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Gracias
Fidel, gracias Cuba
Oscar Sánchez Serra
oscar.ss@granma.cip.cu
Tyler MacNiven
voló el 7 de junio desde California a
las Bahamas y de allí a La Habana, su
condición de estadounidense le impide
hacerlo directo a la capital cubana,
incluso tampoco le está permitido llegar
hasta nosotros ni siquiera por un tercer
país. Se expone a una sanción según las
leyes de su gobierno. Sin embargo, un
sueño que estuvo a punto de realizar lo
convoca nuevamente a pasar por encima de
cualquier barrera.
Llegó
a Cuba el día 8 de junio, la misma fecha
en que nuestro diario reproducía las
Reflexiones del compañero Fidel
Respuesta ridícula a una derrota
(publicadas el domingo 7 de junio en el
diario Juventud Rebelde), en la que el
líder de la Revolución cubana
desenmascara otra de las sucias
maniobras del imperio, con argumentos
irrebatibles sobre una ridícula
historieta de espionaje cubano, justo,
como dice Fidel, cuando "se estaban
produciendo contactos entre los
gobiernos de Estados Unidos y Cuba sobre
asuntos importantes de interés común." O
¿curiosamente? "24 horas después de la
derrota sufrida por la diplomacia de
Estados Unidos en la Asamblea General de
la OEA".
A Tyler no lo
tomó por sorpresa la nueva Reflexión,
sigue cada una de ellas, se declara un
fiel y disciplinado lector. "día a día
busco en la Internet si hay alguna
nueva". Lo que sí lo impactó fue la
relación de uno de sus párrafos con el
objetivo de su regreso a Cuba. Y es que
"he vuelto siete años después para
cumplir con mi sueño, abrazar a Fidel,
pues sé que ese abrazo me permitirá
abrazar al mismísimo corazón de Cuba,
quiero hacer mi aporte a la amistad
entre nuestros dos pueblos", nos cuenta
visiblemente emocionado.
En la
Respuesta ridícula a una derrota,
Fidel expresa: "Las personas acusadas
son Walter Kendall Myers y su esposa
Gwendolyn Steingraber Myers. Se añade
que el primero trabajó como especialista
de asuntos europeos; que en 1995, hace
14 años, viajaron a Cuba, fecha en que
fueron recibidos por mí. Me he reunido
durante ese tiempo con miles de
norteamericanos por diversos motivos,
individualmente o en grupos, en
ocasiones con colectivos de varios
cientos de ellos, como los estudiantes
que viajaban a Cuba en el crucero
Proyecto Semestre en el Mar, por lo que
apenas podría recordar detalles de una
reunión con dos personas. Me doy cuenta
ahora por qué George W. Bush prohibió a
los estudiantes del crucero seguir
visitando Cuba; durante muchas horas
conversaban conmigo, a pesar de que
pertenecían a familias de clase media
alta".
"Yo fui uno de
los integrantes de ese proyecto en el
2002, nos reunimos con Fidel en el
Palacio de las Convenciones por más de
cuatro horas. Cuando terminó su
discurso, levanté mi mano y me dieron la
palabra, pude conversar con él. Quería
expresarle, y lo hice, mi gratitud al
pueblo cubano, a él. Aquella vez comimos
unos bocadillos en la Universidad de La
Habana y algunos nos enfermamos del
estómago. Recuerdo que me senté en un
sitio de La Habana para descansar y al
poco rato estaba desplomado en el suelo.
Me rodearon un grupo de cubanos y
amablemente me dieron ánimo, pero al ver
que seguía mal, me subieron a un auto
privado, con un hombre desconocido y
paré en el hospital más cercano.
"Fui atendido
por tres doctores altamente
especializados y poco después estaba
recuperado. Lo que le agradecí no fue
tanto la profesionalidad de los médicos
o la gratuidad de la atención, sino que
creo que me curé por las muestras de
cariño de este pueblo, que ha
conquistado por siempre mi corazón. Yo,
norteamericano, fui tratado como uno de
ustedes, como un cubano, fue
impresionante".
Cuenta que
sintió algo de pena o vergüenza, o tal
vez solo timidez, y no le pidió al
Comandante en Jefe en esa ocasión, el
abrazo que tanto ansía. Pero nos dice
que "ya al final de la velada en el
Palacio de las Convenciones, un gran
amigo mío, Dominic, expresó: ‘Señor
Presidente, ya que nos podemos preguntar
cualquier cosa, quisiera hacerle una
petición: ¿puedo abrazarlo?’."
La pregunta de
su amigo le recorrió todo el cuerpo,
y... "entonces Fidel le contestó a
Dominic, ‘sin cobrarte un centavo,
ven, yo te espero’." Mientras mi
compañero corría hacia el escenario me
iba hundiendo en mi asiento y, cuando
Fidel y él se fundieron en un abrazo,
bajo el aplauso de todos nosotros,
comprendí que había perdido una gran
oportunidad. Pero me sentí también muy
feliz por la humanidad de ese hombre,
abrazando a Dominic nos abrazaba a todos
y a mi país también".
Sentados junto a
Tyler, mi colega Alberto Núñez y yo no
dejábamos de admirar aquella narración.
Nos pidió que le ayudáramos a lograr su
sueño, le contestamos que lo que
podíamos hacer era contar su historia.
Nos regaló el video que reproduce aquel
encuentro con el Comandante en Jefe, y
reciprocamos el gesto entregándole las
236 Reflexiones de Fidel. Sus ojos
brillaron al saber que contaba con cada
uno de esos textos.
Fue entonces
cuando nos dijo que en los ya casi seis
días que lleva en nuestro país, siente
que además de su sueño de abrazar a
Fidel está viviendo otro muy singular,
"el calor humano, y también el de este
temprano verano, la sonrisa de cada
hombre, mujer o niño, la franqueza de
este pueblo, su música, su gente. Es
realmente algo maravilloso llegar desde
Estados Unidos y saberse bienvenido, y
más que eso, querido. Lamento que mi
español no sea lo suficientemente amplio
para poder beber más de esta realidad
que estoy viendo aquí. Recuerdo que
Fidel me dijo aquella vez en el Palacio
de las Convenciones, en tono jocoso, que
había que hacerle una crítica a los
doctores que me atendieron por no hablar
inglés; yo también me critico por no
saber más español, pero aprenderé mucho
más".
Y en la
despedida, después de saber que
recorrerá nuestro país, de Occidente a
Oriente, hasta el 8 de julio próximo,
Tyler nos expresó: "quiero decirles las
mismas palabras con las que terminé mi
diálogo con Fidel aquel día del 2002 en
el Palacio de las Convenciones. Dije
entonces ‘Gracias Fidel’ y hoy digo
‘Gracias Fidel, gracias Cuba’."
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