Cain, como cuatro
años atrás hicieran con Bush, los
candidatos que ciertamente habían
prometido los pagos más jugosos? Esos
"líderes" sirven, eso sí, para decir
unas palabras o caminar unas cuadras
frente a las cámaras de los
corresponsales extranjeros que han
recibido la instrucción de divulgar sus
actos, como aquel dibujante (no existía
la fotografía aún) que fue instruido por
el magnate de la prensa William Randolph
Hearst en La Habana de 1898: "haga usted
los dibujos, que yo pongo la guerra".
Una de sus máximas era esa: "yo hago las
noticias", y con ello quería decir que
las inventaba, y después, si acaso
resultaba imprescindible, las hacía
suceder.
El proyecto Yoani
es una acción que explora otros caminos.
¿Quién es ella? Una filóloga graduada en
la Universidad de La Habana, esposa de
uno de los publicitados (y ya demasiado
"quemados") "disidentes" de antaño,
Reinaldo Escobar. Se fue de Cuba y
anduvo por algunos países europeos.
Dicen que en España conoció a Carlos
Alberto Montaner —que a pesar de haber
puesto algunas bombas en cines de La
Habana, de ser oficial de marines y de
pertenecer a la CIA, quiere ser
intelectual y pretende regresar a Cuba
como candidato a la presidencia—. Pero
Yoani regresó. Mauricio Vicent, que tuvo
la misión de darla a conocer en El País,
la cara madrileña —sin dudas más culta—
de El Nuevo Herad miamense, ambos
propiedad del Grupo PRISA, lo cuenta
así: "Yoani y Teo (su hijo) también
emigraron a Suiza, pero decidieron
regresar. La vida fuera de Cuba fue más
dura de lo que creían, y la
reunificación con su esposo resultó
imposible. (...) En un viaje familiar,
hace tres años, rompió el pasaporte y se
presentó en Inmigración. "Tremenda
sorpresa cuando me dijeron: 'Pida el
último en la cola de los que regresan'".
Traía un nuevo
proyecto de vida: ser bloguera. Existen
más de 700 blogs (cada día aparece uno
nuevo, dentro y fuera) sobre Cuba en
Internet, poco o nada conocidos, ¿por
qué este sería diferente? Yoani
contaría, en lenguaje coloquial, cuan
"desgraciados" somos los cubanos, cuan
"oscuras" son nuestras vidas cotidianas.
Pero de entrada advertía: no soy
política, afirmación que se aferra al
hecho de que no pertenece (al menos
públicamente) a ningún grupúsculo. Y
¿para qué tendría que pertenecer si
ninguno realmente es tomado en serio por
la población? Veamos lo que en otra
entrevista le pregunta Vicent y ella
responde:
P. Hasta ahora
no se consideraba disidente, sino un
"electrón suelto".
R. Sigo sin
considerarme disidente.
P. Pero por
diferentes motivos su caso se ha
politizado. ¿No teme dejar de ser la
bloguera fresca Yoani Sánchez para
convertirse en una opositora más?
R. No tengo ese
temor. (...)
P. ¿Cambio de
sistema o cambios en el sistema?
R. De sistema
P. ¿Y hacia qué
modelo?
R. Uno de los
grandes argumentos que se utiliza para
defender la revolución cubana es que
hemos logrado hacer un socialismo sui
géneris. ¿Por qué no podríamos hacer un
capitalismo sui géneris? Lo que necesita
este país es una inyección de
creatividad y de libertad para producir,
y el socialismo es una camisa de fuerza
a todo eso.
