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¿Confesarán Montaner y
Posada su complicidad?
Documentos confirman: la CIA sabía que
se
iba a matar al jesuita Ellacuría
JEAN GUY-ALLARD
El
Departamento de Estado norteamericano,
la CIA y los servicios de inteligencia
españoles, el antiguo CESID, sabían que
el sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría,
rector de la Universidad Centroamericana
(UCA), y cinco de sus colegas iban a ser
asesinados por un escuadrón de la muerte
del ejército salvadoreño.
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Del horrendo crimen se cumplen 20
años. |
Lo
confirmó en su edición dominical el
diario español El Mundo, citando una
serie de documentos de los servicios de
inteligencia de Estados Unidos,
"desclasificados recientemente" que
serán entregados a la justicia española.
La
revelación refuerza aún más las
informaciones que indican cómo el agente
CIA radicado en Madrid Carlos Alberto
Montaner estaba enterado de la
conspiración cuando amenazó directamente
a Ellacuría unos días antes del
horroroso crimen.
También toma todo su sentido la teoría
según la cual el terrorista
internacional Luis Posada Carriles,
agente de la CIA entonces y alto oficial
del aparato represivo salvadoreño, hoy
refugiado en Estados Unidos con la
complacencia de sus autoridades, estuvo
implicado en el complot.
El
escuadrón de militares asesinos irrumpió
en la UCA en la madrugada del 16 de
noviembre de 1989, y sorprendió a los
seis jesuitas durmiendo. Se les ordenó
levantarse para luego llevarlos al patio
donde se les ejecutó boca abajo con
proyectiles explosivos en la cabeza.
Los padres Ellacuría, Armando López,
Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín- Baró,
Segundo Montes y Joaquín López, todos
profesores de la institución y
defensores de la Teología de la
Liberación, eran víctimas de ataques
constantes de la extrema derecha
fascista del partido ARENA cuyos
representantes siguen hoy activos en el
escenario político salvadoreño.
También fueron víctimas de la masacre
Elba Julia Ramos, trabajadora de la
residencia de los sacerdotes, y su hija
Celina, de 15 años.
Este lunes 16 de noviembre se cumplen 20
años del asesinato mientras en el vecino
Honduras, han agarrado el poder otros de
estos mismos centroamericanos quienes
dos décadas atrás seguían sembrando el
terror, respaldados por la CIA y el
Departamento de Estado.
Inculpados, unos autores materiales de
la masacre fueron condenados en enero de
1992 a 30 años de cárcel para luego ser
escandalosamente amnistiados apenas 14
meses después, en abril de 1993.
El
diario español El Mundo señala que una
serie de documentos de los servicios de
inteligencia de Estados Unidos han sido
desclasificados y serán aportados ante
la Audiencia Nacional, en Madrid, donde
fue admitida una querella contra "los
responsables de aquella matanza".
"Entre los papeles que serán aportados a
la Audiencia Nacional hay información en
la que se documenta, de manera directa,
que el jefe militar de la embajada de
Estados Unidos en El Salvador, el
coronel Milton Menjívar, y una alto
cargo del Departamento de Estado de
EE.UU. sabían lo que estaba preparando
el Estado Mayor salvadoreño contra el
rector de la UCA", informa El Mundo.
"Del estudio de esos documentos
desclasificados se deduce, según los
analistas consultados por este
periódico, que el CESID también tenía
conocimiento o barajaba la misma
información que los norteamericanos",
precisa el diario.
¿PURA
COINCIDENCIA?
Casualmente, las revelaciones de El
Mundo surgen cuando el seudo intelectual
de origen cubano Carlos Alberto Montaner
se encuentra en Tegucigalpa, celebrando
al régimen fascista del empresario
Micheletti, acompañado por el hijo del
peruano Mario Vargas Llosa.
En
una intervención furibunda ante una
asamblea de negociantes golpistas,
Montaner ha denunciado, con su habitual
retórica derechista "el castro-chavismo"
que, según él, "fracasó" en Honduras
aunque pronto "intentará nuevamente
desestabilizar el país".
Hace falta recordar cómo, apenas una
semana antes del asesinato de los seis
jesuitas salvadoreños, el mismo Montaner
amenazaba al rector Ellacuría al
terminarse un programa "cara a cara" de
la televisión española dirigido por la
locutora falangista Mercedes Milá.
Años más tarde, el "escritor" madrileño
prófugo de la justicia cubana por su
actividad terrorista en la Habana en
1960, calificó de "laberinto de jesuitas
y mariknolles despistados" la presencia
en América Latina de religiosos
partidarios de la teología de la
Liberación.
La
orden Mariknol de Estados Unidos ha sido
también víctima de los escuadrones de la
muerte. en 1980, el año del asesinato de
Monseñor Arnulfo Romero, cuatro monjas
estadounidenses fueron violadas y
asesinadas por efectivos de la Guardia
Nacional en el curso de la Operación
Centauro, manejada por agentes
cubanoamericanos de la CIA y el
embajador de Venezuela en El Salvador,
Leopoldo Castillo.
El
neofascista Leopoldo Castillo es hoy
conductor de un programa en el canal
venezolano de la derecha golpista
Globovisión.
EL
ENCARGO A POSADA
En
la época del crimen de los jesuitas,
Luis Posada Carriles era el asesor
personal en materia de represión del
presidente José Napoleón Duarte quien
gobernaba el país, bajo orientación del
Departamento de Estado, desde 1984.
Después del final de la operación de
tráfico de armas contra droga que
dirigió en Ilopango con el escándalo
Iran-Contra, la CIA colocó a Posada
entre los ex torturadores de la policía
secreta de Venezuela que dirigían
entonces la Policía Nacional (PN)
salvadoreña, al lado de los esbirros
Mauricio Sandoval y Víctor "Zacarías"
Rivera.
Posada llegó a convertirse en consejero
de Duarte que, dice, "lo llamaba a su
propia casa" para resolver "casos
particulares". Se dedicó entonces a
orientar a los escuadrones de la muerte
que sembraban el terror en el país.
Después de abandonar El Salvador con el
cambio de presidente, regresa unos años
más tarde al lado de sus socios de ARENA
y establece una base de operación por
cuenta de la Fundación Nacional Cubano
Americana, fachada anticubana de la
inteligencia yanki.
Vale la pena subrayar que la UCA y el
Instituto de Derechos Humanos de El
Salvador presentaron en noviembre del
2003 una solicitud de investigación
contra el ex presidente de El Salvador
Alfredo Cristiani (hoy partidario
incondicional del régimen Micheletti) y
militares salvadoreños ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos una
sucursal de la OEA, que todavía, seis
años más tarde, no se ha pronunciado
sobre su admisión.
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