"Se trata de una
crisis que trasciende con creces lo
financiero o bancario y afecta a la
economía real en todos sus
departamentos. Afecta a la economía
global y que va mucho más allá de las
fronteras estadounidenses.
"Sus causas
estructurales: es una crisis de
superproducción y a la vez de subconsumo.
No por casualidad estalló en EE.UU.,
porque este país hace más de treinta
años que vive artificialmente del ahorro
externo, del crédito externo, y estas
dos cosas no son infinitas: las empresas
se endeudaron por encima de sus
posibilidades; el Estado se endeudó
también por encima de sus posibilidades
para hacer frente no a una sino a dos
guerras no sólo sin aumentar los
impuestos sino que reduciéndolos, los
ciudadanos son sistemáticamente
impulsados, por vía de la publicidad
comercial, a endeudarse para sostener un
consumismo desorbitado, irracional y
despilfarrador.
"Pero a estas causas
estructurales hay que agregar otras: la
acelerada financiarización de la
economía, la irresistible tendencia
hacia la incursión en operaciones
especulativas cada vez más arriesgadas.
Descubierta la ‘fuente de juvencia’ del
capital gracias a la cual el dinero
genera más dinero prescindiendo de la
valorización que le aporta la
explotación de la fuerza de trabajo y,
teniendo en cuenta que enormes masas de
capital ficticio se pueden lograr en
cuestión de días, o semanas a lo máximo,
la adicción del capital lo lleva a dejar
de lado cualquier cálculo o cualquier
escrúpulo.
"Otras circunstancias
favorecieron el estallido de la crisis.
Las políticas neoliberales de
desregulación y liberalización hicieron
posible que los actores más poderosos
que pululan en los mercados impusieran
la ley de la selva.
"Una enorme
destrucción de capitales a escala
mundial, caracterizándolo como una
‘destrucción creadora’. En Wall Street
esta ‘destrucción creadora’ hizo que la
desvalorización de las empresas que
cotizan en esa bolsa llega casi al 50%;
una empresa que antes cotizaba en bolsa
un capital de 100 millones, ¡ahora tiene
50 millones! Caída de la producción, de
los precios, de los salarios, del poder
de compra. ‘El sistema financiero en su
totalidad está a punto de estallar. Ya
tenemos más de $ 500 000 millones en
pérdidas bancarias, hay un billón más
que está por llegar. Más de una docena
de bancos están en bancarrota, y hay
cientos más esperando correr la misma
suerte. A estas alturas más de un billón
de dólares han sido transferidos desde
la FED al cartel bancario, pero un
billón y medio más será necesario para
mantener la liquidez de los bancos en
los próximos años’. Lo que estamos
viviendo es la fase inicial de una larga
depresión, y la palabra recesión, tan
utilizada recientemente, no captura en
todo su dramatismo lo que el futuro
depara para el capitalismo.
"La acción ordinaria
de Citicorp perdió el 90% de su valor en
2008. ¡La última semana de febrero
cotizaba en Wall Street a $ 1.95 por
acción!
"Este proceso no es
neutro pues favorecerá a los mayores y
mejor organizados oligopolios, que
desplazarán a sus rivales de los
mercados. La ‘selección darwiniana de
los más aptos’ despejará el camino para
nuevas fusiones y alianzas
empresariales, enviando a los más
débiles a la quiebra.
"Acelerado aumento
del desempleo. El número de desempleados
en el mundo (unos 190 millones en 2008)
podría incrementarse en 51 millones más
a lo largo de 2009. Los trabajadores
pobres (que ganan apenas dos euros
diarios) serán 1 400 millones, o sea el
45% de la población económicamente
activa del planeta. En Estados Unidos la
recesión ya destruyó 3,6 millones de
puestos de trabajo. La mitad durante los
últimos tres meses. En la UE, el número
de desempleados es de 17,5 millones, 1,6
millones más que hace un año. Para 2009,
se prevé la pérdida de 3,5 millones de
empleos. Varios Estados centroamericanos
así como México y Perú, por sus
estrechos lazos con la economía
estadounidense, serán fuertemente
golpeados por la crisis.