Si obviamos la
tontería de hablar de un capitalismo sui
géneris, todo queda claro. Entonces,
¿qué de especial tiene esa intención de
narrar críticamente la realidad
cotidiana en un país donde todas las
personas siempre han hablado y criticado
en voz alta las imperfecciones de su
entorno? Una sola diferencia: mi vecino,
mi casual compañero de viaje en la
atestada guagua de las mañanas, o de la
cola de cualquier establecimiento,
increpa y maldice con naturalidad, para
después hablarme de su hijo en la
escuela y finalmente, algún día,
encontrarlo en su taller, lleno de grasa
y de espíritu, inventando las piezas que
no puede adquirir el país, para que el
ómnibus que maneja pueda seguir
sirviéndonos. La diferencia, aunque
sutil, es precisamente política: las
personas que suelen expresar con pasión
sus criterios en la calle no
necesariamente quieren cambiar el
sistema, reimplantar el capitalismo en
Cuba. Yoani sí. Ese es el sentido de su
blog, como ella declara. Por eso sonreí
cuando encontré en el blog de Elaine
Díaz Rodríguez (La Polémica Digital),
una cubana muy joven (mucho más que
Yoani), este comentario: “¿Por qué no
escribo de Yoani? Hace días me
preguntaba esto una y otra vez. Ayer,
después de lidiar nuevamente con 'la
maldita circunstancia del agua por todas
partes' me respondía: ¿por qué escribir
de ella? Sencillamente prefiero escuchar
lo que comentan en las guaguas, ver la
expresión del rostro de aquel viejo
recostado en el piso que se ha
convertido ya en parte del cine Riviera,
oír los gritos en la cola del Yara por
ver una película latinoamericana.
Prefiero construirme mi propia Cuba, un
espacio donde no solamente hay puntos
negros, todos perfectamente dibujados en
el espacio de Yoani. Quiero creer que mi
país va a estar mejor. Me niego a pensar
en Cuba desde una tercera persona, como
decía Alejandro alguna que otra vez.
Cuba no es perfecta, no es la isla de
maravillas que han pintado nuestros
medios, pero tampoco es el inhóspito
lugar que me presenta Yoani, o al menos,
me rehúso a verlo así”.
Por cierto, ese
Alejandro, al que la autora se refiere,
joven ingeniero (mucho más joven que
Yoani) y profesor de la Universidad de
Ciencias Técnicas de La Habana conocida
como CUJAE, según sus viejas siglas,
también tiene un blog llamado
Artilugios.cu al que acompaña un lema:
"Otro blog desde Cuba, pero no de
catarsis".
Claro que ese
comentario de Elaine —a quien no conozco
personalmente, y con la que espero no
coincidir en todo (sería muy aburrido),
pero a quien leo con placer—, es cuanto
menos calificado de "sospechoso" por
esos extraños "defensores" de la
libertad de pensamiento que apoyan con
frenesí a Yoani. Ellos manejan un
ridículo concepto de independencia: solo
se es independiente si se disiente de la
Revolución. Todo el que exponga un
criterio que la favorezca, aún
mínimamente (decir, por ejemplo, que se
prefiere construir antes que destruir),
es un portavoz oficial, un
"privilegiado". Hace ya algunas semanas
mi amigo Bladimir Zamora, poeta y
periodista fundador de El Caimán
Barbudo, fue acusado en varios sitios de
Internet —como venganza por su
desaprobación de un acto de irrespeto
público a la bandera cubana de un joven
escritor contrarrevolucionario—, de
vivir de "las prebendas del régimen".
Bladimir vive desde 1979 en un
pequeñísimo cuarto que sus amigos llaman
"la gaveta", en un edificio solariego
con baño colectivo de la Habana Vieja.
La libertad de
expresión tiene para ellos un límite que
no puede franquearse: el apoyo a la
Revolución. Son cazadores obsesivos de
cualquier frase o adjetivo que matice o
valore la obra de la Revolución, para de
inmediato descartar o desacreditar al
expositor como "oficialista". Pero
vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué
el blog de Yoani, que tuvo la pretensión
de querer representar a toda una
generación, adquirió visibilidad? No por
su excelencia. Si todavía discutimos
este punto es porque a los promotores de
esta guerra como la llama el
contrarrevolucionario Manuel Sosa
(dejémonos de eufemismos, y no me
refiero por supuesto a su obra
literaria, sino a su pensamiento), no
les interesa la verdad. Y la verdad es
sencilla: apenas unos meses después de
abierto, El País y El Nuevo Herald, y
enseguida EFE, la agencia española de
noticias, se ocuparon de lanzarla.
¿Porque era acaso un blog muy exitoso?
Los sucesivos artículos sobre Yoani
inventaban la leyenda como quería Hearst,
para que se hiciera realidad. Desde el
principio mentían de manera deliberada:
"El blog más leído de Cuba". Periódicos
asociados de países latinoamericanos
reproducían la "noticia". Los
corresponsales extranjeros en La Habana,
sin pistas aún, estaban atónitos. Pero
supongo que al fin terminó por ser el
más visitado: todo el que leyera esas
apologías terminaba por buscar el sitio
para ver de qué se trataba.
