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La
orfandad intelectual de Human Rights
Watch
Juan Diego Nusa Peñalver
Human Rights
Watch (HRW)
una vez más carga tintas contra la
Revolución Cubana en un vano intento por
manchar la impecable obra de la Isla a
favor de la dignidad y los verdaderos
derechos humanos de más de 11 millones
de cubanos.

Cuba protege los derechos
humanos de sus niños y del
resto de su población. |
Este miércoles
HRW, en una cansona reiteración del
mensaje anticubano, acusó a la Isla de
no mejorar su "comportamiento" en
materia de derechos humanos e incluso,
se da el lujo de señalar, mintiendo aún
más, que en algunos casos ha empeorado.
No hay peor
ciego que el que no quiere ver y es
evidente el intento de tirarle el
salvavidas oxigenante a una menguada y
desprestigiada contrarrevolución
interna, aupada y pagada por el lobby
anticubano en el gobierno de EE.UU., y
en particular de la mafia de Miami, que
cada año se torna más irrelevante y
dependiente del dinero del contribuyente
norteamericano.
Así, acudiendo a
la ciencia ficción, y con su sempiterno
disfraz de organización no
gubernamental, HRW elaboró un largo
"informe" en el que pretende presentar
una vez más al gobierno cubano como un
represor sistemático y creador de un
clima penetrante de terror, como si
nuestras calles estuviesen tomadas por
fuerzas militares y los ciudadanos sin
contar con derecho alguno fuesen
azotados brutalmente.
No tienen ni
imaginación. Es el mismo guión que ya
hemos visto muchas veces a lo largo de
estas cinco décadas y que persigue el
malsano propósito de justificar el
fracasado y genocida bloqueo económico,
comercial y financiero norteamericano
contra nuestro país, política que por
décimooctava ocasión consecutiva condenó
abrumadoramente la Asamblea General de
la ONU, a finales de octubre pasado por
187 votos a favor.
HRW, con el
genuflexo José Miguel Vivanco al frente,
hacedor de entuertos contra todo lo que
huela a independencia frente a Estados
Unidos (es lo mismo contra Venezuela,
Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba) y los
personeros de la mafia de Miami, se
encuentran desesperados y frustrados
ante una Cuba cada vez más sólida, a
pesar del bloqueo y los huracanes, con
un creciente prestigio internacional, lo
cual ha propiciado el avance de una
tendencia en la sociedad norteamericana
que pide un cambio de política hacia La
Habana, que se ejemplifica en la
iniciativa, con respaldo bipartidista,
del congresista Richard Lugar (Indiana)
para eliminar todas las prohibiciones de
viaje a la Isla de los ciudadanos
estadounidenses.
La subordinación
de HRW a la política yanki es de tal
naturaleza que desconoce olímpicamente
que el 5 de febrero pasado Cuba presentó
con éxito su informe ante el mecanismo
de Examen Periódico Universal del
Consejo de Derechos Humanos, donde
recibió un abrumador reconocimiento a su
obra humana y social y al desempeño en
esta esfera.
Claro, esta vez
en Ginebra se puso de manifiesto que, en
el contexto de un ejercicio de
participación universal y de naturaleza
objetiva, Estados Unidos no puede
doblegar voluntades mediante presiones,
ni aun con la secuaz colaboración de
organizaciones como HRW. La verdad de
Cuba no pudo ser silenciada.
Un grupo de 60
delegaciones, de las 104 que se
inscribieron, hizo uso de la palabra en
el diálogo interactivo de aquella
ocasión, en la cual 51 reconocieron los
esfuerzos y resultados de nuestro país
en materia de promoción y protección de
derechos humanos.
Los éxitos
obtenidos por Cuba en el área de los
derechos económicos, sociales y
culturales merecieron un abrumador
respaldo. La cobertura universal, la
gratuidad y la excelencia de los
sistemas cubanos de salud y educación
concitaron reiterados elogios.
HRW sabe, a
pesar de su manifiesta dependencia a la
política imperial yanki, que Cuba tiene
un digno y muy amplio historial en
materia de cooperación con todos los
mecanismos de derechos humanos. Nuestra
nación es Estado Parte en 41 de los
tratados más importantes en esta esfera
y ha cooperado, históricamente, con los
mecanismos de derechos humanos que se
aplican de forma universal y sobre bases
no discriminatorias.
El "Jefe para
las Américas" de HRW, el chileno José
Miguel Vivanco residente en Washington,
busca como recurso para defender su
vasallaje, la acostumbrada presentación
del víctima y de que es atacado, porque
a los gobiernos latinoamericanos que
forman el ALBA no les gustan que los
critiquen.
Vivanco quiere
acudir a esa materia oscura, porque sabe
que tiene muchos trapos sucios, como lo
ha desnudado nuestro colega Jean Guy
Allard, al mencionar sus dudosas
relaciones con la fauna del Capitolio de
Washington vinculada a la Agencia
Central de Inteligencia (CIA), los más
recalcitrantes "pitiyanquis" venezolanos
y con la mafia cubano americana, y, por
supuesto, sus estrechos lazos con
Reporteros Sin Fronteras y con otras
organizaciones "internacionales", cuya
vinculación con la CIA está ya
establecida.
No son ataques,
sino verdades que pican. Así son esos
genuflexos. |