"Una crisis que
afecta a todos los sectores de la
economía: la banca, la industria, los
seguros, la construcción, etcétera y se
disemina por todo el conjunto del
sistema capitalista internacional.
"Decisiones que se
toman en los centros mundiales y que
afectan a las subsidiarias de la
periferia generando despidos masivos,
interrupciones en las cadenas de pagos,
caída en la demanda de insumos,
etcétera. EE.UU. ha decidido apoyar a
las Big Three (Chrysler, Ford,
General Motors) de Detroit, pero sólo
para que salven sus plantas en el país.
Francia y Suecia han anunciado que
condicionarán las ayudas a sus
industrias automotoras: sólo podrán
beneficiarse los centros ubicados en sus
respectivos países. La ministra francesa
de Economía, Christine Lagarde, declaró
que el proteccionismo podía ser ‘un mal
necesario en tiempos de crisis’. El
ministro español de Industria, Miguel
Sebastián, insta a ‘consumir productos
españoles.’ Barack Obama, agregamos
nosotros, promueve el ‘buy American!’.
"Otras fuentes de
propagación de la crisis en la periferia
son la caída en los precios de las
commodities que exportan los países
latinoamericanos y caribeños, con sus
secuelas recesivas y el aumento de la
desocupación.
"Drástica disminución
de las remesas de los emigrantes
latinoamericanos y caribeños a los
países desarrollados. (En algunos casos
las remesas son el más importante ítem
en el ingreso internacional de divisas,
por encima de las exportaciones).
"Retorno de los
emigrantes, deprimiendo aún más el
mercado de trabajo.
"Se conjuga con una
profunda crisis energética que exige
reemplazar al actual, basado en el uso
irracional y predatorio del combustible
fósil.
"Esta crisis coincide
con la creciente toma de conciencia de
los catastróficos alcances del cambio
climático.
"Agréguese la crisis
alimentaria, agudizada por la pretensión
del capitalismo de mantener un
irracional patrón de consumo que ha
llevado a reconvertir tierras aptas para
la producción de alimentos para ser
destinadas a la elaboración de
agrocombustibles.
"Obama reconoció que
no hemos tocado fondo todavía, y Michael
Klare, escribió en días pasados que ‘si
el actual desastre económico se
convierte en lo que el presidente Obama
ha denominado década perdida, el
resultado podría consistir en un paisaje
global lleno de convulsiones motivadas
por la economía.’
"En 1929 la
desocupación en EE.UU. llegó al 25%, al
paso que caían los precios agrícolas y
de las materias primas. Diez años
después, y pese a las radicales
políticas puestas en marcha por Franklin
D. Roosevelt (el New Deal), la
desocupación seguía siendo muy elevada
(17%) y la economía no lograba salir de
la depresión. Sólo la Segunda Guerra
Mundial puso fin a esa etapa. ¿Y ahora,
por qué habría de ser más breve? Si la
depresión de 1873-1896, como expliqué,
duró ¡23 años!
"Dados estos
antecedentes, ¿por qué ahora saldríamos
de la actual crisis en cuestión de
meses, como vaticinan algunos
publicistas y ‘gurúes’ de Wall Street.
"No se saldrá de esta
crisis con un par de reuniones del G-20,
o del G-7. Si una prueba hay de su
radical incapacidad para resolver la
crisis es la respuesta de las
principales bolsas de valores del mundo
luego de cada anuncio o cada sanción de
una ley aprobatoria de un nuevo rescate:
invariablemente la respuesta de ‘los
mercados’ es negativa.
"Según atestigua
George Soros ‘la economía real sufrirá
los efectos secundarios, que ahora están
cobrando brío. Puesto que en estas
circunstancias el consumidor
estadounidense ya no puede servir de
locomotora de la economía mundial, el
Gobierno estadounidense debe estimular
la demanda. Dado que nos enfrentamos a
los retos amenazadores del calentamiento
del planeta y de la dependencia
energética, el próximo Gobierno debería
dirigir cualquier plan de estímulo al
ahorro energético, al desarrollo de
fuentes de energía alternativas y a la
construcción de infraestructuras
ecológicas.
"Se abre un largo
período de tironeos y negociaciones para
definir de qué forma se saldrá de la
crisis, quiénes serán los beneficiados y
quiénes deberán pagar sus costos.