Unos meses después
no pareció demasiado extraño el
otorgamiento del Premio Ortega y Gasset
de Periodismo Digital (15 000 euros) al
blog de Yoani, aunque los especialistas
sonrieran incrédulos: una "limpia"
manera de pagar los servicios y de
otorgar legitimidad internacional.
Algunos blogueros de más trayectoria e
igual énfasis contrarrevolucionario se
sintieron traicionados. La "perreta" de
Hernández Busto debió haber sido colosal
para que a última hora sustituyeran a
Raúl Rivero, sin dudas mejor escritor, y
lo designaran a él para recibir el
Premio en Madrid a nombre de Yoani
Sánchez. Aún así, debió de sentirse
frustrado: los cintillos de prensa lo
ignoraban. Pero le explicaron, seguro
que le explicaron, porque a partir de
entonces incorporó los textos de Yoani a
su blog y se esforzó por ser su portavoz
en el ciberespacio.
Claro que lo mejor
estaba por venir. Nunca digas que lo
viste todo: la revista Time seleccionó a
Yoani entre las cien personalidades más
influyentes del mundo, en el acápite de
héroes y pioneros. Su blog había nacido
en abril de 2007 —restemos los meses
iniciales, en los que necesariamente
nadie podría conocerla—, y la selección
que se publica en abril de 2008
corresponde al año transcurrido. ¿Qué
absurda situación me obliga a explicar
que la ubicación de una persona que es
absolutamente desconocida en su país y
fuera de él, al menos para la inmensa
mayoría de las personas, no puede ser
considerada entre las cien más
influyentes del mundo? ¿Será que son las
cien personas más influidas? Pero las
cosas no son como son, sino como la
(gran) prensa dice que son. Yoani
Sánchez compartía su lugar de honor con
figuras del espectáculo como Brat Pitt,
Angelina Jolie, Oprah Winfrey y Mia
Farrow, entre otros, y con políticos
como George W. Bush, Evo Morales, Hu
Jintao y el Dalai Lama. Un titular de
prensa argentino en Internet afirmaba:
"Una cubana más influyente que Fidel".
¿Alguien puede creerlo? La propia
galardonada diría en una entrevista:
“Junto a noventa y nueve famosos me ha
puesto la revista Time en su lista de
personas influyentes del 2008. A mí, que
nunca me he subido a un escenario, ni a
una tribuna y que mis propios vecinos no
saben si Yoani se escribe con "h"
intermedia o con "s" final. (...) Ahora
la vanidad solo me alcanza para imaginar
que los otros inscritos se estarán
preguntando '¿quién es esa desconocida
blogger cubana que nos acompaña?'”.
Sin complejos, El
País la seleccionó nuevamente a fines de
2008 entre las cien personalidades de
Iberoamérica. Solo dos cubanos aparecen
en la lista: Bebo Valdés —excelente
músico octogenario, que por supuesto
reside en Europa—, y Yoani.
Otros premios han
sido y serán, sin duda, otorgados a la
bloguera, algunos solo para legitimarla
y darle visibilidad, otros además para
"blanquear" su salario.
¿Pero hablamos de
una bloguera o de una activista política
contrarrevolucionaria? ¿Quién politiza
su blog, que sin la maquinaria
publicitaria de PRISA hubiese pasado sin
penas ni glorias? La revista Time
justifica su elección con un lenguaje
político: "en las narices de un régimen
que jamás ha tolerado el disenso,
Sánchez ha practicado lo que los
periodistas de su país no han podido en
papel: libertad de expresión". Invito a
los lectores desprejuiciados de Time,
cuyo criterio de libertad de expresión
no esté constreñido al enfoque
contrarrevolucionario (también se ejerce
libertad de expresión a favor de la
Revolución), a hurgar en la blogosfera
cubana, y encontrarán sorpresas. Y
también los invito a adentrarse en la
literatura cubana actual editada en Cuba
y en el cine producido por la
Revolución, no solo el más reciente.
Claro que para autores como Zoe Valdés
que viven del panfleto
contrarrevolucionario, por ejemplo, y
para los que han optado por una
militancia contrarrevolucionaria, los
escritores cubanos que no declaran su
oposición a la Revolución son "cobardes"
o "viven de sus prebendas".
Por eso cada
artista —sea músico, escritor, cineasta
o bailarín—, cuando viaja es acosado con
preguntas que intentan definirlo
políticamente. Los que dan respuestas
diáfanas de respaldo al proceso en el
que se formaron y viven, son injuriados
—como recientemente le sucediera a
Paulito FG en Miami, un salsero muy
popular, que sorprendió a su
entrevistadora al declarar su fe en
Fidel—, los que se tornan ambiguos en
sus respuestas (un recurso de
sobrevivencia que no practico) son
atacados por unos y elogiados con
reservas por otros, pero solo los que
asumen la "militancia de la industria
anticastrista" son considerados libres.
Cuba es un tema político, en el que los
puntos intermedios no cuentan. Las
opciones son "claras": o se es "libre",
y se asume el libreto ya previamente
elaborado por las trasnacionales del
poder; o se es "esclavo" y se apoya a la
"decadente" "dictadura" comunista.
¿Acaso existe libertad en la repetición
del discurso que los grandes medios
imponen?, ¿alguien ha sacado la cuenta
de que quienes defendemos a la
Revolución somos los ciudadanos más
libres y originales de este mundo
unipolar, carente de pensamiento
propio?, ¿que el poder revolucionario es
un minúsculo contrapoder en el
totalitario y bien remunerado espacio de
la contrarrevolución global? Vuelvo a mi
pregunta: ¿es Yoani una simple bloguera
o es una activista política? No es
necesario hacer referencia en la
respuesta a su esposo, bien definido en
este sentido. Presumamos que una cosa es
él, y otra ella (aunque aquel participa
en la coordinación de su blog y en sus
actividades "colaterales"). Simplemente,
observemos su comportamiento público.
Fabricada para parecer una joven
inconforme de su cotidianidad, y no una
política, Yoani ha entrado en puntillas
por la puerta de la cocina para intentar
sorprender a los inquilinos que están
alertas en la sala de la casa. Organiza
reuniones de blogueros "libres", es
decir, políticamente definidos en contra
de la Revolución, y desestima cualquier
otro foro de blogueros cubanos que no
siga sus pautas.
Leamos algunos de
los comentarios que recoge el blog de
Hernández Busto sobre este tema —el
lector debe saber que en el blog "libre"
de Hernández Busto no puede comentar
cualquier lector; como pudo comprobarse
en marzo de 2008, las opiniones que
disentían de su posición
contrarrevolucionaria de inmediato
fueron censuradas, y sus emisarios
vetados de forma policíaca: "la brigada
internética que está entrando desde Cuba
(escribió entonces) con comentarios
fidelistas: pierden el tiempo. Todas
esas IP están baneadas en Penúltimos
días, y las que no lo estaban las acabo
de sumar ahora. Vayan a trabajar a otro
sitio"—, que arrojan mucha luz sobre el
carácter y el sentido de la labor de
Yoani, junto a la de dos o tres
bitácoras más:
[Un tal Gabriel
dice]: Sin embargo, sería una idea
malísima que la disidencia —empezando
por la propia Yoani— boicotease ese
evento. Creo que los blogueros cubanos
independientes [léase,
contrarrevolucionarios] tienen que estar
presentes.
¿Será que ese tal
Gabriel —nombre auténtico o falso, quién
sabe—, es un tipo totalmente
despistado?, ¿por qué incluye a Yoani en
la "disidencia"? Pero si hay alguien a
quien ese detalle no se le escapa es a
Zoe Valdés, aunque suene raro que
defienda a alguien que no esté metido
hasta el cuello en la contrarrevolución.
Y casi en un susurro virtual rectifica
al inoportuno comentarista: “Están
persiguiendo oficializar el bloguerío
para convertir justamente a Yoani en
disidente, algo que ella siempre ha
negado, Gabriel”. Pero a Gabriel nadie
le explicó bien las cosas, porque el
pobre muchacho sigue metiendo la pata, y
responde: “Querida Zoe: Sé perfectamente
que a Yoani no le gusta nada que la
etiqueten como disidente; y respeto
profundamente su punto de vista. Sin
embargo, ese respeto mío no es lo tan
grande como para negar lo evidente. Ella
es una disidente en el sentido literal
de que disiente de las tesis oficiales”.