"Los acuerdos de
Bretton Woods, concebidos en el marco de
la fase keynesiana del capitalismo,
coincidieron con la estabilización de un
nuevo modelo de hegemonía burguesa que,
producto de las consecuencias de la
guerra y la lucha anti-fascista tenía
como nuevo e inesperado telón de fondo
el fortalecimiento de la gravitación de
los sindicatos obreros, los partidos de
izquierda y las capacidades reguladoras
e interventoras de los estados.
"Ya no está la URSS,
cuya sola presencia y la amenaza de la
extensión hacia Occidente de su ejemplo
inclinaba la balanza de la negociación a
favor de la izquierda, sectores
populares, sindicatos, etc.
"En la actualidad
China ocupa un papel incomparablemente
más importante en la economía mundial,
pero sin alcanzar una importancia
paralela en la política mundial. La URSS,
en cambio, pese a su debilidad económica
era una formidable potencia militar y
política. China es una potencia
económica, pero con escasa presencia
militar y política en los asuntos
mundiales, si bien está comenzando un
muy cauteloso y paulatino proceso de
reafirmación en la política mundial.
"China puede llegar a
jugar un papel positivo para la
estrategia de recomposición de los
países de la periferia. Beijing está
gradualmente reorientando sus enormes
energías nacionales hacia el mercado
interno. Por múltiples razones que
serían imposibles discutir aquí es un
país que necesita que su economía crezca
al 8 % anual, sea como respuesta a los
estímulos de los mercados mundiales o a
los que se originen en su inmenso —sólo
parcialmente explotado— mercado interno.
De confirmarse ese viraje es posible
predecir que China seguirá necesitando
muchos productos originarios de los
países del Tercer Mundo, como petróleo,
níquel, cobre, aluminio, acero, soja y
otras materias primas y alimentos.
"En la Gran Depresión
de los años 30, en cambio, la URSS tenía
una muy débil inserción en los mercados
mundiales. China es distinto: podrá
seguir jugando un papel muy importante
y, al igual que Rusia e India (aunque
éstas en menor medida) comprar en el
exterior las materias primas y alimentos
que necesite, a diferencia de lo que
ocurría con la URSS en los tiempos de la
Gran Depresión.
"En los 30s la
‘solución’ de la crisis se encontró en
el proteccionismo y la guerra mundial.
Hoy, el proteccionismo encontrará muchos
obstáculos debido a la interpenetración
de los grandes oligopolios nacionales en
los distintos espacios del capitalismo
mundial. La conformación de una
burguesía mundial, arraigada en
gigantescas empresas que, pese a su base
nacional, operan en un sinnúmero de
países, hace que la opción
proteccionista en el mundo desarrollado
sea de escasa efectividad en el comercio
Norte/Norte y las políticas tenderán —al
menos por ahora y no sin tensiones— a
respetar los parámetros establecidos por
la OMC. La carta proteccionista aparece
como mucho más probable cuando se la
aplique, como seguramente se hará, en
contra del Sur global. Una guerra
mundial motorizada por ‘burguesías
nacionales’ del mundo desarrollado
dispuestas a luchar entre sí por la
supremacía en los mercados es
prácticamente imposible porque tales
‘burguesías’ han sido desplazadas por el
ascenso y consolidación de una burguesía
imperial que periódicamente se reúne en
Davos y para la cual la opción de un
enfrentamiento militar constituye un
fenomenal despropósito. No quiere decir
que esa burguesía mundial no apoye, como
lo ha hecho hasta ahora con las
aventuras militares de Estados Unidos en
Irak y Afganistán, la realización de
numerosas operaciones militares en la
periferia del sistema, necesarias para
preservación de la rentabilidad del
complejo militar-industrial
norteamericano e, indirectamente, para
los grandes oligopolios de los demás
países.
"La situación actual
no es igual a la de los años treintas.
Lenin ‘el capitalismo no se cae si no
hay una fuerza social que lo haga caer’.
Esa fuerza social hoy no está presente
en las sociedades del capitalismo
metropolitano, incluido Estados Unidos.