La conversación se
torna todavía más interesante cuando
entra Roger, el organizador de la
reunión de blogueros cubanos que no fue
divulgada ni elogiada por El País, ni
por su par miamense (a Roger lo acusaron
de ser "seguroso"), porque no la
lideraba Yoani, ni perseguía los fines
políticos de esta. Cabe apuntar que
Roger había invitado también a Yoani
—incluso la felicitó cuando recibió el
Premio Ortega y Gasset— pero ella no
quiso asistir. Imagínense, la bloguera
Yoani, considerada por Time entre las
cien personalidades más influyentes del
mundo, no ejercía la menor influencia
entre sus pares habaneros (no ya del
país). Es el momento en que Hernández
Busto entra al ruedo con espíritu
paternal, disculpa a Yoani por
esconderse ("sé que Yoani quería pasar,
pero estuvo en Pinar del Río este fin de
semana", asegura muy al tanto de sus
asuntos) y —así, medio de lado, como si
fuese un comentario ingenuo—, aconseja
al muchacho que acoja temas políticos.
Roger le contesta: “Yo estoy registrado
en la mayor comunidad de toda
Iberoamérica que se dedica al desarrollo
web y allí tenemos un subforo que es
sobre actualidad informática, veo allí
muchos anuncios de encuentros y eventos
de este tipo que se hacen en todo el
mundo, y sobre todo en Latinoamérica y
España y nunca he visto un evento de
estos que trate sobre la política...
¿por qué nosotros lo vamos a hacer
diferente?”
Pero H.B. insiste,
pedagógico. Uno de los asistentes al
encuentro de blogueros efectuado en el
Palacio de la Computación de La Habana,
ripostó entonces:
“Que si hablamos
de política... lo necesario. Reconocimos
que es casi inevitable tocar el tema
"Cuba" sin que haya algún matiz
político. Ok, en eso estamos de acuerdo.
Pero de lo que se conversó allí, el
99,99 por ciento del tiempo fue cómo
hacer mejores nuestros blogs (...)
Pienso que reunirse y tratar de armar
una comunidad cubana de blogueros dentro
de la isla es una excelente idea
(gracias Roger y David), sobre todo para
compartir experiencias y aprender. Si a
alguien se le ocurre armar un partido
político desde una plataforma de blogs,
en La Habana o en Kuala Lumpur, ese es
su negocio, no el mío ni el de quienes
fuimos el sábado al Palacio de la
Computación. Y seguro que dentro de tres
meses seremos más, sea en el Palacio de
la Computación, en el Morro o en
Bejucal, me da igual. Una comunidad de
blogueros no es un sindicato, ni una
sociedad ornitológica... así que eso de
los "pájaros enjaulados" me parece
absurdo”.
Yoani no solo
habla de política, hace política. Pero
¿es la bloguera Yoani verdaderamente
independiente?, ¿toda esa propaganda de
PRISA en sus diferentes medios, sea El
Nuevo Herald de Miami o El País de
España es desinteresada?, ¿son
desinteresados o apolíticos los
sucesivos premios que ha recibido y que
por descontado recibirá?, ¿quién es
Dagoberto Valdés, la persona con la que
Yoani intentó realizar el encuentro de
blogueros contrarrevolucionarios —que el
internauta Gabriel dice que son apenas
tres—, en Pinar del Río?, ¿carece Yoani
de vínculos y apoyos de ciertas
embajadas europeas en La Habana?, ¿tiene
o no tiene vínculos con la Sección de
Intereses de Estados Unidos en Cuba?
Dejo estas interrogantes abiertas.
Aunque no sepa todas las respuestas,
estoy seguro de que existen. Y le dirijo
otras a ella: ¿qué opina de Luis Posada
Carriles y de Orlando Bosh, autores
intelectuales de la voladura de un avión
civil cubano en pleno vuelo y de la
muerte de todos sus pasajeros y
tripulantes, que gracias al gobierno de
Bush, supuestamente enemigo del
terrorismo, viven en libertad?, ¿qué
opina del bloqueo económico a Cuba,
condenado —con esa palabra, no con la de
embargo—, por la casi totalidad de los
países del mundo? El caso Yoani —o si se
prefiere, la operación Yoani—
seguramente se estudiará en el futuro
como ejemplo de manipulación mediática y
de injerencia en los asuntos internos de
una nación soberana, a pesar del poco
éxito que ha tenido su traje de cordero,
en un mundo acostumbrado a distinguir a
cada lobezno disfrazado por sus peludas
orejas. •
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