"USA, UK, Alemania,
Francia y Japón dirimían en el terreno
militar su pugna por la hegemonía
imperial.
"Hoy, la hegemonía y
la dominación están claramente en manos
de USA. Es el único garante del sistema
capitalista a escala mundial. Si USA
cayera se produciría un efecto dominó
que provocaría el derrumbe de casi todos
los capitalismos metropolitanos, sin
mencionar las consecuencias en la
periferia del sistema. En caso de que
Washington se vea amenazado por una
insurgencia popular todos acudirán a
socorrerlo, porque es el sostén último
del sistema y el único que, en caso de
necesidad, puede socorrer a los demás.
"EE.UU. es un actor
irreemplazable y centro indiscutido del
sistema imperialista mundial: sólo él
dispone de más de 700 misiones y bases
militares en unos 120 países que
constituyen la reserva final del
sistema. Si las demás opciones fracasan,
la fuerza aparecerá en todo su
esplendor. Sólo EE.UU. puede desplegar
sus tropas y su arsenal de guerra para
mantener el orden a escala planetaria.
Es, como dijera Samuel Huntington, ‘el
sheriff solitario’.
"Este
‘apuntalamiento’ del centro imperialista
cuenta con la invalorable colaboración
de los demás socios imperiales, o con
sus competidores en el área económica e
inclusive con la mayoría de los países
del Tercer Mundo, que acumulan sus
reservas en dólares estadounidenses. Ni
China, Japón, Corea o Rusia, para hablar
de los mayores tenedores de dólares del
planeta, pueden liquidar su stock en esa
moneda porque sería una movida suicida.
Claro está, que ésta también es una
consideración que debe ser tomada con
mucha cautela.
"La conducta de los
mercados y de los ahorristas de todo el
mundo fortalece la posición
norteamericana: la crisis se profundiza,
los rescates demuestran ser
insuficientes, el Dow Jones de Wall
Street cae por debajo de la barrera
psicológica de los 7.000 puntos
—¡descendiendo por debajo de la marca
obtenida en 1997!— y pese a ello la
gente busca refugio en el dólar,
¡cayéndose las cotizaciones del euro y
el oro!
"Zbigniev Brzezinski
ha declarado: ‘estoy preocupado porque
vamos a tener millones y millones de
desocupados, mucha gente pasándola
realmente muy mal. Y esa situación
estará presente por un tiempo antes de
que las cosas eventualmente mejoren’.
"Estamos en presencia
de una crisis que es mucho más que una
crisis económica, o financiera.
"Se trata de una
crisis integral de un modelo
civilizatorio que es insostenible
económicamente; políticamente, sin
apelar cada vez más a la violencia en
contra de los pueblos; insustentable
también ecológicamente, dada la
destrucción, en algunos casos
irreversible, del medio ambiente; e
insostenible socialmente, porque degrada
la condición humana hasta límites
inimaginables y destruye la trama misma
de la vida social.
"La respuesta a esta
crisis, por lo tanto, no puede ser sólo
económica o financiera. Las clases
dominantes harán exactamente eso:
utilizar un vasto arsenal de recursos
públicos para socializar las pérdidas y
reflotar a los grandes oligopolios.
Encerrados en la defensa de sus
intereses más inmediatos carecen
siquiera de la visión para concebir una
estrategia más integral.
"La crisis no ha
tocado fondo", dice. "Nos
hallamos ante una crisis general
capitalista. Nunca alguna otra fue
mayor. La que tuvo lugar entre 1873 y
1896, duró 23 años, se llamó Larga
Depresión. La otra muy grave fue la
de1929. Duró igualmente no menos de 20
años. La actual crisis es integral,
civilizacional, multidimensional."
De inmediato añade:
"Es una crisis que trasciende con creces
lo financiero, lo bancario y afecta la
economía real en todos sus
departamentos".
Si alguien toma esta
síntesis y la lleva en el bolsillo, la
lee de vez en cuando o se la aprende de
memoria como una pequeña Biblia, estará
mejor informado de lo que ocurre en el
mundo que el 99% de la población, donde
el ciudadano vive asediado por cientos
de anuncios publicitarios y saturado con
miles de horas de noticias, novelas y
películas de ficción reales o falsas.
